ISRAEL GALVÁN baila la rumba pero no el chachachá

El bailaor abrió la suma flamenca en los teatros del canal con un espectáculo gozoso indiscutiblemente rumbero. Dicen que gitano, cien por cien flamenco. En origen “El Dorado” se refiere a la sociedad flamenca El Dorado, un lugar en Barcelona donde conjugan el flamenco en presente, pasado y futuro. Una propuesta dedicada a la madre del bailaor, a su gitanidad. La cosa es que, estrenado hace tiempo, el espectáculo ha variado y en el programa se asegura que acaba por bulerías “por la gloria de su madre” pues ya les digo ya, que nananai, que no, que la cosa concluyó ayer con la “Leyenda del tiempo” y una variada colección de vítores y aplausos. Es verdad que pudieron rematar la faena y cumplir con las notas del programa con la clásica pataíta por bulerías, pero no le pidan a Israel por el lado del clasicismo por que lo suyo va por libre. 

Israel sale a escena dispuesto para hacer una sinfonía a la gitanidad, en frente tiene a los Mellis que dan lo mejor de sí mismos con las palmas y aquí vemos a Israel Galván bailando en plenitud y deconstruyendo el soniquete de los palmeros con los tacones. Y sabemos que es una rumba por el aire que se mueve y porque en un instante se desvela una palabra del estribillo: ¡SARANDONGA! Y ahí ustedes/vosotros se las apañan con la juerga desencadenada que se acerca al final porque suena un grito de Peret que anticipa el remate: CHIVIRI-CUCHIBIRI… pero estamos en clave sinfónica para palmas y tacones y debemos esperar lo inesperado y ahí suena un mensaje de la primera rumba (originalmente escrita por Compay Segundo y adaptada del son montuno a la rumba por Antonio González “Pesca”) e Israel se lleva la mano a la panza y los Mellis proclaman “Nos vamos a comer”. Y así nos han metido en una montaña rusa en la que suena rumba catalana, a su manera. 

El cartel de este año nos cuenta que el festival está dedicado a Carmen Amaya que tiene sus paralelismos con Israel Galván. Carmen bailaba para sobrevivir a la enfermedad renal que padecía, su baile le salvaba la vida, cada vez. Israel ha confesado que hace lo que hace para no aburrirse. Parece que le va bien buscar sonidos nuevos. Se mantiene un rato en una zona del escenario que está sonorizada para que el tacón reproduzca el impacto de la electrónica house en las discotecas. Ahora lo ha perfeccionado. Más tarde saldrá de la escena por un lado, la travesará por detrás del telón de fondo y volverá por el otro lado creando un efecto envolvente que yo escuché por primera vez en la secuencia inicial de la película “Apocalipse now” de F.F. Coppola con los helicópteros moviéndose por la sala de cine de izquierda a derecha. 

En la parte central del espectáculo los Mellis marcan el ritmo de “El bolero de Ravel” mientras Galván entona la melodía en un arreglo orquestal para “cuatro nudillos y dos tacones” que hace desvanecer de nuestra memoria la versión de Maurice Bejart de los años ochenta del siglo pasado. La rumba volvió de la mano y la voz de los Mellis que entonaron “La casa en el aire” (vallenato del colombiano Rafael Escalona que rumbearon Lola Flores y El Pesca). Lo hicieron al unísono, como se canta el chachachá; y también se animaron con un bolero clásico del Caribe, de esos de arrimarse. ¿Y flamenco? ¿No deconstruyeron un poco de flamenco clásico? Me susurran que un rato de soleá y otro de seguiriyas. Acabaron con “La leyenda del tiempo” un poema que Lorca dedicó, por el lado surrealista, a la teoría de la relatividad y a la mecánica cuántica que los físicos han tardado un siglo en explicar y que se entiende a la primera cuando la cantan Camarón o Morente.

Total que la rumba prevalece sobre todo lo demás. Después de ofrecer este año un master en rumbas no sé si la rumba es flamenco o no, si es nuestro rock & roll más genuino o no. Me da igual. Puedo defender una cosa y la contraria como en la película “Jaleo” de Isaki de la Cuesta. La sensación que ofrece “el Dorado” es que todo el mundo sale con una sonrisa sin las habituales preguntas suscitadas por el baile contemporáneo. Por una vez, aquí se entiende todo y lo que no se entiende, se baila, cada quién en el estilo de cada cual. 

ISRAEL GALVÁN. “EL DORADO”. Madrid. Suma Flamenca. Teatros del canal. Sala Verde. 
Concepción, coreografía y baile: Israel Galván
Palmas: Los Mellis de Huelva
Sonido y Dirección técnica: Pedro León
Luces: Benito Jiménez
Dirección de producción: Rosario Gallardo
Producción: IGALVAN COMPANY
En colaboración con INAEM- Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música

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