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Miguel Vargas, el mejor embajador de Extremadura en Nîmes

El día dedicado al flamenco extremeño arrancó con una charla concurrida e interesante sobre tangos y jaleos pero se vino abajo por la noche con un espectáculo decepcionante.
13 de enero de 2018
Texto: Silvia Cruz Lapeña
Fotos: Jean Louis Duzert

Si alguien ejerció ayer en Nîmes de verdadero Guadiana, agua fresca que transita y enlaza Extremadura y Portugal, fue el tocaor Miguel Vargas. Lo hizo en el día dedicado al flamenco extremeño, que desde hace seis años tiene su hueco en el festival francés. Por la mañana, fue el momento de una charla corta y didáctica del guitarrista, que enseñó a los asistentes el compás y la historia de los tangos y jaleos de su tierra: “La identidad”, como dijo él mismo y que a él se le conformó aprendiendo de los gitanos lusos y los de Mérida. 

Su intervención es el ejemplo de que no hace falta mucho para convencer al público: un mensaje claro, un sonido evocador y la compañía de quienes mejor representan lo que uno defiende. En su caso fue el cante de Alejandro Vega y La Kaíta, que ayudaron al maestro a enseñar a los presentes la diferencia entre la bulería por soleá , la bulería y el jaleo. 

Lo hizo poniendo fotos de su gente, fragmentos de Latcho Drom, película de Tony Gatlif, y aportando historias de vida, como la de la Tía Ana o la de Tía Tijeras. “Parte de un grupo de cuatro o cinco gitanitas que había en Extremadura que tocaban muy bien la guitarra: no tenían mucha técnica, pero le daban su sello”.

Guadiana, irreconocible

La tarde para Extremadura no fue tan resultona. Y eso que en el Teatro Bernadette Lafont se subieron hasta ocho músicos para dar cuenta del flamenco de su tierra. Arrancaron todos por tangos y si el momento más dulce lo puso Alejandro Vega con su voz tierna y afónica, el más aplaudido fue Peregrino, que bailó al son de La Kaíta. Este hombre, por su edad y lo que representa, emociona y tiene mérito. Eso nadie lo duda y para él, que ya ha hecho su carrera tiene que ser suficiente, pero no para quien organiza un show encargado de exhibir el flamenco de Extremadura. 

Lo más luminoso, lo que ensanchó el pecho, fue el toque de Vargas, que ejerció de guía y tocó con un metal, una dulzura y una demora que se convirtió en lo mejor de la noche. Porque el plato fuerte era Guadiana, que hizo más cantes que nadie, pero en ninguno estuvo reconocible. No acertó ni por soleá, ni por mineras ni por bulerías y para colmo, Enrique “El Extremeño” tampoco andaba al tope de sus fuerzas. 

El Extremeño, cantaor que prefieren tantos bailaores, hizo una rueda de cantes a palo seco y luego se encargó de arrancar la fiesta por bulerías con la clara intención de levantar el ánimo, pero también le costó fatigas dobles llegar a los registros más altos. La Kaíta puso rabia y puso raza pero tampoco lució como ella suele, quizás contagiada por el desconcierto.

 

Ocasión desaprovechada

La presencia extremeña en un festival internacional como el de Nîmes es una buena noticia porque no siempre se acuerda el aficionado, ni el programador, de que esa tierra existe y de que tiene algunos rasgos propios que está bien dar a conocer. Pero la Junta de Extremadura, que es quien patrocina el evento, debería pensar con qué tipo de show  quiere ir a un festival como este porque a la salida, no solo la prensa, también parte de la afición coincidió en que se había desaprovechado el escaparate.

Hoy habrá quien cuente, negro sobre blanco, algo muy distinto a eso pero fue muy evidente que el show se quedó corto y que aparte de algún ramalazo de caramelo de Vega y alguna chispa de La Kaíta, lo único coherente y destacable fue Vargas, ¡benditas manos y oído!, a quien no había más que observarle la cara para intuir que el resultado tampoco fue de su agrado. 

Fotografías

Guadiana & Miguel Vargas

 

Alejandro Vega & Miguel Vargas

Alejandro Vega

Al son de Extremadura

Peregrino