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Rafaela Carrasco convierte a Lola Flores en todas las mujeres

XXI Festival de Jerez.
Rafaela Carrasco "Lola" con Silvia Pérez Cruz & Carmen Linares.
Bodegas Los Gigantes de González Byas
5 de marzo de 2017
Silvia Cruz Lapeña

 

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La lluvia impidió seguir el guión de un espectáculo participativo que debía empezar con una ruta por la Bodega González Byass, pero las tres magas que se reunieron para recordar a Lola Flores en el Festival de Jerez hicieron posible que se olvidara la humedad en los pies, lo gris del día.

Al frente, Rafaela Carrasco, que arrancó danzando al compás del contrabajo de Josemi Garzón y las palmas de Roberto Jaén y Carmen Linares, mientras Sílvia Pérez Cruz gozaba de su baile de zíngara antes de arrancarse a cantar “Pena, penita, pena” con una dulzura y una afinación que La Faraona apenas aplicó en su vida sobre las tablas. Aunque en honor a la verdad, ni falta le hacía.

Lola fue y es todas las mujeres. Fue la artista, la madre, la madre, la jeta, la lista, la que se hizo la tonta, la buena, la mala, la adelantada. Por eso Carrasco, que ya en la rueda de prensa planteó su homenaje como un “brindis”, se rodeó de  Pérez Cruz y Carmen Linares, mujeres distintas entre sí en edad, bagaje, estilo, voces y  flamencura. Y le bailó La Zarzamora cantada por Carmen, que cantó con ese poder suyo imposible de medir, y al piano de Pablo Suárez vestida con bata de cola de cintura para abajo y con camiseta de cintura para arriba, doblando su personaje, doblando a Lola, que era muchas y era todas. 

Luego las tres, con un atrás masculino y entregado, invocaron “Limosna de amores” y se oyeron en la bodega palabras de Lola Flores grabadas, palabras en las que apenas nunca hubo un gramo de modestia. ¿Para qué? Lola recitando, Lola describiéndose, mientras Rafaela le bailaba de rojo cerrando el acto. “Soy Santa Teresa de Jesús”, se oyó también en la sala  Sí, Santa Teresa, dijo Lola un dia cuando Hacienda le miró el bolsillo. Esa fue Lola. Esa es aún. Porque ella es todas.