Jueves
Flamencos de la Fundación El Monte
Merche Esmeralda “Ayer,
hoy y siempre”
Jueves, 16 de noviembre, 2006. 2100h. Sala Joaquín
Turina. Sevilla
Los diamantes son para siempre…
texto: Rubén Gutiérrez
Baile:
Merche Esmeralda, Nani Paños; Cante: Tamara Tañé,
Guadiana; Guitarra: José Arenas, Antonia Jiménez;
Violín: Juan Pablo Zielinsky; Percusión: Sergio
Martínez.
Segunda de abono de los “Jueves Flamencos”
de la Fundación El Monte, donde la bailaora sevillana
Merche Esmeralda cosechó un gran éxito, bien
arropada por su cuadro artístico.
El día comenzó muy gris en Sevilla, con un
aguacero más propio de la cornisa cantábrica
que de estas latitudes. Después de habernos empapado
durante la mañana por las céntricas calles de
esta capital buscamos el calor y el abrigo del Palacio de
Congresos, donde se estaba celebrando una nueva edición
de la Feria Mundial del Flamenco, junto el Mercado de las
Artes Escénicas, pero el paraje estaba igualmente desolador.
Los stands practicamente vacíos y muy poca gente por
el recinto ferial del Fibes. Cual personaje de Iam Fleming
llevábamos una dura jornada, pero pronto encontraríamos
nuestro preciado tesoro. Para ello solo tuvimos que acudir
a una nueva convocatoria del ciclo flamenco que se desarrolla
en la calle Laraña.
El cartel anunciaba “Ayer, hoy y siempre” de
la mano de Merche Esmeralda. La sevillana, después
de una larga ausencia de los escenarios, había reaparecido
en el Festival de Jerez, así como participado en los
de La Unión y en la gala de clausura de la última
Bienal de Flamenco de Sevilla, donde ya daba atisbos de la
propuesta que esta noche iba a ofrecernos. De este modo, todo
el elenco artístico la espera sobre las tablas entonando
los primeros compases por alegrías, y aperece una majestuosa
bata de cola roja en la escena, que junto con una mantón
blanco inmaculado, comenzarán a hacer las delicias
del respetable que llenaba el aforo.
Un compendio de baile rancio y
actual

Merche Esmeralda (foto Rafael Manjavacas)
La bailaora demuestra su veteranía ofreciéndonos
un compendio de baile rancio y actual. Su aprendizaje de la
Escuela Sevillana, unido a los muchos años que ha pasado
en Madrid, desde tablaos hasta conservatorio, hacen de Merche
Esmeralda uno de esos manuales danzantes, un digno espejo
donde mirarse futuras generaciones. La plasticidad está
mas que asegurada con sus braceos, a la vez que no ignora
los zapateados en su justa medida, añadido a la dificultad
del soberbio manejo de la bata de cola. Un baile que cumplió
a la perfección en cada una de las partes, donde igualmente
destacaron sus compañeros, reseñando la exoticidad
de Antonia a la guitarra.
Tras una merecida ovación llegaría el turno
de su partner esa noche. Un joven Nani Paños, pero
que demuestra estar en buenas manos. El programa anuncia una
farruca, y Nani la ejecuta con la sobriedad y elegancia que
caracteriza este baile. Vestido con un traje negro nos transmite
el aprendizaje que lleva realizando durante estos años,
aunque eso conlleva a alargar en exceso el baile.
Una de las grandes protagonistas de la pasada Bienal de Sevilla
fue sin duda la bata de cola, pues estuvo presente en la mayoría
de los espectáculos de baile. Gracias a la labor de
Matilde Coral, Milagros Mengibar o Merche Esmeralda, esta
bella técnica vuelve a estar en todo lo alto, y están
dando frutos como los de Luisa Palicio. Pues nuevamente fue
una bata de cola la compañera de Merche por soleá.
A lunares gris sobre fondo negro, una caracterízación
más propia de este baile con tintes mas trágicos.
Sus contorsiones nos evocan escenas pasadas, mientras que
su juego de hombros nos evocan las presentes; y esta piedra
preciosa nos quedará para siempre.
El cierre del espectáculo serán unos emotivos
tangos, donde Nani Paños y Merche Esmeralda irán
intercalando sus pataditas, hasta unirse en un sensual paso
a dos. Maestra y alumno en un todo, y un Guadiana que durante
toda la noche estuvo demostrando el porqué es un cantaor
de atrás, sitio donde verdaderamente se encuentra cómodo,
y más aún si delante tiene a tan magna bailaora.
Los comentarios finales referían que la duración
fue escueta, pero lo bueno si breve, dos veces bueno.
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