Rubén Olmo vuelve a jugársela. Después de la valentía y la generosidad que supuso apostar por Afanador, el director del Ballet Nacional de España (BNE) firma un programa doble que es, en realidad, un viaje de ida y vuelta en el tiempo: por un lado, la recuperación de Medea, coreografía ya clásica de José Granero con música de Manolo Sanlúcar, estrenada hace cuarenta años; por otro, la creación de Rafaela Carrasco junto a Ángeles Toledano como directora musical -conviene decirlo desde el principio, en un espectáculo donde la música pesa tanto como el baile- titulada Flamenco-Rock-Andaluz: una pieza fresca, original, diferente, y sin embargo tan reconociblemente del BNE como si llevara toda la vida en su repertorio.
Olmo entra en la recta final de su etapa al frente del Ballet Nacional de España: su contrato se agotará en 2027, cuando se cumplan los ocho años máximos que la ley permite dirigir la compañía estatal. Y aun así, o precisamente por eso, vuelve a jugársela. Se le recordará, sin duda, por su amor sin fisuras al baile y por su dominio enciclopédico del repertorio del clásico español -pocos bailarines y coreógrafos están tan hechos a la medida de lo que exige dirigir la principal compañía de danza española del Estado-, pero también por su capacidad de mirar hacia delante.
Los músicos se alzan sobre el escenario, suspendidos como en un altar, y en el centro reina una Ángeles Toledano majestuosa, que vuelve a desplegar todo su poderío vocal. No canta desde fuera: Toledano está curtida en el cante para el baile, sabe habitarlo. Firma la dirección musical, ha tomado el legado de Triana y lo ha hecho suyo, transformándolo, junto a la coreógrafa, en una partitura que sirve al cuerpo de baile y que, a la vez, es recreación propia, actual, personal. Como un regalo final, suena también Mamá tenías razón, de su disco Sangre sucia, que lleva paseando por los escenarios desde hace dos años.
La coreografía es Carrasco de la cabeza a los pies. No hay solos, no hay individualidades que se separen del conjunto: los bailarines se mueven en masa, en grupos que recorren la escena a un ritmo que no da tregua, que trazan diagonales y rectas, que se juntan y se deshacen sin dejar nunca de marcar el compás. Hay una limpieza casi quirúrgica en la interpretación, y destellos de pura belleza: un cuerpo que se desplaza, una mano que gira en el aire, un grupo entero respirando al unísono. El cuerpo de baile se convierte en público que rinde homenaje a los músicos y, al mismo tiempo, en cómplice que levanta la música junto a ellos.
La sala -de edad media avanzada y más que destacable que eligieran llenar el teatro pese a que en otro escenario, el de césped, la selección española masculina de fútbol se jugaba su pase a la final del Mundial- murmuraba su sorpresa ante lo que ocurría sobre el escenario, y se entregó después a una larga ovación, capaz de acompañar también el salto hacia el clasicismo que impone Medea. Allí, por encima de todo lo demás -que fue mucho, y muy bueno-, se alzó una Inmaculada Salomón imponente, hechicera esta noche del 14 de julio.
Salomón construye una Medea dramática sin ceder nunca al histrionismo. Su fuerza no está en el gesto grande, sino en la ductilidad del cuerpo, en la gestualidad de las manos, en la potencia contenida del baile: un gesto fiero que va mudando, acto tras acto, de mujer enamorada a vengadora sin piedad. Junto a ella, esta noche, un Jasón interpretado por Matías López, y una Creúsa que tomó el rostro de Cristina Aguilera -Estela Alonso la encarna el resto de funciones-. Completaron el reparto Currillo como Creonte, Lupe Gómez como Nodriza, y Javier Polonio y Alejandro García como espíritus, en uno de los muchos cruces de reparto que dibujan las ocho funciones que Salomón protagoniza en esta reposición.
Magnífica la iluminación de Freddy Gerlache, adaptada por Felipe Ramos, que persigue y multiplica cada gesto de la protagonista. Magníficos también el elenco y los músicos, que sostienen una partitura difícil y una obra que, cuarenta años después, sigue viva en la retina de quienes la vieron nacer. ¿No decía el tango que cuarenta años no son nada?
FICHA TÉCNICA
Flamenco-Rock-Andaluz / Medea
Ballet Nacional de España
Dirección: Rubén Olmo
Del 11 al 22 de julio, Teatro de la Zarzuela, Madrid
Flamenco-Rock-Andaluz
Dirección de escena y coreografía: Rafaela Carrasco
Ayudantes de coreografía: Carmen Angulo y Florencia Oz
Música: Jesús de la Rosa Luque, Ángeles Toledano, Harto Rodríguez
Adaptación musical y colaboración especial: Ángeles Toledano
Iluminación: Gloria Montesinos
Vestuario: Belén de la Quintana y Ballet Nacional de España
Músicos invitados (14 de julio): Ángeles Toledano, cantaora; Juanma Montoya, guitarra eléctrica; Benito Bernal, guitarra; Manu Masaedo, percusión
Estreno absoluto: 11 de julio de 2026, Teatro de la Zarzuela
Medea
Orquesta de la Comunidad de Madrid (ORCAM)
Director musical: Manuel Coves
Coreografía: José Granero
Reposición: Javier Palacios y Maribel Gallardo
Música: Manolo Sanlúcar
Escenografía: Andrea D’Odorico
Libreto y figurines: Miguel Narros, sobre la obra homónima de Séneca
Iluminación: Freddy Gerlache; adaptación: Felipe Ramos
Reparto (14 de julio):
Medea: Inmaculada Salomón
Jasón: Matías López
Creonte: Currillo
Creúsa: Cristina Aguilera
Nodriza: Lupe Gómez
Espíritus: Javier Polonio y Alejandro García
Niños: Daniela Ocaña y Darío Souza
Jóvenes: Ana Almagro, Irene Correa, Patricia Fernández, Laura Vargas
Músico invitado: Alejandro Hurtado, guitarrista solista
Músicos: Enrique Bermúdez, guitarra flamenca; Roberto Vozmediano, percusión flamenca
Estreno absoluto de Medea: 13 de julio de 1984, Teatro de la Zarzuela
Fotografías Fernando Marcos
