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Entrevista a Ernestina van de Noort.

Directora de la Bienal de Flamenco Países Bajos.
14 de enero de 2015
Entrevista: Silvia Cruz

V Bienal de Flamenco de los Países Bajos - Toda la información

“Al público holandés le atrae el flamenco que se aleja de clichés”

Ernestina van de Noort es una holandesa que se enamoró del flamenco haciendo autostop en España. Dicho así, cualquier tópico podría caber en esa historia que ella cuenta a carcajadas pero entre los muchos guiris que han aterrizado en España y se han interesado por este arte hay pocos que hayan acabado ahondando en él como ella y organizando una bienal que este año cumple su quinta edición. Aquella chica que aterrizó en España en los ochenta asegura que cuando escuchó cantar a un pastor debajo de un puente cerca de Málaga, su único contacto con el flamenco era la película de Carlos Saura. Pero enseguida comprendió que ahí había un mundo por descubrir. Ni el tópico ni el costumbrismo parecen ir con ella y reconoce que en su viaje, como en el de tantos europeos que viajaban entonces por España las percepciones y las experiencias estaban cuajadas de un falso romanticismo. Aún así, ella detectó que en el flamenco, lejos de tópicos y postales, había profundidad y muchas posibilidades artísticas y estéticas. Y buceó hasta encontrarlas. 

Entrevista Ernestina van der Noor

“Yo entonces estudiaba traducción en la universidad, inglés y francés principalmente, pero después de esa experiencia me puse con el español en serio. Empecé a viajar, quise instalarme un tiempo en Sevilla y allí me matriculé en una academia. Y es uno de los mejores regalos que me he hecho a mi misma”, dice esta mujer que en el momento de la entrevista se encuentra agotada y excitada a partes iguales. El esfuerzo es evidente: organizar una bienal que durará del 16 de enero hasta el 3 de febrero con sedes en Ámsterdam, Eindhoven, Róterdam, La Haya y Utrecht no es cualquier cosa. “Solo cuando faltan unos meses formo el equipo, que es de unas diez personas pero el resto del tiempo estoy sola buscando artistas y lo que es cada vez más difícil: financiación”, explica Ernestina que en algún momento en este punto de la conversación emplea la palabra “mendigar”. 

Recortes en las ayudas

La Bienal holandesa es una empresa cultural independiente, no tiene ayudas estructurales de teatros o de una provincia como les pasa, por ejemplo, a Mont-de-Marsan o a la Bienal de Sevilla. “Yo a esos festivales los miro con envidia pues el 80% de mi tiempo se va en buscar el dinero para poder celebrar el mío.” Asegura que en los últimos tiempos hay una dificultad añadida: “Las políticas de derechas que se ejecutan hoy en Holanda han supuesto recortes del 40% en cultura y se nota. Las salas, que nos ayudan a pagar los cachés de los artistas, también los han sufrido y por tanto, se ha reducido su aportación a nuestro proyecto.” 

En entrevistas anteriores, Ernestina había hecho referencia a los altos cachés de los artistas flamencos. Y a pesar de la situación de crisis económica, se reafirma en que siguen siendo altos en comparación con lo que se paga en Holanda. “Las grandes compañías siguen teniendo honorarios muy elevados. Con los artistas suelo negociar a título individual porque la realidad es que yo tengo ahora menos presupuesto que en años anteriores y tengo que hacer encaje de bolillos para que cuadren los números.” Pero no todo son quejas: la evolución del festival, la buena afluencia de público y la calidad de los espectáculos han hecho que sus inversores sean fieles y sigan apostando por él.  Y en lo referente a la venta de entradas se muestra satisfecha. “Yo espero que estemos entre el 95% y el 100% de aforo, como en otras ediciones. Ahora hay una tendencia a comprar en el último, momento y soy consciente de que tenemos un festival justo después de Navidades”, explica para confirmar horas después que para el show inaugural, Los invitados de Belén Maya, ya no quedan localidades. 

Entrevista Ernestina van der Noor

El cruce de caminos como ‘leitmotiv’

Ernestina, codirectora junto a Martijn van Beenen de un documental centrado en la vida y obra de la saga de guitarristas jerezanos de los Morao, conoce de cerca las entretelas de lo jondo. Es, además, una exigente espectadora sin pelos en la lengua que en alguna ocasión ha comentado que uno de sus objetivos con su Bienal de Flamenco de Países Bajos era sacar a la luz el ritmo escondido de los holandeses. Y al preguntarle por esta cuestión, afirma con rotundidad y orgullo que lo ha conseguido. “Cuando empezamos, había una imagen muy tópica del flamenco y este festival ha conseguido mostrar las posibilidades de este arte, su capacidad para dialogar con otras culturas y disciplinas y las posibilidades estéticas que ofrece.” Cree que al público holandés no se le puede entrar desde los lunares y la peineta: hay que enseñarle que el flamenco puede ser muchas cosas en las que ellos sí están interesados. Por ejemplo, contemporáneo. 

“Al público holandés le atrae el flamenco que se aleja de los clichés. Por eso invertimos tiempo y dinero en unas producciones propias que buscan el diálogo con otras corrientes y otras culturas.” Y ahí, poniendo en contacto a artistas con diferentes orígenes e ideas, es donde Ernestina disfruta al máximo. Lo hizo en otras ediciones con Rosario La Tremendita al unirla en Qasida con Mohammed Motamedi y en la aventura de Arcángel con el flautista búlgaro Theodosii Spassov, por poner un par de ejemplos. Este año, su apuesta es la unión entre los miembros de Ultrahigh Flamenco, expertos improvisadores, con tres músicos de jazz holandeses consolidados: Oene Van Geel, Maarten Ornstein y Tony Roe. Cada año busca un leitmotiv para su gran fiesta flamenca y este año es el cruce de caminos, algo que queda bien reflejado en esta apuesta jazzera y flamenca que forma parte de un programa que no renuncia a los clásico, pues uno de los platos fuertes es el espectáculo que ofrecerán al alimón el Pele y Farruquito. 

A la conquista de nuevos aficionados

Para Ernestina, su proyecto más que un evento flamenco es un “gran festival de música y danza alrededor del flamenco.” La elección de su artista residente también es elocuente al respecto: Renaud Garcia-Fons. “Lo elegí porque con él queda claro que sólo hay dos tipos de música: la buena y la mala. Rompe con las etiquetas y se atreve con todo: jazz, flamenco, músicas del mundo… Y todo lo hace bien. Es aventurero, sutil y trabaja la música de una forma muy seria.” 

Ampliar el público en un país pequeño es complicado y por eso una de las estrategias de Ernestina para atraer a nuevos espectadores es estimular su curiosidad. “Este año hemos recurrido a espacios pequeños como teatros municipales o centros de danza moderna donde no se programa flamenco para despertar la curiosidad e intentar captar nuevos aficionados.” 

Ella conoce de cerca a flamencos y al flamenco. Sabe que puede tocar a públicos más amplios y diversos y trabaja para ello.  Conociendo un lado y otro de la orilla, sabe que el terreno por explorar es amplio. Su humor es contagioso y conoce y practica la guasa. Al preguntarle qué palo del flamenco le atribuiría al público de su país es ácida y jocosa: “Lo que no le atribuiría seguro es una bulería”, contesta muerta de risa. “Algo como una siguiriya o una petenera nos iría mejor. Es que en Holanda somos de quejarnos mucho y por todo.” 

Cartel Flamenco Biennale