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Estrella Morente en el Museo Picasso de Málaga

1 de diciembre de 2007

ESTRELLA, TODAS LAS ESTRELLAS

30/11/07 Auditorio del Museo Picasso. Málaga.


Texto: Francisco J. Marmol
Foto: Lorenzo Carnero

Cante: Estrella Morente. Guitarra, Montoyita. Coros y palmas; Antonio Carbonell, Ángel Gabarre, Victoria Carbonell. Aforo: Lleno. 200 personas

Como una lluvia extraordinaria de sensaciones resultó la actuación de Estrella Morente, que de nuevo conquistó el corazón de un público, como el malagueño, que ya la ha adoptado definitivamente como artista propia, de la tierra.

Se le notó especialmente contenta y más relajada que en otras ocasiones sobre las tablas del recoleto e intimista auditorio del Museo Picasso, un espacio pequeño –que debe instalar bambalinas por lo menos para este tipo de espectáculos ya que se veía entrar y salir directamente a los artistas desde camerinos- pero donde se creció en la comunicación, en la cercanía, con el público, transmitiendo igualmente mucha intensidad en el dolor y en la alegría.

Como ya ocurrió en su última actuación en la bienal Málaga en Flamenco’07 la artista comenzó cantando por alegrías, entrando con el garbo que le caracteriza, ya electrizado el ambiente con el ritmo trepidante de sus acompañantes de la noche, tomando la escena como siempre, sorpresivamente, decidida y presurosa hacia su lugar en el centro del escenario, habiéndose hecho esperar, derrochando salero a espuertas, regalando sonrisas, miradas que pueden reblandecer las rocas. Ese es uno de sus grandes atributos como ARTISTA. Desde el principio tiene a la sección femenina comentando lo bien que le sienta el modelito de turno –el mejor vestuario del género con diferencia- y al masculino babeando un poquito, porqué negarlo, porque tiene la mejor percha, es superlativamente guapa, y eso también fue siempre parte del show.

Estrella Morente

Cantando por Cádiz recuperó algunas de las letras de su disco más redondo, Mi cante y un poema, para internarse en los tangos marca de la casa, de Graná. Por entonces, ya empezaba a dibujar trazos picassianos con su voz y sus brazos, figuras cubistas cargadas de belleza. Ya tenía al público, que tímidamente se iba creciendo en olés y piropos, en el bolsillo.

En la soleá por bulerías, que siguieron, tampoco perdió intensidad y en las tarantas posteriores estuvo mejor que en otras ocasiones. En el tema Nostalgia, mostró su mejor, o la más celebrada de sus versiones por el gran público, porque ella es lo más parecido a Madonna en el flamenco, se puede reciclar en mil mujeres, puede adoptar otras pieles, ser todas las artistas que fueron, Edith Piaff o La Niña de los Peines. Quemar como el fuego, doler como una puñalá en la espalda, provocar la lágrima, ser dulce y serena como el abrazo del río y la mar, abrazar la esperanza, invitar a la pasión, retorcerte de melancolía. Todo eso puede conseguir y despertar.

Volvió por bulerías tras una graciosa entrada de Montoyita entonando la melodía del Inspector Gadget. Por entonces se disparaban los piropos del público hacia Estrella, porque además sale de cualquier atropello con arte, igual de un enganchón del mantón en la silla que de un abanico que se cae, no pierde la compostura ni el compás. Ahí fue bien secundada por bulerías, tanto por Antonio Carbonell como por Ángel Gabarre, que se gustaron en sus letrillas. Tras unos tangos marca de Morente padre, el público exteriorizó el gustazo tocando unas espontáneas palmas por bulerías. Ella a menudo devuelve el cariño con un cumplido “¡Viva Málaga!”, que quizá utiliza demasiado aunque sea sincero, porque de tanto usarse como los te quieros pierden valor.

Para terminar, interpretó su celebérrimo Volver, y la copla Madrina –que se ha convertido en otro clásico ya de su repertorio. A lo largo de toda su actuación se acordó, dedicó e hizo referencias al mundo del toro y a su marido, el diestro Javier Conde, que como supimos por boca de ella le habían indultado un toro en Cádiz esa misma tarde, lo que explicó en buena medida la felicidad con la que afrontó esta cita con su público.