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Homenaje a Ramón Montoya. Agustin Carbonell 'Bola' - Lola Greco - Juan Pinilla

RESURRECCIÓN
9 de julio de 2012
Texto: Pablo San Nicasio Ramos

Jardines de Sabatini - 7 julio 2012
Veranos de la Villa - Madrid

Guitarra: Agustín Carbonell “El Bola”. Cante: Juan Pinilla. Baile: Lola Greco

Parecía de justicia programar un monográfico sobre Ramón Montoya. Un directo que reivindicase la figura del padre de la guitarra flamenca moderna. Un detalle, qué menos. Y en el año de Sabicas, otro de los reyes de quien por aquí nadie se acuerda, el Palacio de Oriente volvió a testificar a favor de obra. A falta de masas, el marco resultó incomparable para el “tributo a Don Ramón”

No es fácil recrear el buen puñado de toques originales que nos dejó el gitano madrileño. Y otro gitano del Rastro, “El Bola”, asumió esa y alguna tarea más. Todas difíciles. La primera la del público. Está claro que la guitarra flamenca pura, sin edulcorantes ni renombres, no vende. Por lo menos por ahora. Es lo que hay. Habrá que buscar escenarios más coquetos e ir ampliando según se pueda, pero en el país de la sonanta, en el homenaje a uno de los más grandes y capitaneando un guitarrista local, nunca se hizo más presente el refrán de la profecía sobre la tierra propia.

La segunda tarea era la del toque. Sobresaliente. Grata sorpresa la presencia de un guitarrista que acaba de sacar disco (“Rojo y Rosa”, del que paseó únicamente tres toques) pero se acuerda de los viejos. Y acordarse es estar a su altura sin frivolizar. Desde la granaína hasta la rondeña final impresionó la solvencia y limpieza de su toque, la generosidad y concentración. “El Bola” se hizo intérprete y compositor en un mismo recital y, aunque disfrutamos más los “frikis” de la guitarra, resultaron más que evidentes para todos algunos destellos sublimes de buen toque.


Agustín Carbonell "El Bola" - foto Manuel Montaño

A la antigua usanza, con la guitarra casi vertical y sobre la pierna derecha (qué difícil es tocar esta música de esta manera), con pajarita. Estética de café cantante. Con una Lola Greco entre bolera y goyesca, extraordinaria coreografiando la inédita Farruca Gitana, estrenada para la ocasión y recluida en un cajón tantos años… importante el apunte de Juan Pinilla “chaconeando” la música de quien tanto acompañó al genial jerezano. Cantes por caracoles, taranta, soleá y malagueña.

 

Y la cuerda de un quinteto rematado al piano por Pablo Rubén Maldonado en el que destacó el violonchelo de Lucía Otero. Era la resurrección de una estética y un concepto.

Quizá en otro escenario hubiese sido apoteósico. Pero en el inmenso solar de Sabatini no pudo ser. No obstante las intenciones están ahí. Y Rosita Montoya, nieta del patriarca homenajeado, lo dejó bien claro. La guitarra flamenca añeja comenzó a resucitar anoche.