El granaíno vuelve a Madrid con la representación de ‘Muerta de amor’ en el Teatro de la Zarzuela, un espectáculo que celebra el amor homosexual desde la copla y el flamenco
Lleva varios años trazando un camino luminoso en el flamenco contemporáneo. Uno que combina su propia historia personal, que incluye silencios y sufrimiento, con una involuntaria reivindicación de la diversidad y la propia identidad desde el amor y la celebración. Con ¡Viva! convertido en un fenómeno que sigue llenando teatros siete años después de su estreno, Manuel Liñán (Granada, 1980) regresa ahora a Madrid con Muerta de amor. Si con ¡Viva! recordaba unainfancia vistiendo bata de cola, peluca y peineta con un elenco masculino, con Muerta de amor, estrenada en los Teatros del Canal en junio de 2024, explora los efectos del amor en el cuerpo desde su propia vivencia como hombre homosexual, en un espectáculo donde la copla se convierte en confesión y el baile en celebración. Entre el 5 y el 8 de febrero, año y medio después de su estreno, llega al Teatro de la Zarzuela -un escenario que pisa por primera vez- con la emoción intacta y la certeza de que, como le dijo su amigo Marco Flores, cuando uno se enamora, baila mejor.
Muerta de amor se estrenó en junio de 2024. Me imagino que el espectáculo ha crecido un mucho en ese año y medio, ¿no? ¿Cómo está ahora?
Sí ha crecido, sí, se ha afianzado mucho. Yo considero que los espectáculos cuando se van rodando, es van asentando, van tomando seguridad y estoy muy contento. Es un espectáculo que disfruto un montón porque es muy diferente a lo que he hecho anteriormente, también a nivel coreográfico, me voy cruzando con todos los artistas que forman parte del espectáculo, voy teniendo como un encuentro, una participación y eso va generando en mí una energía, una una emoción súper bonita. Es un regalo, un espacio donde te vas cruzando con hombres, con emociones, con sensaciones, y es un regalo.
Hay como algo muy luminoso, una energía muy potente, muy disfrutona. La sinopsis del espectáculo termina diciendo: «Enamórate, tía, que bailas mejor». ¿Se baila mejor enamorado? ¿Cómo cambia el cuerpo?
Cambia, claro que cambia. Cuando piensas en alguien mientras bailas, tu cuerpo cambia, es diferente cuando tú bailas para alguien que tiene un nombre y un apellido, que te aporta una emoción. Yo eso es algo que descubrí cuando era joven. También mis relaciones las viví siempre como escondidas, bueno, por el momento en el que se dieron siempre tenía como miedo, entonces eran como muy intensas, muy dramáticas, cuando vives algo en secreto es como que todo se intensifica mucho. Y ya de joven yo me di cuenta que cuando estaba enamorado, o cuando estaba deseando, mi cuerpo respiraba de otra manera. Subía los brazos y es que parecía que los poros de la piel hablaban. Era diferente. Y esa frase surgió en una conversación con mi amigo Marco Flores, de una manera íntima, una conversación privada que terminó diciendo: «Mira, tía, enamórate que bailas mejor». Y decidí quedármela.
La obra como bien dices, tiene esta parte de celebración del amor, pero también tiene algo de reivindicación de esos amores prohibidos. Hay una dualidad de darle dignidad a formas de amar que han estado escondidas mucho tiempo. ¿Te llega respuesta en ese sentido, de valoración de esa reivindicación desde la celebración?
Esto me lo han preguntado mucho y es algo en lo que yo nunca me he parado a reflexionar… En realidad es algo que ha surgido después de estrenar el espectáculo y lo he pensado porque sé que la gente se lo pregunta. Y aquí lo que pasa son varias cosas. Esta es una historia que nace de una vivencia, hay un recorrido de reflexión acerca de que las relaciones homosexuales en nuestra juventud eran complicadas y había mezclada mucha culpa por culpa de la religión. Eso crea en la manera de relacionarnos mucha intensidad, mucho drama y mucho secretismo. Entonces, ¿qué pasa cuando pasa un tiempo y tú te armas de valor para contar esto? Pues ahí es donde está la dualidad de que de la que tú hablabas. Esto nace así porque no se puede contar de otra manera, porque es como yo lo viví. Es verdad que se puede convertir en algo reivindicativo, puede tener esa lectura, pero no es la intención. La realidad es que yo no he tenido el valor de contar esto antes.
Tus espectáculos son pura energía y pura reivindicación del amor y la alegría. Esto es recibido con gratitud por la mayor parte del público (a la vista está en la venta de entradas), una inmensa mayoría agradece tu trabajo y lo disfruta, pero a un pequeño grupo muy ruidoso le violenta. ¿Qué tanto te influye ese ruido, te afecta? ¿Cómo vives esa dualidad?
Mira, te podría decir que no me afecta, pero claro que me afecta. Es un ruido que no es de ahora, lleva ahí siempre. Lo que pasa es que también creo que lo he podido convertir en algo bonito, en una reflexión. Me afecta en algunos momentos, pues sobre todo porque uno tiene familia, pero después de pensarlo, yo creo que tengo mis objetivos bastante claros. Me ha afectado temporalmente, pero para nada en mi manera de crear, ni en mi manera de manifestarme, ni en mi manera de ser. Más que afectarme, me asombra. Soy consciente de que son cuatro desgraciados que no pertenecen ni a la cultura, ni al teatro, ni siquiera flamenco. No hay juicio artístico, entonces, me asombra que haya gente que todavía pueda pensar así. Pero también me gustaría decir que no nos tenemos que acostumbrar, no nos debemos acostumbrar a que en las redes sociales haya tanta violencia, las leyes tendrían que actualizarse un poco para que no siga ocurriendo. Y también tengo que decir que he recibido violencia en redes, pero también mucho apoyo, una avalancha de apoyo, de compañeros y público y eso es con lo que me quedo.
Muerta de amor nació vinculado al Flamenco Festival, con el que además tú tienes una relación muy especial, también ha pasado por allí Viva y este año estarás en la gala flamenca. Con todo lo que está pasando en Estados Unidos, ¿cómo lo vives tú desde tu propuesta artística?
Estuvimos el año pasado en Nueva York con esta obra y la verdad es que para nosotros fue una noche increíble. El Flamenco Festival tiene un público que ya nos espera, nos conoce, es muy aficionado… Había coplas que se las sabían y las cantaban. El público que tengo así cercano me dice que ven muy necesario también compartir esto allí, sobre todo por el momento que están viviendo. Además, es un público superentusiasta. Para ellos es un abrazo, un soplo de energía.
¿Y eso te influye a ti de alguna manera?
Yo intento no pensar mucho, porque a veces es complicado. Además, intento que sean días normales, para quitarle un poco de dimensión a esas cosas, porque a veces uno lo piensa y puede darte un poco de pánico escénico, de vértigo.
Este espectáculo es una celebración del amor, estamos todo el rato hablando del amor: ¿Qué enamora hoy a Manuel Liñán?
(Silencio) Yo es que soy superenamoradizo, creo. Me enamora un gesto de cariño, una propuesta artística, una noche loca sin planes, un museo… Me enamoran muchas cosas: el teatro me enamora, ver una función y disfrutar…
¿Y qué has visto últimamente que te haya enamorado?
Uy, yo voy mucho al teatro. Lo último que he visto que me ha enamorado es lo de Rocío Molina [Calentamiento], lo de La Veronal [La mort i la primavera], que también fue maravilloso…
Además de Muerta de amor aún sigues en los escenarios con otras obras aún vivas. A nivel creativo, ¿estás metido en algo?
Pues ahora mismo no estoy pensando en nada concreto. Empiezan a seducirme cosas, pero no estoy creando nada. Cuando hago un espectáculo con una trama como Muerta de amor, Pie de hierro o Viva, etc, siempre parto de ideas que necesitan tiempo. Necesito reflexionar sobre lo que lo que está, que sea algo que se quede, que no sea un antojo, que no sea hacer por hacer. Entonces, ahora mismo no hay nada claro en la cabeza. Empiezan como a venirme imágenes, pero nada concreto, no. Ahora mismo estoy deseando subirme al escenario del teatro de la Zarzuela porque es un teatro que nunca ha bailado y me hace una ilusión tremenda, me parece tan bonito… Me da muy buena energía.

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