Título. Jerez, con nombre de mujer. Dirección: Mercedes Ruiz. Dirección musical: Santiago Lara. Baile: Mercedes Ruiz, Leonor Leal y Salomé Ramírez. Cante: Melchora Ortega, Felipa del Moreno y Tamara Tañé. Guitarra: Santiago Lara y Javier Ibáñez. Colaboración especial: Angelita Gómez, Ana María López, La Chiqui de Jerez. Percusión: Perico Navarro. Palmas: Javier Peña y Fernando Martínez. Niñas bailaoras: Lucía Valladares, Valeria Vidal, Lucía Cabo. Voz: Pastora Lara. Fecha: 28 de febrero de 2026. Lugar: Teatro Villamarta. Festival de Jerez.
Galería fotografía por Ana Palma & vídeo
No las vimos sólo bailar. Lo que hicieron Mercedes Ruiz, Leonor Leal y Salomé Ramírez en la gala que este Día de Andalucía celebraba los 30 años del Festival de Jerez Con nombre de mujer fue celebrar la memoria viva del arte y mostrar el afecto, el mimo, la sensibilidad y la empatía con la que se relacionan las mujeres encima y debajo de las tablas.
Con un formato sencillo, la propuesta nos invitó desde el principio a un emotivo viaje donde pudimos participar de ese proceso de aprendizaje y transmisión de conocimiento que a lo largo de las décadas han ido dejando las maestras a las generaciones más recientes. Del mañana, que es hoy, al ayer, que es siempre.
Parece mentira, pero todavía hoy se hace necesaria esta reivindicación que permitió recordar a grandes flamencas de la tierra (Lola, La Paquera, María Soleá, La Serneta, La Piriñaca, Juana la Macarrona, La Moreno…) y a esas otras más desconocidas, como Isabelita y María Juana Ruiz (a las que llamaron las jerezanitas) y a las que realizan desde sus academias una labor casi siempre invisibilizada ha servido de estímulo y sostén.
Sólo hay que ver el ímpetu y la seguridad con la que pisaron el escenario las tres pequeñas artistas, Lucía Valladares, Valeria Vidal y Lucía Cabo, que revolucionaron el patio de butacas con su talento, para preguntarnos qué ocurre después para que perdamos esas ganas de comernos el mundo y asumamos un segundo plano.
Lo que vimos aquí fue un derroche de poderío y personalidad donde las tres protagonistas, arropadas por las magníficas voces de Felipa Moreno, Tamara Tañé y Melchora Ortega (-echamos de menos a palmeras para la ocasión-), actuaron desde la generosidad y la ternura que las mujeres llevan practicando desde que el mundo es mundo. Sino, que le pregunten a La Chiqui de Jerez, Ana María López y Angelita Gómez, que salió con su camiseta del festival y falda de ensayo recordando las horas de estudio que hay detrás de este festival de la fantasía.
Pienso, de hecho, cuán diferente hubiera sido un espectáculo que reuniera a figuras masculinas. Si hubiese existido en este caso el mismo miramiento y respeto hacia las mayores y el mismo impulso a las que llegan. Si serían capaces de compartir escena con la fraternidad con que lo hicieron Ruiz, Leal y Salomé Ramírez. Entre otras cosas, porque mientras ellos han sido educados para la pelea y el triunfo, nosotras hemos estado apoyándonos.
Igual que la periodista Claudia Gr. Moneo nos acerca las redes que tejen las mujeres mayores en este Jerez que tanto presume de hombría, estas bailaoras revelaron en el Villamarta la sororidad que hay detrás de los focos.
En lo artístico, la gala -con una mejorable iluminación-, supo mantener el ritmo con un repertorio diverso y coherente que construyó en lo musical Santiago Lara, cuya guitarra sirvió de estimulante banda sonora. Y, en la dramaturgia y coreografía, Mercedes Ruiz, que propuso un recorrido por distintas escenas desde La luna curiosa, que trajeron las niñas por bulerías con el eco de las voces femeninas del pasado, al epílogo. Un precioso fin de fiesta con todas juntas que fue un bellísimo encuentro intergeneracional en el que se reconocía a las maestras y las cantaoras pedían más puestos importantes para estas mujeres en una simpática versión de las rumbas El partidito por la mitad de Lola Flores.
Entre tanto, hubo piezas de lucimiento personal como la de Leonor Leal por farruca donde dio una lección de delicadeza y riqueza coreográfica en la que destacó la precisión de sus giros y el sonido firme de sus tacones. “¡Valiente!”, le dijeron desde el patio de butacas.
Con Mercedes Ruiz, que interpretó primero el garrotín y después peteneras, pudimos disfrutar de la soltura y naturalidad con que movió la bata de cola y acompañó con los palillos el cante de una doliente Felipa del Moreno, en uno de los momentos más emotivos de la noche. Y Salomé Ramírez señaló su firmeza y desplegó con dominio y plasticidad el mantón por malagueñas y bulerías por soleá.
Tres personalidades bailaoras completamente distintas, al final, que recuerdan que hay muchas maneras de ser flamencas y jerezanas. Y que el latido sigue creciendo. Por eso, más allá de la exhibición de baile y cante, pienso en el verdadero patrimonio que las mujeres atesoran. ¡Viva Jerez y sus mujeres!, se oyó.
– Galería fotografía por Ana Palma & vídeo – – Especial Festival de Jerez 2026
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