La sala Cátedra Mayor del Ateneo de Madrid fue escenario de la presentación oficial de una nueva agrupación independiente dedicada al estudio, la divulgación y la programación del arte flamenco en la capital.
El sábado 21 de marzo de 2026, el Ateneo de Madrid vivió uno de esos momentos fundacionales que merecen quedar en la memoria flamenca de la ciudad. Con la sala Cátedra Mayor completamente llena, quedó constituida oficialmente «Ateneos al Flamenco», una agrupación que nace con la vocación de hacer del flamenco una presencia estable, rigurosa e independiente dentro de la institución cultural más antigua de España.
Su propósito va más allá de la programación de espectáculos: se trata de crear un espacio donde el flamenco no solo se escuche, sino que también se estudie, se piense, se dialogue y se proyecte hacia el futuro. Un lugar de encuentro entre artistas, investigadores y aficionados, sostenido por conferencias, debates y conciertos, y blindado frente a cualquier condicionante político gracias a su naturaleza plenamente independiente.
Al frente de la junta directiva se encuentran Agapito Pageo como presidente y Mariko Ogura como secretaria, con Juan Luis Cano, José María Goicoechea y el compositor Mauricio Sotelo como vocales fundadores.
La conducción del acto corrió a cargo de Juan Luis Cano, cuyo vínculo con el flamenco es largo y genuino. Con la soltura y el ingenio que le caracterizan, transformó lo que podría haber sido una presentación formal en algo tan informativo como disfrutable, presentando a cada protagonista sin un ápice de protocolo innecesario.
El presidente Agapito Pageo desgranó los fundamentos del proyecto y trazó una línea que une el pasado con el presente. Ya en el Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922, buena parte de sus promotores —entre ellos Falla, el joven Lorca y varios intelectuales y pintores— eran ateneístas. La agrupación recoge esa herencia y la proyecta desde una plataforma que, por su carácter privado e independiente, puede actuar con plena libertad. El pianista Juan Carlos Garvayo, presidente de la Sección de Música del Ateneo y miembro de la agrupación, no pudo estar presente, pero acompañó el acto con un texto leído en sala. Mauricio Sotelo, compositor y vocal fundador, estuvo presente en espíritu, compartiendo plenamente el sentido de este inicio.
El flamencólogo José María Velázquez-Gaztelu ofreció un recorrido por la presencia —discontinua pero significativa— del flamenco en el Ateneo a lo largo de su historia. El hito más remoto rescatado fue la visita de Enrique Morente y Manolo Sanlúcar el 5 de febrero de 1970, cuando ambos artistas irrumpieron en la institución acompañando una conferencia de Manuel Ríos Ruiz. Desde entonces, la relación fue creciendo hasta consolidarse a partir de 2022 con los ciclos vinculados al Festival Suma Flamenca de la Comunidad de Madrid. Velázquez-Gaztelu cerró su intervención con una convicción que resume bien el espíritu de la nueva agrupación: el flamenco nos hace mejores personas.
La secretaria de la agrupación Mariko Ogura encarnó en su propio discurso uno de los argumentos centrales del proyecto: el flamenco es un arte sin fronteras. Nacida en Japón y llegada a España por amor a este arte, Ogura lleva décadas dedicada a su promoción y difusión. Su intervención fue la de alguien que no habla del flamenco desde fuera, sino desde dentro, con la autoridad de quien ha construido una vida entera a su servicio. El flamenco, insistió, es una manifestación cultural y artística que pertenece a quien lo siente, sin importar el lugar de origen.
La segunda parte del acto dio paso a un programa artístico de extraordinario nivel, con intérpretes que se reunieron generosamente para la ocasión desde un profundo compromiso con el flamenco.
El pianista Andrés Barrios abrió el espacio con una fuerza dinámica y conmovedora, y con una capacidad notable para tender puentes con el público. Interpretó piezas de su reciente disco Kilómetro cero, haciendo incluso cantar al publico el ‘Vito’ demostrando que el piano flamenco puede ser a la vez íntimo y expansivo.
Sandra Carrasco y el guitarrista David de Arahal trajeron después una delicadeza que pareció suspender el tiempo: una farruca de factura exquisita y unos fandangos de Huelva maravillosos.
Juan Manuel Cañizares desplegó a continuación una musicalidad refinada y una maestría incuestionable. Primero en solitario, con una pieza en homenaje a su maestro Paco de Lucía; después en diálogo con Juan Carlos Gómez, en un dúo donde el soniquete y el pulso compartido con una bonita energía.
Finalmente Antonio Najarro con un recital de castañuelas de extraordinario virtuosismo y presencia, acompañado por ambos guitarristas, que elevó la velada a un momento de gran intensidad artística y se despidió con una ovación cerrada.
El flamenco tiene ya casa propia en el Ateneo de Madrid. Y lo que comenzó como una presentación terminó sintiéndose, para quienes llenaron la Cátedra Mayor, como el inicio de algo duradero.
Fotografías
Descubre más desde Revista DeFlamenco.com
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.





























Debe estar conectado para enviar un comentario.