Jesús Carmona (Barcelona, 1985) vuelve. El bailaor y coreógrafo barcelonés estrena este jueves 27 de febrero Tentativo (basado en paisajes reales) en el Centro Danza Matadero de Madrid, donde podrá verse hasta el 8 de marzo. En medio, lo mostrará, también, en el Festival de Jerez. El espectáculo, coproducido con el propio Centro Danza Matadero, con dirección escénica de Luis Luque y musical de Manu Masaedo, supone su primera creación propia tras uno de los episodios más oscuros y desconcertantes de su carrera: su sorprendente marcha, en diciembre de 2024, de la dirección artística del Ballet Español de la Comunidad de Madrid. Carmona había sido designado para ese cargo por Isabel Díaz Ayuso en octubre de 2023 y se fue apenas un año después, sin dar muchas explicaciones, solo dos meses después de un estreno con lleno absoluto en los Teatros del Canal. Ahora, el contexto de aquella salida se ilumina con nueva luz: según informa El País, Antonio Castillo Algarra, el dramaturgo ultraconservador que ejercía como codirector artístico de la institución, ha dimitido también de la institución -el ballet- que él mismo impulsó como asesor en la sombra (no ejercía cargo público) de la presidenta madrileña. Dicen las fuentes de este diario que no se movía un folio sin el conocimiento de Algarra, y que le hizo la vida imposible a Carmona, entrando a decidir sobre cuestiones tan de detalle como las escenografías.
De momento, Carmona sigue sin querer entrar en detalles, pero admite que fue una decisión muy dura y que 2025 fue un año de recomposición a todos los niveles: «profesional, económico y emocional». Y apunta: «Cuando el corazón y el cuerpo te dictan algo, hay que escuchar.» Lo que sí deja claro es que de ese período de turbulencia nació la necesidad que da forma a este nuevo espectáculo: volver al Jesús Carmona que era antes. «Tenía la necesidad de volver a conectar con el coreógrafo que miraba más hacia un lugar externo que hacia un lugar interno, de pasármelo bien, de reírme en el montaje».
El autor de Tentativo es uno de los coreógrafos y bailaores de flamenco más reconocidos de su generación. Licenciado en Danza Española y Flamenco por el Instituto del Teatro y Danza de Barcelona, se formó con figuras como Antonio Canales, Eva Yerbabuena o Güito antes de incorporarse en 2006 al Ballet Nacional de España, donde alcanzó la categoría de primer bailarín. Dejó la compañía para fundar la suya propia, con la que ha creado una decena de espectáculos, entre ellos Baile de bestias, que le valió dos Premios Max -Mejor Espectáculo y Mejor Intérprete- y el más reciente Super-viviente, cuya gira alternó, precisamente, con su trabajo al frente del Ballet Español de la Comunidad de Madrid. Su palmarés incluye el Premio Nacional de Danza 2020, el Premio Benois de la Danse 2021 y la Medalla de Plata de la Comunidad de Madrid, entre otros. Atiende a Deflamenco por teléfono tan sólo unos días antes del estreno, con los nervios y la ilusión de ver en escena un nuevo trabajo terminado.
¿Qué es Tentativo y de dónde surge la necesidad de hacerlo?
Tentativo es un espectáculo regalo, y me doy cuenta de que también es un autorregalo, porque tenía la necesidad de volver a conectar con el coreógrafo que miraba más hacia un lugar externo que hacia un lugar interno. Aunque dentro de este proyecto hay muchas capas, para mí lo primordial era que la danza primara, que la música primara y que el espacio lumínico fuese nuestra escenografía. Que no hiciese falta mucho más que eso para que el público tenga una experiencia bonita, incluso profunda. Tiene muchas capas que han ido surgiendo también en el trabajo con Luis Luque, capas que le otorgan algo más interesante y un discurso interno, y que dan la posibilidad de que el público también construya su propio discurso personal. Pero nace sobre todo de la necesidad de bailar, de pasármelo bien. Vengo de unos últimos espectáculos muy introspectivos con temáticas muy profundas, y tenía la necesidad de salir un poco de ahí y abrazar otra parte de mí que también está ahí y que tenía que expresar.
¿Cómo se conecta con tu trabajo creativo anterior? Hay un elemento clave, además de tus creaciones personales para tu compañía, que es el paso por el Ballet Español de la Comunidad de Madrid. ¿Hay un antes y un después de ese paso?
Siempre hay un antes y un después de cada proyecto, y más cuando es profundo e intenso. Igual que hubo un antes y un después de Super-viviente, que convivió con mi etapa en el Ballet Español de la Comunidad de Madrid. Quizá la conjunción de la creación de ese espectáculo con el proceso del Ballet Español de la Comunidad de Madrid es el motor de esta necesidad de pasármelo bien, de reírme en el montaje, de tener un equipo que me abrace y que sienta lo que es la danza para mí, lo que siempre ha sido: una comunión, una fiesta artística. Como te digo, conecta con mis otros espectáculos porque todo lo que han creado en mí esos espectáculos sigue estando en mí y se ha volcado de alguna forma en este. No vamos a ver de repente un espectáculo de estética antigua, ni mucho menos; tiene una estética muy contemporánea y pasamos por diferentes etapas. Pero sí creo que conecta más con el coreógrafo de Cuna Negra, de Ímpetu’s, de 7 Balcones, aquellos espectáculos en los que para mí la danza era lo que movía todo. Los artistas somos muy catalizadores de la sociedad y entendemos lo que la sociedad necesita. Con todo lo que estamos viviendo a nivel mundial, cuando la gente venga al teatro a ver danza, que disfrute de esa capa que puede parecer primaria pero que tiene mucha potencia.
Luis Luque, director artístico, habla sobre Tentativo del ensayo y el error, de ese momento en el que el cuerpo todavía se está preparando para salir a escena. Me venía a la cabeza el Calentamiento de Rocío Molina. ¿Hay alguna conexión con ella, ha sido una influencia?
No, no tiene nada que ver. No mostramos un calentamiento ni nada parecido. Pero sí es verdad que a Luis y a mí nos apetecía trabajar la memoria: la memoria pasada, la memoria presente, la memoria como reflejo, esa memoria que se queda de ti en los demás. Había algo ahí que apareció y que hemos abrazado: poder mostrar al público los entresijos de un teatro, cómo surge una idea, cómo se plasma, cómo se trabaja desde el inconsciente, cómo al final aparece en el consciente, cómo se transforma en movimiento y cómo ese movimiento se transforma en dramaturgia. Mostrar ese recorrido al espectador de una forma muy onírica, obviamente, nada explícito. En danza el espectador está muy acostumbrado a ver solo la punta del iceberg, y nos apetecía mostrar el hielo entero, todo lo que está debajo del agua, todo lo que conlleva un espectáculo de danza de estas características.
Dices que es para un público muy amplio, tanto para quienes aman la tradición como para quienes buscan otras formas de entender el flamenco. ¿Son reconciliables esas posturas? ¿Podremos superar alguna vez esa discusión?
Yo creo que esa discusión la tienen más quienes no ejercen. Con todos los compañeros con los que convivo y tengo la suerte de coincidir, ya sean más tradicionalistas o más vanguardistas, nunca ha surgido esa disputa ni esa conversación. Creo que es algo que está muy fuera de lo que realmente ejercemos en esta profesión. Y lo digo porque, sin haberlo pretendido, el espectáculo tiene de forma natural un viaje desde una estética y un concepto más vanguardista hacia algo más tradicionalista, precisamente por eso que te decía de mostrar de dónde surgen las ideas. Hay una primera escena en la que no existen los zapatos: vemos a los bailarines descalzos, recreando ese imaginario íntimo, como cuando yo estoy en la cocina de mi casa haciendo la cena para mis hijos y me surgen ideas, pasos, sonidos. Ese momento en que el zapato como elemento artístico todavía no juega un papel importante. Y luego, por ejemplo, en la última parte hay tangos, jaleos, fandangos por bulerías, una dinámica mucho más tradicionalista, aunque siempre desde mi danza. Yo no voy a cambiar quién soy. Pero sí creo que el espectáculo tiene ese camino natural.
Cuéntame el papel de Luis Luque. ¿Por qué le eliges a él y qué te aporta?
Luis es un artista que siempre me ha gustado por su pulcritud, por la capacidad tan bonita que tiene de hacer mucho con muy poco. Tiene una poética escénica muy bonita, controla muy bien los tiempos, sabe cómo tienen que ir pasando las cosas sin correr demasiado ni ir demasiado lento. Tiene una estética, un imaginario y un mundo que me llamaban mucho la atención. Ya venía detrás de él para diferentes proyectos que al final no pudieron cuadrarse, y cuando le propuse estar en Tentativo fue un sí rotundo. Ha sido, y está siendo, un trabajo precioso. Nos estamos riendo mucho, estamos encontrando mucho desde la risa, desde un lugar amable. Está haciendo una labor preciosa de sostenerme, de sostener el espectáculo, de darle dramaturgia, de hacer que todo cobre sentido.
¿Y el elenco? ¿Qué puedes contar de ellos?
Sí, está Manu Masaedo, de director musical, que me acompaña en mis tres últimos espectáculos. En este caso quería que él tuviese la dirección musical porque su sonoridad y su capacidad son de las más amplias que he conocido, y ha hecho un trabajo precioso. Está el Peli a la guitarra, Kike Terrón también de la compañía, dos percusionistas con dos sets de percusión, así que va a sonar “muy a pellejo”, como yo le decía a Manu. Luego están Teresa Hernández cantando y Gabriela Giménez también al cante. Y al baile: Lucía Campillo, Aitana Rousseau, Sofía Lacera, Pablo Gea y Juan Bravo. Tengo un elenco muy ecléctico, y me encanta verlos porque todos hacen lo mismo pero lo hacen a su manera. No quería fotocopias. Ver mis cosas bailadas en sus cuerpos, con sus formas y con su forma de sentir, me está pareciendo algo precioso. Tengo mucha suerte con los bailarines que están conmigo y con la entrega, el amor y la verdad con los que están trabajando.
¿Cómo decides estrenar en el Centro de Danza Matadero? ¿Barajaste otros lugares o fueron los propios tiempos del espectáculo los que te llevaron ahí?
Te digo la verdad: en 2025 estuve reestructurando un poco toda mi vida y no tenía muy claro cuál era el siguiente paso. Fue una llamada de María Pagés: me citó, nos vimos y me propuso que estuviera estrenando una pieza en el Centro de Danza Matadero. En aquel momento le dije que me dejara pensarlo, porque tenía que ver si tenía algo que contar. Hacer por hacer no va conmigo. Pero en esa semana y media empecé a rescatar libretas, a leer, a conectar con algo de mí, y me empezó a entrar la ilusión. Me dije: sí, es el momento de hacerlo, es el momento de volver a abrazarme, de reconectar. Le dije que sí y empezamos a trabajar. Fue María quien me propuso hacer algo y quien me impulsó también de alguna forma.
Esto que me dices de que en 2025 estuviste reestructurando tu vida… Cuando saliste del Ballet Español de la Comunidad de Madrid fue totalmente inesperado, y la sensación fue que para ti era casi una necesidad de salud mental. Ahora que ha caído el director artístico y promotor del Ballet, Antonio Castillo Algarra, ¿te sientes reivindicado? ¿Tienes ganas de explicarte más y contar qué pasó? ¿Cómo fue ese 2025?
He hablado mucho sobre este tema porque todos me lo están preguntando y lo entiendo, es lógico. Sí tengo ganas de poder hablar, de poder expresarme desde el respeto. No me gustan las polémicas, no entro en ellas porque lo mío es el arte, pero ahora mismo necesito estar muy centrado en Tentativo, en el proceso en el que estoy. Obviamente, cuando entras en un proyecto para mínimo cuatro años e irte antes del primero no es agradable para nadie: fue una decisión muy difícil, muy pensada, muy meditada, muy necesaria. Y cuando el corazón y el cuerpo te dictan algo, hay que escuchar. Entrar en profundidad en cómo lo viví o cómo fue ese 2025 me genera todavía una inestabilidad que ahora mismo no me viene bien. Quiero estar centrado en Tentativo, que me está sacando muchísima sonrisa. Una vez que pase el estreno, ya Dios dirá.
¿Cómo viviste esos momentos tan duros?
Como cualquier persona que vive un momento que no se espera y que es duro: con resistencia, con trabajo personal. Sí te puedo decir que fue una decisión difícil que no era algo esperado por nadie de mi entorno ni de mi equipo. Quizá soy una persona especialmente sensible y conecto muy rápido con las emociones, y eso lo hizo más intenso todavía. Cuando hablo de recolocarme en 2025 hablo de recolocar muchas cosas: a nivel profesional, económico, emocional, a todos los niveles. Pero ahora estoy feliz, estoy muy bien, estoy aquí pegando zapatillas hasta que el cuerpo aguante, y en eso es en lo que me quiero centrar.
Se te ve mucho como espectador por los teatros viendo a los compañeros, algo que no ocurre siempre con todos los creadores. ¿Qué has visto recientemente que te haya conmovido o estimulado?
Yo no había tenido todavía la oportunidad de ver la última pieza de Manuel Liñán, Muerta de amor. Y en el proceso en el que estoy ahora, creando mi propio proyecto, de repente conecté mucho con él, con su mensaje, me lo llevé muy a mí. Salí del teatro sintiéndome abrazado por Manuel, por su obra. Como espectador me llevo todo para mí, claro, pero sentí ahí un abrazo muy bonito que me hizo ilusionarme. De esas cosas que sales del teatro y dices: qué guay que me dedico a esto.
¿Cómo ves la escena flamenca actual? ¿Crees que está empezando a decaer el modelo de los festivales de flamenco como impulsores de la creación?
Sí, yo lo siento así. Al abrirse diferentes posibilidades y nuevos espacios, tanto nacionales como internacionales, creo que la figura del festival, que antes era nuestro motor principal, sí ha decaído en ese rol. Pero no creo que sea una cuestión de los festivales en sí, sino de que el flamenco se ha abierto mucho más, de que se están creando nuevos espacios para desarrollarnos y de que hay una necesidad muy fuerte de hacer un flamenco muy personal. Los festivales también optan, lícitamente, por programaciones en ocasiones prioritariamente conservadoras, y entonces tenemos que buscar otros espacios donde nos están recibiendo muy bien. Yo siento que cuando me programan en un festival me hace especial ilusión, pero ya no es una necesidad como hace diez años. Entonces estar o no en la Bienal era una cuestión vital, y ya no me genera la ansiedad de antes. Este año no me han programado y no me paraliza. Creo que también las redes sociales han cambiado mucho esto: los programadores ya nos pueden ver de muchas formas diferentes, y no es tan exclusivo ir a un festival concreto porque sabes que allí están todos. Hoy cualquier programador interesado en tu trabajo tiene mil formas de acercarse a él.
En cualquier caso, después de estrenar Tentativo en Madrid podrá verse en el Festival de Jerez…
Sí, estamos tres días aquí en Madrid, los días 27, 28 y 1, y luego nos vamos a Jerez, el 4 y regresamos de nuevo a Matadero. Nos va a venir genial, porque llegamos ya con el rodaje de tres funciones encima, cambiamos de espacio, y eso nos va a llevar a otro lugar. Y luego de repente volvemos como a casa, en cierto modo. Todo el equipo está muy ilusionado y muy contento.

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