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FESTIVAL FLAMENCO CAJAMADRID 2007
Serranito / Miguel Poveda
Teatro Albéniz. Madrid. 31 de enero, 2007. 20.30h
1ª parte. Entrega del Galardón Flamenco Calle de Alcalá 2007.
Guitarra en concierto Victor Monge 'Serranito' con Ángel Muñoz baile y palmas; Victor Monge 'Junior' percusión; Charo Espino palmas.
2ªparte: Rocio Molina, baile.
Texto: Sonia Martínez Pariente
Fotos: Rafael Manjavacas Lara
FLAMENCO DE LUJO
En la décimoquinta edición del festival Caja de Madrid, el Galardón Flamenco Callede Alcalá, que se concede a artistas consagrados ligados artísticamente a Madrid, fue otorgado al guitarrista madrileño Víctor Monje ”Serranito”. El tocaor para agradecer este reconocimiento, se puso el trofeo en el corazón, el lugar que para él merecía este premio.

Ángel Álvarez Caballero, Félix Grande, Alejandro Reyes, Serranito y José María Velázquez Gaztelu
Serranito nos trasladó a la guitarra flamenca clásica, a la sobriedad, al toque puro y duro. Afortunadamente en el mundo de la guitarra flamenca hay figuras que ofrecen numerosas propuestas. En la actualidad prima el guitarrista virtuoso, que incorpora otros instrumentos, otras músicas… logrando brillantes actuaciones. Pero siempre viene bien contemplar, sobre todo para el público más joven, el toque de una figura como Serranito, que se sienta en su silla, y solo él, con su guitarra, toca por tarantas, soleá, granaínas, farruca, seguiriyas… a la antigua usanza. Víctor Monje ofreció diversas piezas de su dilatada obra, algunas que no tocaba desde hace mucho tiempo, como el mismo reconoció con la farruca que resultó una de las piezas mas sentidas. Todo lo tocó con maestría, serenidad, pureza, dando toda una lección. También tuvo cabida el baile. El bailaor Ángel Muñoz adornó el zapateado que interpretó Serranito, apelando a la tradición y cargado de clase. Por alegrías el guitarrista hasta se animó a echarse un cantecito: “me han entrado ganas de cantar y he dicho ¿por qué no?” explicó Serranito a la audiencia y desde luego un día es un día y este era uno muy especial para que Serranito diera rienda suelta a todo su arte.

El adjetivo de maestro se le da al artista que, como Serranito, se lo merece por sus meritos conseguidos a lo largo de su extensa carrera. Todavía hay que ser prudente para darle ese atributo a un joven cantaor, como Miguel Poveda, mas que nada, porque algo habrá que guardarse para cuando sea mayor. Y es que el catalán con el espectáculo que ofreció ayer, para presentar su nuevo disco “Tierra de calma”, cautivó de nuevo por su enorme calidad artística. Sorprende, contemplar, como es capaz de superarse en cada actuación. Él por sí, está dotado con una voz bella, dulce, sensible, flamenca, a la que cada vez saca mayor partido en sus tonos bajos, en sus quejios, en su forma de decir el cante. Si a ello se añade, que se ha rodeado de otros artistas de calidad, para acompañarle, nos encontramos ante un espectáculo al que no le faltó detalle. Primero resaltar la labor del guitarrista Juan Carlos Romero, responsable de haberle compuesto un buen disco. Miguel abrió con la farruca que da título a su nuevo trabajo, original y bella. El cantaor borda las alegrías. Demuestra su versatilidad con la malagueña y los abandolaos, su riqueza de registros en la soleá, su pureza en la tona.

Miguel Poveda – Rocio Molina
La bailaora Rocío Molina entra en escena. Con su baile quebrado y delicado decora el cante. En las Sevillanas ambos funden sus artes en un derroche de sensibilidad. Se ha sumado a ellos el piano de Diego Amador, la minera la canta Miguel, solo con el toque de Diego, la pieza es de una seductora flamencura. En los tangos, en el cuplé por bulerías, el cantaor sigue manteniendo la emoción. El arte termina de desbordar el escenario cuando entra en acción Diego Carrasco, para dar la replica en cante y baile a Poveda, en las bulerías “Alfileres de colores”. Miguel hasta baila. Se llega al climax. Rocío Molina se marca unas poderosas bulerías con el acompañamiento de Poveda y Carrasco. El público pide más. Miguel vuelve a deleitar con una seguiriya y con un bello bolero de Lucho Gatica, por bulerías, dedicado a Pedro Almodovar, presente en el patio de butacas.
Para concluir, algún halago más para este concierto de Miguel Poveda: emocionante, conmovedor y generoso, porque en él se ofreció mucho arte. Un lujo.
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