Corazones dando alas: de esto va la vida. Y el flamenco. De tratar de serlo, de agradecer a quienes lo son. Con esa expresión describía Sandra Carrasco en su recital lo que le permite hacer el equipo que trabaja con ella, y también el flamenco. Qué admirables y nobles principios, en un momento en el que algunos parecen querer superarlos.
La jornada del domingo, última de la 36 edición del Festival de Flamenco de Nimes, arrancó temprano: en Francia los domingos los teatros cierran antes para que su personal pueda descansar. Así que la primera cita del día, el Recordando a Marchena de Sandra Carrasco (Huelva, 1981) y David de Arahal (Sevilla, 2000), tuvo lugar a las 15h en la sala L’Odeon.
Es esta una obra con mucho recorrido ya sobre los escenarios. Se estrenó en 2021, y desde entonces ha podido ser vista en los escenarios tanto dentro de programaciones anuales como de festivales. Incluso, alrededor de un dos años después de su estreno, fue grabado en directo y se publicó en formato disco libro a principios de 2024. Así que a Nimes llegaba ya con muchísimo rodaje.
Con un público respetuoso y en profundo silencio, Sandra y David, David y Sandra (con ese envoltorio de calidad rítmica que siempre aportan Los Melli de Huelva y qué bellas sus polifonías cómplices con la cantaora) elevaron el espacio y transformaron el lugar con su arte. Lo suyo fue de una delicadeza, ternura y sensibilidad difíciles de describir. Con un cante transmitido desde el susurro, Carrasco llenó el espacio como pocas veces se tiene ocasión de disfrutar. La suya es una voz que primero te hiere como un puñal para después envolverte y abrazarte con toda la honestidad y calidez de la que alguien es capaz. Con afinación y sentido rítmico, lo suyo va siempre más allá: su emoción es de una profundidad difíciles de describir: preciosismo, sabor, elegancia…
La Carrasco ha encontrado en David de Arahal la horma de su zapato. Qué manera de elevar el sonido, de detener el tiempo, de disfrutar cada sonido, de generar la atmósfera de intimidad que permite a esa comunidad de doscientas cincuenta almas presentes elevarse y levitar. El de Arahal, con su toque, desmenuza las notas, las saborea, las suspende. Su toque es increíblemente rico, fresco y variado, pero la sensación que deja escucharle trasciende toda valoración técnica. Se siente como si, con todo el amor del que es posible la humanidad tomase la partitura para dejar encima de la mesa cada nota, cada silencio y cada compás, con la misma delicadeza, las fuese recomponiendo desde ese alma colectiva de la que nacen las emociones para volver a ofrecérselas al público otra vez.
El repertorio que abordaron es el habitual, su re-creación de grandes creaciones de Pepe Marchena, aunque la experiencia es nueva cada vez: La Tarara, La luna tiene cerco (bulería) -que se paseó por Los cuatro muleros-, Milonga del melón sabroso, Al pie de tu celosía (malagueña), Llamarme por soleá, Fueron a la campiña (taranta), Utrera tiene una fuente (polo), Entre mis manos (fandangos) y un bis de cierre también por fandangos.
“Gracias al flamenco que nos permite estudiarnos y ser mejores personas” arrancó a decir Carrasco cuando mediaba su recital, para después agradecer también estar vivos y quien dijo sentirse ir a contracorriente en un mundo en el que prima la inmediatez y el egoísmo.
Sala Odéon – Sandra Carrasco & David de Arahal – Recordando a Marchena– Fotos Sandy Korzekwa









De encuentros que ayudan a cristalizar el arte
Justamente la necesidad de esa buena energía, admitía Rafael Estévez en privado al finalizar la actuación de La confluencia, fue el origen de esta obra que cerró el festival. Por haber sido creada durante la pandemia (aquella que nos encerró en 2020, precisamente al cierre de un Festival de flamenco de Nimes en el que también estuvieron presentes), quisieron apelar a la alegría y la energía positiva.
Antes del arranque del último espectáculo de este festival a las seis de la tarde en el teatro principal de la ciudad, la directora de la cita (y del teatro) quiso dar las gracias a todos los que han contribuido que ocurra. Incluso llegó a pedir un auto-aplauso al propio público, por haber provocado llenos en todas las presentaciones. Lo único que se le olvidó mencionar fue quienes han contribuido a que el Festival de Nimes tenga, 36 ediciones después, el papel que tiene hoy, que es, con certeza, uno de los motores de esos llenos de 2026. Este festival tiene un triple papel y conviene no olvidarlo: está inserto en una programación anual local a la vez que forma parte de un circuito nacional de flamenco y otro internacional.
El público también recibió a Estévez / Paños y su compañía con un lleno absoluto. Era la primera vez que presentaban al público local esta obra estrenada en 2021 después de formar parte del ciclo de creación Canal Baila de los Teatros del Canal de Madrid.
Esta, como todas las obras de esta compañía que combina la creación con la investigación histórica en flamenco y danza española para traerla al presente, destaca por la calidad técnica, no sólo en lo referente a la danza, también hay un trabajo musical destacable que sostiene el conjunto -desarrollado en escena por el cante de Francisco Blanco y la guitarra de Claudio Villanueva-. En escena se superponen los planos que, aunque confluyen en una escena principal, imprimen ritmo y dinamismo.
Anoche, además del elevado nivel general, destacó la frescura y calidez de una voz poco conocida, la de Francisco Blanco -que está sustituyendo en algunas funciones al cantaor titular, Rafael Jiménez, Falo. Su cante tiene emoción, su voz es melaza y profundidad sin perder el compás. Tiene Blanco un sutil rizo en la voz que le hace evocar ecos antiguos y en La confluencia hace un trabajo excelente y muy presente: la hora y media de baile se sustenta sobre el trabajo musical con protagonismo del cante.
Bailaron Estévez, Valeriano Paños, Alberto Sellés, Jesús Perona y Jorge Morera mucho y bien: hay destreza técnica y plasticidad, ritmo y precisión y una gran intensidad emocional durante la hora y media de espectáculo. Los cuerpos están en el centro desde la picajosa y lasciva zarabanda hasta el Romance del conde de Osuna pasando por la gestualidad de Vicente Escudero y tantas otras referencias. Los cinco despliegan un muestrario versátil de esa amplia confluencia de culturas que, gracias a su encuentro y su diálogo, cristalizaron en ese arte que amamos que es puro justamente por no serlo y nacer de la amalgama más absoluta.
Tras el brillante cierre de Estévez, Paños y su compañía, aún tuvo lugar un último acto, pero esta vez, a puerta cerrada: la despedida de quien ha sido la jefa de producción del teatro de Nimes los últimos quince años: Elsa Ossart, que en las circunstancias actuales ha decidido buscar nuevos horizontes profesionales. Seguro que pronto encontrará el lugar en el que se aproveche en plenitud su máxima profesionalidad y atención al detalle, con un trato humano y personal excepcional que le hace brillar. Desde estas líneas, vaya también nuestro agradecimiento a su trabajo todos estos años.
Salle Bernadette Lafont – Estévez / Paños y Cía – La Confluencia– Fotos Sandy Korzekwa
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