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De Festival en Festival...

Cuando la nueva generación de aficionados cuestiona la relevancia de los festivales flamencos, los eventos clásicos y otros nuevos siguen cumpliendo su función como punto de encuentro y escaparate.
30 de diciembre de 2017
Estela Zatania

Estela Zatania

Cincuenta y siete años entregada al flamenco, diecisiete con Deflamenco, y la gente me dice “pero hija, ¿no estás harta ya del flamenco?”.  Y cada vez me encuentro respondiendo “en absoluto”.  Más bien se me abre el apetito cada vez más, de la variedad de la oferta hoy en día.  El flamenco es el largo experimento de un montón de individuos que en dos siglos apenas han logrado dominar lo que tenían entre manos, de lo expansivo, camaleónico y voluble que es.   Hace tiempo que sacrifiqué el gran sueño americano por un puñao de aceitunas amargas y unos cantes enjundiosos.

Este año ha sido uno más de tantísimos…a la vez que diferente a todos, porque el flamenco tiene eso, la capacidad de la regeneración.  El Festival de Jerez ha seguido defendiendo su sobrevivencia con un bufé completo donde cada uno ha podido encontrar su “pureza”, fuera con el “Soniquetazo” de la magnífica pareja de Antonio Canales y Joaquín Grilo, la original y chisposa Melchora Ortega, Olga Pericet soltándose como nunca, Manuela Carpio “Al compás con su gente” con una soberbia Macanita y el guitarrista Manuel Valencia en su mejor momento, la brillante sutileza de Marco Flores, los buenos instintos flamencos de Pastora Galván, Farruquito defendiendo su línea y familia para enloquecer al personal o Antonio el Pipa volviendo a deleitar a sus fieles seguidores.  

Pero la palabra “festival” se aplica también a otros formatos, como los venerables festivales de verano, empezando por el Potaje Gitano de Utrera que este año fue Homenaje a Miguel Funi con un cartel para morirse y volver a nacer: esa Cañeta de Málaga, ese Capullo, ese Pedro el Granaíno…y el baile de Manuela Carrasco, por Diosss…  Poco después, Mayte Martín y Argentina cantaron en el Gazpacho de Morón de la Frontera, y en la Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla, el mayor protagonista ha sido el ausente maestro José Menese cuyo espíritu tiñó todo de una especial intensidad.  

Y un nuevo festival para Jerez del tipo estival aportó momentos absolutamente históricos.  El primer “Festival Flamenco Jerez Gran Reserva Honores a Moraíto” nos devolvió a la gran Remedios Amaya, guapa más que guapa, fuerte y recuperada.  Pansequito y Juan Villar, las mejores voces de una magnífica época todavía vigente.  Y un trío de jóvenes cantaores jerezanos, Manuel de la Nina, Enrique Remache y Rafael el Zambo demostraron que el cante clásico tiene vida para rato.  Pero sin lugar a dudas, el momento que más emocionó a los presentes fue el cante de Rancapino chico para la soleá de Manuela Carrasco, una experiencia nueva para el joven cantaor que al final ha sido la gran revelación de la temporada.

También tuve la inmensa suerte de haber podido asistir a las bodas de oro de la Fiesta de la Bulería, 50 años de arte honrados y recordados en tres días del mejor flamenco.  Con un cartel kilométrico, una niña adolescente nos sorprendió sobremanera.  María Terremoto, hija y nieta de cantaores grandes, fue nada menos que sensacional.  Da miedo como una tan joven ya parece saberlo casi todo de esto del flamenco, madre mía, qué tesoro de artista, y qué bien ha aprendido la lección.

Mi año flamenco terminó con dos grandes satisfacciones, y una tristeza todavía difícil de asimilar.  Por un lado, nunca olvidaré la reacción emocionada de la gente en Buenos Aires en el congreso Fiesta, Nación y Cultura, cuando les enseñé un vídeo de la Periñaca, y comprendí la grandeza de este singular patrimonio inmaterial, tan de la humanidad, incluso sin que lo hubiese dicho la UNESCO.  Por otro lado, haber podido reivindicar la figura del olvidado maestro Juan Maya “Marote” en su tierra de Granada, en la peña flamenca más antigua del mundo, La Platería.  Y llegó la tristeza, como siempre tiene que llegar en el flamenco, la terrible tristeza de la desaparición del tremendo cantaor, Manuel Moneo, que sentaba cátedra con su arte jondo de la Plazuela del mundo. 

Ahora nos seducen las posibilidades del año a punto de comenzar.  La Bienal de Sevilla organizándose, el Festival de Jerez, el de Nimes a la vuelta de la esquina, los tradicionales del verano, y no…todavía no me he hartado del flamenco…

 


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