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Paco del Pozo: "Me han hecho dudar de mi talento, pero he resistido y hoy me encuentro mejor que nunca"

El cantaor presenta "En este momento", su último disco, en el marco del festival Flamenco Madrid 2017.
17 de mayo de 2017
Silvia Cruz Lapeña
Foto: Paco Manzano

 

Paco del Pozo atiende al teléfono mientras se prepara para viajar a Luxemburgo donde presentará “Una copla por recuerdo”, el espectáculo con el que derritió ternillas en la Suma Flamenca de 2015. Un pequeño lujo que se permitió un hombre para quien es natural cantar otros géneros. También lo hace en En este momento, su último disco, donde se atreve con un tango de Astor Piazzolla, “Oblivion”, con la guitarra de José María Gallardo del Rey, las palmas de Tomasito y letra de su añorado Félix Grande. “El título del disco va por él, porque me insistió en que grabara, en que captara el presente de mi voz y no lo hice. No pasa nada, lo hago ahora que siento que es mi momento”.

Y vaya si lo es. El disco arranca con “Los pajaritos”, unas bulerías bellísimas con las que se tropezó gracias a la ayuda de Carlos Martín Ballester. Con él buscó entre los discos de pizarra hasta que encontró el corte con el que abriría el disco: unas bulerías de Antonio El Sevillano que cantaron otros como Naranjito de Triana. “Duran un minuto pero lo convertimos en cuatro repitiendo falsetas y letra. En cuanto las escuché supe que eran para mí”. 

La guitarra de ese corte es la de Manolo Franco, pero no es el único tocaor de altura que aparece en el trabajo. Como productor y guitarrista principal está Paco Vidal, que le da a la voz del cantaor una luz muy especial. “Lo de los guitarristas va por épocas. Yo fui muchos años con Jerónimo Maya, luego con Antonio Carrión, que era un estilo opuesto. Ahora es Paquito, que me gusta mucho y sobre todo, me saca la dulzura”.

Una voz crecida

De esa melosidad hay en el disco a raudales. Por ejemplo, en palos tan dispares como la guajira o la petenera. También en las soleares de Triana. Del Pozo, que se le nota la sensibilidad en cuanto abre la boca, se expresa sin adornos y de forma clara, pero hay algo en la elección de las palabras que lo delata: un quiebro, algo que le impide ocultar sus sentimientos. También se le ve en la voz, que le ha cambiado: “He ganado tesituras, por eso ahora puedo hacer cosas de Marchena que, en principio por mi voz, no podría”. Asegura que se lo debe a su faceta de docente, que le obliga a analizar los cantes al milímetro para explicárselos a sus alumnos. “Bueno, más bien alumnas, porque son un 80% las que se apuntan al Conservatorio Profesional de Madrid donde doy clase”. 

Eso le fuerza a adaptarse a los registros femeninos y es la causa de que también haya ganado velocidad. Se puede comprobar en el homenaje que hace en el disco a la ópera flamenca. Sin tener la voz laína ni tan fina como Palanca canta sus fandangos sin que le tiemble la voz y escuchando la afinación que se gasta, hay que hacerle caso cuando dice que en sus clases es profesor, pero también alumno.

La sensación general es de estirón, como si el que canta hubiera pasado una mala racha y hubiera salido, de garganta, de ánimo y de actitud, muy crecido. “Es curioso que se note, pero así es. He tenido malos momentos de rabia porque he visto que se me cerraban puertas, pero aquí estoy”. Quizás sea por eso, pero a lo que suena el disco, más que a furia, es a ser humano fortalecido.

La ilusión, intacta

Paco del Pozo fue padre hace poco y asegura que su hija fue otro acicate para grabar este disco que se ha producido él mismo. “Se interesaron dos multinacionales, pero como siempre, no querían apostar nada. Lo quieren todo a tiro hecho. Así que decidí hacérmelo yo”. Sobre esa decisión no tiene queja: “Lo grabamos en el estudio de José Luís Garrido y ha sido un gustazo. Hemos tenido los mismos medios que tuvo Camarón de la Isla. ¡Y hasta el mismo micrófono con membrana de oro y todo!”

“Yo no quiero galas, yo no quiero honores…”, dice la letra de las bulerías con las que arranca En este momento, y Paco del Pozo dice estar en la misma línea. “Sólo quiero un poquito de reconocimiento, un poco de cariño y que la gente vea que no soy el artista que vieron un día en un concierto. Quiero que el público compruebe cómo he evolucionado”. El cambio es evidente, por eso dice que de aquel crío que empezó recibiendo clases de Paco de Antequera en la Casa de Andalucía de Alcobendas ya sólo queda la ilusión. Que no es poco. 

 

Veinte años de la Lámpara Minera

“Debuté con ocho años y con diez grabé un disco”, cuenta y da las gracias a sus padres, pues ahora se da cuenta de que tuvieron que tomar decisiones importantes sin saber nada de este mundillo. De aquel primer álbum cuenta una anécdota sorprendente: que su padre le vendió 30.000 cassettes a un vendedor ambulante de Barcelona. “El mismo Miguel Poveda me contó un día que él tenía uno y que llamaba a la radio para pedir mis cantes. Es un orgullo y un detalle muy bonito por su parte”. 

Paco del Pozo presenta En este momento al público el 20 de mayo en el Teatro Fernán Gómez, en el marco del festival Flamenco Madrid. Lo hace “con ilusión y responsabilidad” aunque asegura no siente que se juegue nada. “No me interesa el flamenco para dar un pelotazo, ni pienso mis proyectos bajo parámetros meramente comerciales. Lo que hago, lo hago de corazón, como lo siento. En esta ocasión, vengo a mostrar mi bagaje y una propuesta sincera. Vengo seguro”. 

Del Pozo saca este disco el mismo año que se cumplen veinte de su Lámpara Minera: “El Festival de Cante de las Minas me colocó en el circuito, pero no saqué nada más”, dice más divertido que enfadado y asegura que en estas dos décadas no le han invitado a La Unión ni una sola vez. No le preocupa porque a pesar de desprecios como ése ha salido adelante. “He vivido algunas experiencias que me han hecho dudar de mi talento, pero he resistido y hoy me encuentro mejor que nunca”

Si no le creen, vayan a escucharlo. O compren el disco: sólo con el primer cante verán el salto, firme y vertiginoso, que ha dado Paco del Pozo.

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Paco del Pozo