Esperanza Fernández
Aluricán en Azul y Verde
Teatro Albéniz. Madrid. 1 de febrero, 2007. 20.30h
1ª Parte. “Eternidad” Cante Paco Fernández, palmas José Manuel Ramos y Miguel Vargas.
2ª Parte. Rafael de Utrera. Baile Angelita Vargas, Carmen Ledesma y Fernanda Peña. Guitarras Antonio Moya y Curro Vargas. Palmas Antonio el Pelao, vicente Romaní y Gonzalo Peña. Colaboración especial Sevi Bacán.
Texto: Manuel Moraga Fotos: Rafael Manjavacas Lara
La noche tuvo un inevitable aire lebrijano, ya que aun siendo trianera, la mitad de la sangre de Esperanza Fernández procede de esta localidad sevillana. La naturalidad fue el modo dominante y, en consecuencia, el carácter gitano de cuantos subieron al escenario inundó todos y cada uno de los números que vimos. Noche para paladares exquisitos.
Anoche pudimos ver a Esperanza Fernández en su faceta más gitana. Esta excepcional cantaora ha presentado propuestas muy diferentes a lo largo de su vida artística y últimamente la habíamos visto cantando junto al piano Dorantes o con la orquesta del jazzista Jean Marc Padovani. Son conceptos más pulidos, más cerebrales, pero anoche se nos presentó la Esperanza Fernández más genuina, más fiel a su raíz, al mundo flamenco que ha sido el substrato de su arte. Esperanza Fernández al natural. Tenía una voz menos limpia que en otras ocasiones, lo que añadió a su cante un color precioso y le obligó a una pelea más viva, más emocionante. Desde el primer momento irradió gitanería, al igual que su hermano Paco Fernández que estuvo a la guitarra. Hasta cantes como la farruca sonaba distinta, con un intención especial. Se fue templando por soleá y fue exponiéndose cada vez más con las alegrías y la siguiriya. La voz, ya aterciopelada, sonó gitanísima por tangos trianeros y remató por bulerías al son de Lebrija, pero de amplio recorrido, cantadas y bailadas por la propia Esperanza Fernández. Una gozada. Paco estuvo también muy solvente, ofreciendo una guitarra muy personal, muy de pellizco, con mucha intención e insinuación: más que dibujar, las esbozaba las melodías. Una guitarra muy directa, nada barroca, dejando cantar y recogiendo en los momentos precisos el testigo del cante. El público aplaudió con ganas a Esperanza y también a Paco.
Con ese buen ánimo fuimos al descanso, pero ya no caímos en el error de cruzar la calle para que el camarero más torpe de Madrid nos desesperara. No obstante, me asomé, observé las caras de los sufridos clientes y pude comprobar cómo ese señor es capaz de provocar una crisis de ansiedad al mismísimo Job.
Y si en la primera parte Esperanza Fernández ya había dejado patente su ascendencia lebrijana, el segundo espectáculo nos metió directamente en ese bendito pueblo. Quienes me conocen saben de mi debilidad por el flamenco de Lebrija, de modo que mi juicio está de alguna forma condicionado de antemano. Pero no creo exagerar si digo que “Aluricán en Azul y Verde” colmó con creces las expectativas despertadas. La obra, dirigida por Tere Peña, es un homenaje a ese gran guitarrista, cantaor y sabio que fue Pedro Bacán.
El hijo de Pedro Bacán, Sevi, abrió el espectáculo tocando la guitarra de su padre, que dejó después apoyada en una silla vacía. La hermana de Pedro, Inés Bacán -la dulzura personificada-inauguró el cante con una nana que se instaló directamente en la médula espinal. La emoción recorrió todo el cuerpo. No se puede cantar una nana con tanta jondura.Siguió Pepa de Benito con fandangos por soleá, y Rafael de Utrera se tuvo que pelear más de la cuenta unas alegrías que bailó con arte Carmen Ledesma. Y así fueron turnándose unos y otros. Inés, por ejemplo, volvió a hacer tambalear los cimientos de las emociones cantando por siguiriyas con esa extraña mezcla de dramatismo, voz opaca y exquisita sensibilidad. Un prodigio. Los cantes del troncal Pinini salieron también a escena gracias a Pepa de Benito, que también cantó por tangos, y Rafael de Utrera estuvo inmenso en la soleá que bailó Angelita Vargas. Las bulerías al aire lebrijano fueron también deliciosas con ese son reposado, hipnótico, sensual.
Nos extenderíamos demasiado si pormenorizamos cada uno de los buenos momentos sentidos, pero no puede dejar de destacarse el trabajo de Antonio Moya y Curro Vargas en las guitarras, así como el baile de Angelita Vargas, Carmen Ledesma y Fernanda Peña… En realidad es que todo estuvo bien, incluido el divertido paseo de los artistas por el pasillo central del patio de butacas, que nos hizo ver la cercanía y la grandeza de unos artistas cuya ascendencia llega a los orígenes mismos de este arte. El arte les acompaña desde la cuna. Es algo natural en ellos. Como dirían en mi pueblo, es“de nación”.
Reconforta encontrarse de vez en cuando con esta naturalidad. Naturalidad que tanto cuesta conseguir a quienes no han tenido la suerte de que el flamenco haya formado parte inseparable de su existencia. E insisto en reivindicar el lugar que Lebrija ha tenido y tiene en este arte, sin desmerecer a ningún otro núcleo flamenco,por supuesto. En este sentido -y destacando obviamente al homenajeado, Pedro Bacán- también están en mi mente artistas tan importantes como Miguel Funi, Manuel de Paula o Curro Malena, por ejemplo.
Esperanza Fernández
Aluricán en Azul y Verde
Teatro Albéniz. Madrid. 1 de febrero, 2007. 20.30h
1ª Parte. “Eternidad” Cante Paco Fernández, palmas José Manuel Ramos y Miguel Vargas.
2ª Parte. Rafael de Utrera. Baile Angelita Vargas, Carmen Ledesma y Fernanda Peña. Guitarras Antonio Moya y Curro Vargas. Palmas Antonio el Pelao, vicente Romaní y Gonzalo Peña. Colaboración especial Sevi Bacán.
Texto: Manuel Moraga Fotos: Rafael Manjavacas Lara
La noche tuvo un inevitable aire lebrijano, ya que aun siendo trianera, la mitad de la sangre de Esperanza Fernández procede de esta localidad sevillana. La naturalidad fue el modo dominante y, en consecuencia, el carácter gitano de cuantos subieron al escenario inundó todos y cada uno de los números que vimos. Noche para paladares exquisitos.
Anoche pudimos ver a Esperanza Fernández en su faceta más gitana. Esta excepcional cantaora ha presentado propuestas muy diferentes a lo largo de su vida artística y últimamente la habíamos visto cantando junto al piano Dorantes o con la orquesta del jazzista Jean Marc Padovani. Son conceptos más pulidos, más cerebrales, pero anoche se nos presentó la Esperanza Fernández más genuina, más fiel a su raíz, al mundo flamenco que ha sido el substrato de su arte. Esperanza Fernández al natural. Tenía una voz menos limpia que en otras ocasiones, lo que añadió a su cante un color precioso y le obligó a una pelea más viva, más emocionante. Desde el primer momento irradió gitanería, al igual que su hermano Paco Fernández que estuvo a la guitarra. Hasta cantes como la farruca sonaba distinta, con un intención especial. Se fue templando por soleá y fue exponiéndose cada vez más con las alegrías y la siguiriya. La voz, ya aterciopelada, sonó gitanísima por tangos trianeros y remató por bulerías al son de Lebrija, pero de amplio recorrido, cantadas y bailadas por la propia Esperanza Fernández. Una gozada. Paco estuvo también muy solvente, ofreciendo una guitarra muy personal, muy de pellizco, con mucha intención e insinuación: más que dibujar, las esbozaba las melodías. Una guitarra muy directa, nada barroca, dejando cantar y recogiendo en los momentos precisos el testigo del cante. El público aplaudió con ganas a Esperanza y también a Paco.
Con ese buen ánimo fuimos al descanso, pero ya no caímos en el error de cruzar la calle para que el camarero más torpe de Madrid nos desesperara. No obstante, me asomé, observé las caras de los sufridos clientes y pude comprobar cómo ese señor es capaz de provocar una crisis de ansiedad al mismísimo Job.
Y si en la primera parte Esperanza Fernández ya había dejado patente su ascendencia lebrijana, el segundo espectáculo nos metió directamente en ese bendito pueblo. Quienes me conocen saben de mi debilidad por el flamenco de Lebrija, de modo que mi juicio está de alguna forma condicionado de antemano. Pero no creo exagerar si digo que “Aluricán en Azul y Verde” colmó con creces las expectativas despertadas. La obra, dirigida por Tere Peña, es un homenaje a ese gran guitarrista, cantaor y sabio que fue Pedro Bacán.
El hijo de Pedro Bacán, Sevi, abrió el espectáculo tocando la guitarra de su padre, que dejó después apoyada en una silla vacía. La hermana de Pedro, Inés Bacán -la dulzura personificada-inauguró el cante con una nana que se instaló directamente en la médula espinal. La emoción recorrió todo el cuerpo. No se puede cantar una nana con tanta jondura.Siguió Pepa de Benito con fandangos por soleá, y Rafael de Utrera se tuvo que pelear más de la cuenta unas alegrías que bailó con arte Carmen Ledesma. Y así fueron turnándose unos y otros. Inés, por ejemplo, volvió a hacer tambalear los cimientos de las emociones cantando por siguiriyas con esa extraña mezcla de dramatismo, voz opaca y exquisita sensibilidad. Un prodigio. Los cantes del troncal Pinini salieron también a escena gracias a Pepa de Benito, que también cantó por tangos, y Rafael de Utrera estuvo inmenso en la soleá que bailó Angelita Vargas. Las bulerías al aire lebrijano fueron también deliciosas con ese son reposado, hipnótico, sensual.
Nos extenderíamos demasiado si pormenorizamos cada uno de los buenos momentos sentidos, pero no puede dejar de destacarse el trabajo de Antonio Moya y Curro Vargas en las guitarras, así como el baile de Angelita Vargas, Carmen Ledesma y Fernanda Peña… En realidad es que todo estuvo bien, incluido el divertido paseo de los artistas por el pasillo central del patio de butacas, que nos hizo ver la cercanía y la grandeza de unos artistas cuya ascendencia llega a los orígenes mismos de este arte. El arte les acompaña desde la cuna. Es algo natural en ellos. Como dirían en mi pueblo, es“de nación”.
Reconforta encontrarse de vez en cuando con esta naturalidad. Naturalidad que tanto cuesta conseguir a quienes no han tenido la suerte de que el flamenco haya formado parte inseparable de su existencia. E insisto en reivindicar el lugar que Lebrija ha tenido y tiene en este arte, sin desmerecer a ningún otro núcleo flamenco,por supuesto. En este sentido -y destacando obviamente al homenajeado, Pedro Bacán- también están en mi mente artistas tan importantes como Miguel Funi, Manuel de Paula o Curro Malena, por ejemplo.
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