Con un homenaje a Manuel Alejandro como novedad, el cantaor jerezano volvía al On Fire con las entradas del Auditorio Baluarte agotadas y un repertorio de éxitos que causó furor entre la afición navarra
Para quienes no lo sepan un medley es una combinación de canciones que se unen de forma seguida y armónica para formar una sola interpretación larga. El término, como aclaraba el mismo José Mercé a un abarrotado Auditorio Baluarte en la segunda jornada del On Fire en Pamplona, es habitual en los artistas de otros géneros musicales que resuelven así el interés de su público por volver a escuchar sus grandes éxitos.
La fórmula es completamente inusual en el terreno jondo donde apenas hay cantaores con un repertorio propio tan conocido como para que los espectadores lo recuerden y aclamen, como le ocurre al jerezano, al que desde el patio de butacas se le pedía a gritos sus temas Aire o Al Alba. Recordemos que sus álbumes Del Amanecer (1998) y Aire (2000), que incluían también otros hits coreados en este On Fire como La vida sale, Primavera o Del amanecer, alcanzaron en esos años los más de 600 mil ejemplares vendidos en un fenómeno sin precedentes que lo encumbró entonces como la figura más mediática del cante flamenco y lo sigue manteniendo hoy como una de las más cotizadas.
Conocedor de su papel de cantaor para audiencias generalistas, Mercé se mueve cómodo en el terreno de las estrellas, despreocupado ya de si convence o no a la afición más ortodoxa, a la que decepcionó por última vez en 2016 con el fallido intento de grabar una antología en la clausura de la Bienal de Flamenco de Sevilla, a la que volverá en esta edición.
Abandonada esta ambición, el intérprete entusiasma a quienes valoran su gitanísimo eco, su voz limpia y clara, que mantiene intacta, la cercanía que practica en escena y su despliegue de jerezanía. “Me encanta la gente del Norte porque sois amantes de la música; siempre que vengo por aquí lo digo: sois mis preferidos”, sentenció metiéndose en el bolsillo a un público que vitoreó cada intento suyo de pataíta.
La excusa del recital, que era la de homenajear a Manuel Alejandro, el gran letrista de nuestro tiempo, quedó diluida en esta nebulosa del Mercé mainstream. De hecho, del compositor de su tierra abordó si acaso media docena de canciones (En carne viva, Yo soy aquel, Soy rebelde, Te estoy queriendo tanto, Procuro olvidarte, Se nos rompió el amor…) que sonaron exactamente igual que ese popurrí del que hablaba al principio.
Esto es, más allá de poner su sello o buscar un enfoque distinto a cada una de estas míticas canciones, tan incorporadas en nuestra memoria emocional en voces como las de Raphael, Jeanette o Rocío Jurado, Mercé recurrió al recurso facilón de meter compás de rumbas, bulerías o tangos a todas las letras reproduciendo arreglos facilones y planos y estribillos a coros que embadurnaron por completo la carga intensa y simbólica de estas apasionadas composiciones.
Fotografías – Susana Girón / Flamenco on Fire
Descubre más desde Revista DeFlamenco.com
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

























Debe estar conectado para enviar un comentario.