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Alicia Márquez & Ramón Martínez / Juan Villar, Felipe Scapachini - Festival de Jerez

XVIII FESTIVAL DE JEREZ
Comp. Flamenca Alicia Márquez & Ramón Martínez
"Los Hilos del Tiempo"
Juan Villar, Felipe Scapachini
Martes, 4 de marzo 2014. Jerez de la Frontera
5 de marzo de 2014
Texto: Estela Zatania
Fotos: Ana Palma

Especial XVIII Festival de Jerez - Toda la información

COMP. FLAMENCA ALICIA MÁRQUEZ & RAMÓN MARTÍNEZ
“LOS HILOS DEL TIEMPO”

Teatro Villamarta, 2100h

La obra “Los hilos del tiempo” de la compañía de Alicia Márquez y Ramón Martínez, empieza con la proyección de imágenes oníricas que reflejan el tema del paso del tiempo.  Se oye el tic-toc de un reloj para aquellos (como yo) que no siempre captan estos mensajes filosóficos, y los dos bailaores zapatean al compás del reloj, sin música ni voz, durante unos diez minutos.

 

Alicia Márquez - Ramón Martínez

Los mismos artistas describen su planteamiento como “tradicional-conceptual”, lo cual indica su deseo de hacer algo contemporáneo, sin abandonar las formas clásicas.  No es un terreno fácilmente localizable, y como en otros intentos de otros artistas, más bien vemos la alternancia de lo tradicional con lo vanguardista.  

Cuando llegan al escenario los dos cantaores, Pepe de Pura y Antonio Núñez “El Pulga”, con las guitarras de Juan Requena, Óscar Lagos y Paco Vega, todo cobra vida y ya estamos en bulerías.  A continuación, la voz en off que apenas se escucha (no soy yo, la gente alrededor se preguntaba “¿qué está diciendo?”), la bombilla desnuda, la bailaora sentada y oscuridad, mucha oscuridad indican que hemos vuelto al mundo conceptual.

Ramón Martínez baila por soleá sin pena ni pena.  Para hacer la transición a siguiriyas, el Pulga canta unos cantes de trilla, y Alicia ocupa el escenario vestida de bata de cola negra con mantón negro, que sobre el telón de fondo negro hace complicado apreciar sus movimientos.  Todavía la cosa no rompe.  A veces con el escudo de la “escuela sevillana”, basada en la elegancia y el aplomo, los bailaores se olvidan de rebuscarse por dentro.  Cuanto más sereno el planteamiento, más intensidad contenida hay que insinuar, o todo se queda en lo meramente bonito.

El siguiente número, que figura en el programa simplemente como “bulerías”, es una delicia de creación.  Aquí sí se aprecian las posibilidades de las miradas nuevas a elementos clásicos.  Ramón tiene un baúl.  Eso.  Habla el bailaor (otra vez el borroso sonido impide captar gran cosa). Taconeo inconexo que incorpora patadas al baúl con amplificación, un divertido segmento con el protagonismo de un sombrero y la cosa va tomando cuerpo progresivamente.  La iluminación ahora permite ver los gestos y movimientos, y el número queda como una especie de suite de bulerías, posiblemente lo más logrado del espectáculo (“obra” parece una afectación excesiva para el caso).

Paso a dos por música contemporánea, canción por tangos, y el gran alivio para la vista de la pareja vestida de blanco para terminar por cantiñas.

 


JUAN VILLAR, FELIPE SCAPACHINI
Palacio Villavicencio, 1900h

Es triste señal de los tiempos flamencos que corren, o que más bien caminan despacio, que un señor del cante, una de las últimas gran figuras que nos quedan de su generación, un portento de cantaor como es Juan Villar, esté presentado en el reducido espacio del Palacio Villavicencio normalmente reservado para noveles, desconocidos u otros de relativamente limitado interés.   Y en recital compartido además.  Vino con otro gran señor del cante, menos conocido pero digno de reconocimiento: Felipe Scapachini, y acompañó a ambos el jerezano Niño Jero, Periquín.

Juan Villar & Felipe Scapachini

Son las dos voces veteranas que nos quedan del cante gaditano.  Ofrecieron un amistoso mano a mano, turnándose cante por cante, apoyándose mutuamente.  Villar, por soleá, por fandangos, de buena voz, matizando con la sabiduría que sólo dan los años, remató con sus famosas bulerías con ese don de saber aflamencar las canciones…”Eres bella entre las bellas, pero por dentro vacía…” y “Todo acabó”, a estas alturas todo fluye con absoluta naturalidad y es puro sabor.

Scapachini defendió su parcela con absoluta dignidad frente al figurón con “tientos de Cádiz” como decía, por alegrías con ese “algo” que dan los de la tierra, una ristra de tangos acompañados por arriba y malagueña.

 

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