Hay días que los nervios te superan minutos antes de ir al concierto, así que llegas agitado a ese templo de las emociones que llamamos flamenco. Se abre el telón y te encuentras a un guitarrista más nervioso que tú, a mí eso me relaja.
Manolo Franco está considerado uno de los grandes de la guitarra desde que en 1984 fuera reconocido en la Bienal de Sevilla con el primer giraldillo del toque. Desde entonces nos han llovido guitarristas de toda clase y condición incluido un profesional de la cosa de escribir (y aficionado a tocar la guitarra en casa) que una tarde nos soltó que a él “todos los guitarristas de ahora me suenan igual”. No hay nadie libre de soltar una bobada, en el bar o desde una tribuna. Un resbalón lo tiene cualquiera.
Manolo Franco además de concertista de la guitarra ha destacado por su labor pedagógica así que se le notaban los nervios por presentarse en Madrid como figura, con el añadido de que siempre te puedes encontrar entre los presentes a un alumno que te supera en técnica, en ambición o en redes sociales. A mí lo que me cuentan tocaores y guitarreros es que cuando llegas a un piano y pulsas una tecla aparece una nota nítida y sin complejos. En la guitarra esa misma nota la tienes que sacar gracias a una ecuación en la que intervienen uña y carne, a lo que luego tendrá que sumarse lo que va por debajo de la piel, lo que conocemos como el alma del artista.
La primera pieza, era una farruca de su último disco que -según nos contó- había pretendido que fuera clásica sin añadidos, fusiones o malformaciones. Sin embargo, en la sucesión de falsetas encontramos muestras de casi todos los saberes musicales acumulados por clásicos y flamencos. A Manolo Franco la guitarra le suena a gloria, aunque mi vecino del lao le hubiera puesto más graves. Ya saben, aquí la unanimidad no existe, solo matices.
Los que buscan la belleza, en Manolo Franco tienen un manantial. Eso es lo que me provocó la conclusión de la farruca de los nervios, un remate, un chimpún, una frase afortunada que te arranca un ole que lo resume todo.
El virtuosismo de los guitarristas de hoy esconde una competencia feroz entre centenares de tocaores que viven en la excelencia, así que comprobamos, de nuevo, que tocar lento es lo que nos lleva al éxtasis. En esto, también hay división de opiniones. Por un lado los que necesitan drogas para caminar por el lado sublime de la música y los que gracias a la música se van quitando de las drogas.
Llegó Ángeles Toledano y se sentó junto a Manolo Franco para entonarse y cantar por el lado clásico de la vida. Es decir por el lado del respeto y el saber estar en situación sin esa sucesión de deliciosos “disparates” que nos ha regalado con su disco “Sangre sucia”. Remató con unos fandangos que apuntaban la posibilidad de que algún día puedan contar algo más de la vida de ahora. Supongo que es un anhelo personal, lo que quiere uno que le canten y con qué quiere uno que le sorprendan. Por ahí, por ese lado, apareció David el Galli con el compás de Emilio Castañeda para calentarle el alma a los aficionados que necesitan eso, el cante como invitación a un arrebato posible y ahí reapareció en Madrid Javier Barón, al que yo no veía en décadas.
Mi mejor recuerdo de Javier Barón es en diferido, me lo contó Sagrario Luna el siglo pasado. Fue después de un concierto en un garito de la calle Atocha, el dj pinchó un rock and roll clásico (probablemente de Little Richard) que Barón bailó como si fuera el más grande de los flamencos de la historia. Treinta años después sigo soñando con eso que viví con los ojos prestados. Javier Barón saltó al escenario repartiendo alegría. Bailando un paseo de esos que si vas por la calle te hacen volver la mirada y el destino.
Había pasado hora y media y no quedaba ni rastro de la angustia con la que entré en los teatros del Canal. El flamenco puede ser terapéutico, eso merecía compartir un vino con los amigos.
III FESTIVAL DE LA GUITARRA (a Niño Ricardo). Madrid Teatros del Canal.
GALA II – 24 de abril
MANOLO FRANCO. Guitarrista de Sevilla
ÁNGELES TOLEDANO. Cantaora de Jaén
JAVIER BARÓN. Bailaor de Sevilla
David el Galli (cante) y Emilio Castañeda (compás)
Fotografías por Paco Manzano






Vídeo – Teatros del Canal
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