En el patio escénico del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, este fin de semana no se ha representado un espectáculo: se ha cometido un pequeño atentado. Contra el rito y contra la solemnidad. Había algo de experimento en el ambiente este sábado, segundo y último día del paso por Madrid de Ri Te. No de laboratorio, sino de los de antes: dos presencias en un escenario vacío, una tensión en suspensión y un público que no sabía exactamente qué iba a ver pero que intuía, por los nombres en el cartel, que algo iba a pasar. Israel Galván y Marlene Monteiro Freitas llevan ya un tiempo rodando esta pieza por el mundo desde que nació en 2022 como ensayo abierto en el Festival d’Automne de París, co-producida por el Théâtre de la Ville y ese festival. El camino hasta Madrid ha pasado por Bruselas, Sevilla y Aviñón. El Condeduque, que programa con criterio y sin aspavientos, les acogió dos noches. La segunda fue la del sábado.
El sevillano llevaba tiempo queriendo esto. Lo ha contado en más de una entrevista: cuando una amiga le puso un vídeo de Freitas bailando, la vio como una gitana de Triana cruzada con Prince. Ahí estaba el germen. Ella, nacida en Mindelo, Cabo Verde, en 1979, formada en la danza contemporánea europea y reconocida con el León de Plata de la Bienal de Venecia en 2018, baila desde otro sistema nervioso, desde otra memoria corporal. Y eso, para Galván, es exactamente lo que necesitaba.
Sobre el escenario del Condeduque los colocaron en los extremos. El espacio entre ellos era el espectáculo. Pero antes de hablar del espacio, conviene hablar de los pies, que en esto del flamenco los pies siempre mandan. Los de Galván calzaban botas de plástico rosa. Los de Freitas, unas botas flamencas con clavos en puntera y tacón: las mismas que en su día adoptó el propio Galván de Vicente Escudero, pero azules en lugar de blancas. El detalle no es menor: Freitas ha entrado en el territorio del otro calzando su herramienta, y Galván ha cedido el material para quedarse con la esencia. Porque con esas botas rosas de plástico, su zapateado es exactamente el mismo de siempre. La percusión, ese idioma primero e irrenunciable, no negocia con el calzado.
Y la percusión fue el hilo conductor de toda la pieza. La obsesión de Galván por el sonido del cuerpo sobre las superficies -una constante en toda su carrera- apareció multiplicada: zapateado sobre tarima, sobre otras superficies, el cuerpo como instrumento de percusión que conversa con el silencio tanto como con el golpe. Y atrajo a Freitas a ese espacio. Las sillas también entraron en escena, como tantas otras veces: para bailar sentado en ellas, y para convertirlas en objetos que bailan solos, que se agitan, que responden. Una hoja que cae. Una mano que se sacude junto a la cabeza o en la espalda. Los perfiles inconfundibles de un clásico que ya lleva más de treinta años construyendo su propia iconografía y que en Ri Te la despliega sin pudor pero también sin alarde, porque es la única lengua que tiene y no necesita defenderla.
El vestuario completó el cuadro con inteligencia: delantal negro y una pernera del pantalón subida hasta la rodilla para Galván, armonizado con Freitas en una imagen que tenía algo de cotidiano y algo de ritual, como si los dos hubieran venido tal como son, sin disfraz, sin concesión al aparato escénico.
Ri Te funciona como una operación de desacralización. Ambos artistas, profundamente conocedores de sus tradiciones -el flamenco, las raíces caboverdianas y la danza contemporánea europea-, se permiten el lujo de profanarlas desde dentro. No hay parodia superficial, sino una especie de “herejía autorizada”: desmontar lo sagrado porque se conoce su arquitectura.


Sevilla nunca sale de Galván
La selección musical fue uno de los momentos más reveladores de la noche. Galván podrá irse de Sevilla, ser adorado en Francia y codearse con la realeza de la danza, pero Sevilla nunca sale de Galván. Junto a un par de piezas que venían del universo de Freitas, el sevillano traía en la maleta la marcha procesional Amarguras, de Font de Ana, ese himno de la Semana Santa sevillana que cualquier hijo de aquella ciudad lleva tatuado en el oído. Habían abierto la obra unas sevillanas corraleras que dieron mucho juego para el diálogo corporal de ambos intérpretes. Y Dame veneno de Los Chichos, después.
Porque Ri Te también es eso: guasa, irreverencia, arte con ganas de pasarlo bien. Freitas y Galván se hablaron desde los cuerpos, y jugaron con los oles como quien maneja un instrumento de viento: los lanzaban, los dejaban en el aire, los recogían, los proponían al público como pregunta. Y el público del sábado respondió con generosidad, más allá incluso de lo que la propuesta parecía pedir, en ese diálogo que solo ocurre cuando la sala decide participar de la ficción. Incluso el móvil que sonó en mitad del espectáculo -ese momento de pavor universal en cualquier sala- fue incorporado a la magia de ambos con la naturalidad de quien lleva toda la vida improvisando sobre lo inesperado.
Freitas aportó al dueto su cuerpo habitado por movimientos mecánicos que se rompen, esa precisión que parece calculada y que sin embargo termina por desbordarse. Su gestualidad conectó con el Galván más extremo sin intentar mimarlo: los dos hablaban idiomas distintos y se entendían precisamente por eso, porque la traducción era el espectáculo.
La improvisación sostuvo todo el andamiaje. No hay partitura fija, hay escucha. El zapateado aparecía y desaparecía como un argumento que se enuncia y se retira. A veces golpe seco y preciso, casi percusión concreta. A veces interrupción brusca, silencio que pesa, pausa que no es descanso sino pregunta.
El Condeduque aguantó bien esa tensión. El público -mezclado, como suelen estar los públicos de los espacios de cultura contemporánea madrileños: gente del flamenco, gente de la danza, curiosos que venían por el nombre de Galván- siguió la propuesta con humor y ganas de responder a la extravagancia que estaban presenciando. El patio del Condeduque los despidió con los aplausos de quien ha visto algo que no sabe muy bien cómo clasificar pero que sabe, con certeza, que no va a olvidar fácilmente.
Descubre más desde Revista DeFlamenco.com
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.













Debe estar conectado para enviar un comentario.