Sobre un carromato imaginario, que recuerda el de las compañías ambulantes que recorrían los pueblos en el Siglo de Oro, llegó Sara Jiménez este martes al Teatro Central para inyectar de aire fresco la adocenada Bienal de Sevilla con el estreno de La compañía, una propuesta flamenco-teatral o teatro-flamenca que es hasta ahora el espectáculo más sorprendente de la edición y uno de los más completos por su calidad artística, creatividad, valentía y originalidad.
En un ejercicio de honestidad y autocrítica, la bailaora se quita de encima el romanticismo con que se aborda el hecho artístico para mostrar, desde el humor, la crudeza de la vida del artista. “¡Pasen y vean!, animan desde el principio los personajes de esta dislocada troupe, invitándonos a sumergirnos en un mundo, tan excéntrico como realista, en el que convive lo tierno, lo grotesco, lo disparatado, lo delicado, lo salvaje y lo frágil, como señalaban las cajas de cartón que se utilizaron como única escenografía.
Colocándonos a unos (los espectadores) y otros (los artistas) frente al espejo cóncavo del callejón del Gato, la artista, que ya había sorprendido con su capacidad para emplear el lenguaje flamenco en códigos no habituales en obras como Fragmentos de la noche (2025) y Ave de plata (2024), explora en lo esperpéntico para relatar una estimulante y desprejuiciada tragicomedia que habla en realidad de algo que nos atañe a todos. La búsqueda de la identidad en una sociedad exhibicionista donde la validación personal pasa por la aprobación superficial de los demás.
Lo que esconde, por tanto, esta obra luminosa y divertida, que llenó por primera vez de carcajadas la Bienal, es un mensaje crudo que muestra sin pudor la vulnerabilidad del artista, sus miserias, la precariedad de la profesión y su inestabilidad, el conflicto y el vacío. No desde la autocomplacencia o el victimismo, sino como un acto radical. Por eso, se aprecia la seriedad del mensaje hasta en las escenas aparentemente más absurdas o histriónicas, como en la que Julio Ruiz se sube a una caja mientras Raúl Cantizano le toca el organillo, simulando el número de la cabra que hasta hace no tanto veíamos en nuestras calles.
La dramaturgia se construye así de manera absolutamente artesanal, como corresponde, y es la interpretación de los polifacéticos y talentosos artistas (Julio Ruiz, Mariana Collado, Ana Polanco, Teresa Hernández y Raúl Cantizano) y la excelente y sensible iluminación de Olga García (que va creando los distintos ambientes con un bello halo de melancolía) lo que pone en funcionamiento la maquinaria de la obra.
Con la codirección escénica de Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola y el asesoramiento de Rafael Estévez y Enrique Fuenteblanca, La compañía ofrece un exquisito equilibrio de danza, teatro y música en un ambiente distendido y natural en el que se entrecruzan los números que los cinco personajes interpretan para su público y las escenas de convivencia y de intimidad que se producen entre ellos cuando el foco se apaga.
De la mariana a la rumba, pasando por la caña, la guajira, los tangos, los tanguillos o las aplaudidas sevillanas que escenificó Mariana Collado con una sorprendente soltura, los cinco participan de manera coral de un rico lenguaje coreográfico y musical, que lo mismo nos lleva al universo siniestro de David Lynch que al espíritu desbordante y vitalista de Kusturica.
Si algo destaca de Sara Jiménez es la credibilidad que desprende su arte y el trabajo de investigación corporal que realiza para cada proyecto, lo que nos permite disfrutar siempre de nuevos matices en su baile. Segura, enérgica, singular y de una precisión técnica soberbia, la artista se confirma como una de las bailaoras más interesantes de su generación y una creadora inteligente y poderosa que aúna con virtud y elocuencia lo conceptual con lo expresivo.
Sin destripar los gags o el emotivo final, adelantamos que en esta cía encontrarán sorprendentes hallazgos de todos sus protagonistas (¡qué alegría de mujeres cantaoras!), que fluyen de manera natural y regalan momentos mágicos cargados de talento y veracidad. Definitivamente, queremos más locos como estos.
*Posdata: Y, por pedir, que no compitan a la próxima en su estreno con otro esperado estreno nacional, el de David Coria en el Lope de Vega, para que los compañeros de prensa puedan darle al espectáculo la cobertura que merecía.
Fotografías: Archivo fotográfico de la Bienal de Flamenco @Laura León
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