El flamenco despide a uno de sus guitarristas imprescindibles. José Antonio Carmona Carmona, Pepe Habichuela, falleció en la tarde del 4 de agosto en Madrid a los 82 años, dejando tras de sí una de las trayectorias más influyentes de la guitarra flamenca de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Maestro del acompañamiento, creador de un lenguaje propio y heredero de una de las grandes dinastías gitanas del Sacromonte granadino, su figura representa el difícil equilibrio entre el respeto a la tradición y la necesidad de hacerla evolucionar.
Nacido en Granada en 1944, Pepe pertenecía a una familia cuya historia es inseparable de la del flamenco. Nieto de Habichuela el Viejo, hijo del guitarrista José Carmona y hermano de Juan Habichuela, creció rodeado de un ambiente donde el toque era una forma natural de expresión. Aquella escuela familiar le proporcionó una base sólida que muy pronto comenzó a enriquecer con una personalidad artística propia.
Su llegada a Madrid, a mediados de los años sesenta, marcaría el comienzo de una carrera excepcional. Los tablaos de la capital fueron el escenario donde se consolidó como uno de los guitarristas más solicitados para el acompañamiento al cante. Su capacidad para escuchar, sostener y dialogar con el cantaor convirtió su guitarra en una referencia para artistas como Fosforito, Juanito Valderrama, Pansequito, Carmen Linares o Camarón de la Isla, entre muchos otros.
Si existe un nombre inseparable del suyo es el de Enrique Morente. La relación artística entre ambos dio lugar a algunas de las grabaciones más determinantes del flamenco contemporáneo. Discos como Homenaje a Don Antonio Chacón o Despegando forman parte de una etapa decisiva en la renovación del género, en la que la creatividad encontró siempre apoyo en un conocimiento profundo de los estilos tradicionales.
Aunque fue un acompañante excepcional, Pepe Habichuela desarrolló también una importante carrera como solista. Trabajos como A Mandeli, Habichuela en rama o Yerbagüena muestran su permanente inquietud artística. Especialmente este último, fruto del encuentro con músicos de la India, abrió nuevas posibilidades de diálogo entre el flamenco y otras músicas sin perder nunca la esencia de su toque. Esa apertura le llevó también a colaborar con figuras del jazz internacional, demostrando que la guitarra flamenca podía conversar con otros lenguajes desde la autenticidad.
Pepe Habichuela nunca entendió la tradición como un lugar inmóvil. Su revolución fue discreta, construida desde el conocimiento profundo del compás, el sonido y el acompañamiento. Su toque mantuvo siempre el pulso del flamenco más ortodoxo mientras incorporaba nuevas ideas que hoy forman parte del vocabulario habitual de la guitarra. Buena parte de los guitarristas de las generaciones posteriores reconocen en él una influencia decisiva.
Su legado también continúa dentro de su propia familia. Padre de Josemi Carmona y referente de la saga que dio origen a Ketama, supo tender un puente entre la escuela clásica del toque y las nuevas formas de entender el flamenco, contribuyendo de manera decisiva a su evolución durante las últimas décadas.
Los reconocimientos institucionales llegaron como consecuencia natural de una trayectoria ejemplar. Entre ellos figuran la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, concedida este mismo año. Distinciones que certifican una aportación artística cuya verdadera dimensión se encuentra en la profunda huella que deja en la guitarra flamenca.
Para quienes tuvimos la fortuna de verle sobre un escenario, Pepe Habichuela transmitía una serenidad poco frecuente. No necesitaba exhibiciones técnicas para emocionar. Bastaban unas pocas notas para reconocer un sonido inconfundible, siempre al servicio del cante, siempre atento al compás y siempre comprometido con la verdad del flamenco.
Uno de los últimos grandes homenajes que recibió en vida fue la publicación de Pepe Habichuela. Now or Never, la extensa biografía escrita por José Manuel Gamboa junto al propio guitarrista, su esposa Amparo Bengala y su hijo Josemi Carmona. Presentada este año en Madrid, la obra trasciende el formato biográfico para convertirse en un auténtico testimonio de la memoria del flamenco. A lo largo de más de seiscientas páginas, Gamboa reconstruye con rigor y cercanía el itinerario vital y artístico del maestro granadino: desde las cuevas del Sacromonte y los tablaos madrileños hasta su decisiva aportación a la evolución de la guitarra flamenca, sin olvidar el papel fundamental de su familia y de quienes compartieron con él un camino de más de seis décadas dedicadas al arte. El propio título, Now or Never, recoge una expresión muy ligada a Pepe Habichuela y resume el espíritu de un músico que nunca dejó de mirar hacia delante, incluso cuando su legado ya estaba plenamente consolidado.
Las fotografías que acompañan este recuerdo, realizadas por Paco Manzano a lo largo de distintas etapas de su carrera, muestran precisamente esa forma de entender el oficio: la naturalidad con la guitarra entre las manos, la mirada serena de quien sabía escuchar antes de tocar y la elegancia de un artista que hizo de la sencillez una de las mayores virtudes de su arte.
Con la marcha de Pepe Habichuela desaparece uno de los grandes arquitectos del toque contemporáneo. Su guitarra deja de sonar, pero permanece viva en las grabaciones que marcaron una época, en la memoria de quienes compartieron escenario con él y en cada guitarrista que sigue encontrando en su manera de tocar un ejemplo de equilibrio entre tradición, creatividad y autenticidad. Porque hay artistas cuya obra trasciende su tiempo. Pepe Habichuela es, desde hoy, uno de ellos.
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