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Noche Blanca del Flamenco de Córdoba

Sara Baras, Premios Nacionales de Córdoba, Homenaje a Paco de Lucía, Arcángel, José Mercé, Niña Pastori, Tomasito, María Toledo, Diego Carrasco...
23 de junio de 2014
Texto: Silvia Cruz Lapeña
Fotos & videos: Rafael Manjavacas

Una noche como excusa

Una excusa es  una forma de eludir lo obligatorio. En el caso de La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba pareció el pretexto para resarcir de una tacada a artistas, aficionados y visitantes. Pero es arduo organizar un evento como este; complicado adivinar qué quiere el público y difícil de explicar por qué hay que darle una noche especial a lo que debería ocupar muchas más lunas en esta tierra. 

Sara Baras & José Serrano

La noche empezó con Sara Baras y lleno absoluto en unas Plaza de las Tendillas donde no cabía ni un hilo de voz. Con eso cantó Arcángel en su recital con el coro de voces búlgaras, un show titulado “Estruna” que la gente recibió con amor y comprensión aceptando las excusas del onubense porque su ‘quejío’ de oro esa noche fue de bronce. Aún así fue de lo mejor, de lo más comprensible, porque no lo fue tanto que el público no se contagiara más y mejor de la energía turbadora de Tomasito, ni que Diego Carrasco pareciera un asistente más subido al escenario. A pesar de su guasa y su arte, no lució como sabe su “Hippytano”, y sus ausencias en el escenario provocaron algunas quejas entre el público que lo acabaron perdonando porque un estribillo suyo bastaría para sanarnos. 

José Mercé - Noche Blanca

Hubo algunos fallos organizativos, como que los espectáculos de José Mercé y Niña Pastori se ofrecieran a la misma hora o que en los interludios entre conciertos, en las plazuelas o en los chiringuitos no sonara flamenco, sino cualquier otra cosa, no siempre buena. La organización se dio cuenta rápido de que se habían sobrepasado las estimaciones de visitantes y la judería y el centro de la ciudad se convirtieron en un hervidero de gente que no siempre tenía hueco en el concierto que, de haber podido, hubieran elegido. Ofrecer música o baile en directo y tener que verlo en una pantalla es un mal sucedáneo para un aficionado al flamenco.

Pero había vida, música, encuentro y color de verano. Y Córdoba se convirtió en el punto confluente de amigos, artistas, aficionados y residentes que se esforzaron de diversos modos por recordar a los maestros desaparecidos. En los patios y las calles del Alcázar Viejo los patios cordobeses trajeron a la vida a Paco de Lucía con velas y conciertos y Diego Carrasco invocó, como no, a Moraíto. 

Y tras ocho horas de actividad intensa y excusas para estimularlo, la ciudad se despertó y el flamenco ya no estaba allí. 

Niña Pastori - Noche Blanca del Flamenco

Nota: La coincidencia en horarios y la dificultad de acceso a los diferentes escenarios debido a la gran afluencia de público hizo imposible que pudieramos acudir a todos los conciertos que nos hubiera gustado.

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