Y se hizo el silencio. Las palmas entusiastas y los improvisados jaleos que el público leonés ha estado expresando en esta cuarta edición del Bierzo al Toque, fruto del furor por lo flamenco, se fueron apaciguando conforme la voz serena, impoluta y firme de Arcángel encabalgaba letras y melismas sin dejar espacio siquiera para el aplauso.
Como por arte magia, la enorme sala de las Turbinas que acoge los conciertos de este festival, “que cada año ocupa con más facilidad sus filas con nuevos aficionados”, se fue empequeñeciendo con su cante envolvente y cautivador. Y donde el viernes con Farruquito veíamos un mastodóntico salón, este sábado me sentí en una acogedora salita en la que cabían sólo los músicos y yo.
Entre la excitación y el recogimiento, Arcángel elige siempre lo segundo porque prefiere, o igual necesita, generar esa atmósfera sosegada para invocar la magia. “Perdonen que no hable mucho, pero es por una cuestión de concentración”, se disculpó cuando llevaba ya una hora de recital.
Desde este clima reposado, al que contribuyó también el pulcro sonido y el exquisito acompañamiento del elenco (con Francis Gómez a la guitarra, Fran Roca a los vientos y los Mellis a los coros y palmas y Lito Mamez a la percusión), el artista nos fue invitando a un agradable viaje por la copla que interpretaron los flamencos, como adelanto del espectáculo que estrenará el próximo septiembre en la Bienal de Flamenco de Sevilla y que lleva por título La copla del cante. “Lo que buscamos es navegar por esos dos mundos que un día convergieron en voces de figuras como Pepe Pinto, Caracol, Valderrama, La Paquera de Jerez o El Sevillano”, explicaba.
Las reconocibles -y poderosas- letras de clásicos de la canción española como Te he de querer mientras viva, María de la O, El emigrante o Triniá, revisadas con nuevos arreglos que buscaban a veces una mayor contención que en el éxtasis coplero y otras una intencionalidad nueva, se fueron mezclando con naturalidad con las de fandangos, seguiriyas, caña, soleares, tarantas, zambras o tangos clásicos e inéditos en un recital engarzado y sugerente. Que, por cierto, en el formato y el concepto nos evocó al recordado Zambra 5.1, el homenaje del artista a Manolo Caracol estrenado hace casi dos décadas.
Tras la arrebatadora actuación de Torombo, La Repompa y Pepe Torres, tres de los bailaores más personales y naturales de la escena jonda actual que junto al genial Ramón Amador a la guitarra y el cante de Pepe de Pura y Antonio Zuñiga, contagiaron de su Enjundia a un público entregado, Arcángel puso el broche de oro a este Bierzo al Toque con una interesante amalgama musical que lo sitúa como uno de los cantaores jondos más versátiles y creativos. Demostrando, además, que la emoción flamenca se revela también en lo sutil.
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