Israel Fernández y el enigma de la reverb

Israel Fernández es uno de los grandes nombres del cante y tiene gancho para atraer a las masas. Eso es una gran noticia para los aficionados que continuamente se preguntan ¿Qué podemos hacer para atraer a los jóvenes al flamenco?. 

-Nada, no pueden hacer nada, porque ya están aquí.

Hace unos años participé en una tertulia política en la que se hablaba sobre Camarón. Me quejé de que los políticos usurparan a los artistas el territorio emocional, lo suyo debe ser el imperio de la razón. No les gustó. Dijeron que lo de Rosalía de la primera época no era flamenco. Eso no me gustó a mí. Y luego volvieron a la pregunta ¿Qué hacemos con los jóvenes? 

Con el circo Price lleno para ver a Israel, le preguntamos a unos veinteañeros si les gustaba el flamenco. 

-A nosotros nos gusta Israel.

En esta suma flamenca hemos visto a muchos jóvenes especialmente en el baile de Manuel Liñán, Rocío Molina o Estévez y Paños. Una muchachada eufórica que se manifiesta ruidosamente al final del espectáculo y que seguramente está compuesta en su mayoría por estudiantes de danza y que, por tanto, saben del valor del esfuerzo y el talento.

ABRIRSE DE OREJAS

Cada año el festival flamenco de Nueva York organiza una matiné para escolares de 7 a 15 años. Tenía a Sara Baras detrás de mi butaca viendo como su compañía ofrecía una antología de su espectáculo a la espera de su rutilante estreno de esa misma noche. Ya saben que las estrellas se deben reservar para ese momento. Pero la Baras saltó de su butaca, movilizó el vestuario, cambió el guión y salió a bailar delante de mil escolares. “No me lo podía perder” dijo por la noche. Aún recuerdo la cara de asombro de Israel Fernández cuando vio aparecer a su jefa vestida para bailar.

Nuestro sistema educativo no contempla la posibilidad de que el flamenco y nuestra música popular ayude a entender materias como la filosofía, las matemáticas o la historia. Marca España.

Y EL CONCIERTO ¿QUÉ?

Salió Israel Fernández acompañado por Antonio El Relojero interpretando unas “granaínas” al estilo antiguo (osea pre-pacodelucía). Eso forma parte del disco “por amor al cante” publicado en el 2024 y grabado en diversas peñas flamencas. En algunas de estas peñas con ansias por rejuvenecerse hay un entusiasmo ¿casi-adolescente? En otras impera aquello de “en el flamenco como en misa”. Hablando de eso… ¿No hay un eco en la voz de Israel que suena con la misma reverberación de las catedrales?

Al Relojero le molestan los focos y le tienen que ayudar a encontrar el camino de salida del escenario tras el segundo cante. Ahí aparece Diego del Morao, la gran estrella actual de la dinastía de los Moraos, compadre de Israel desde que inició su aventura en solitario. El cantaor explica el cante por seguiriyas y esa manera de expresar el dolor, le dedica ese cante a las víctimas del accidente en la línea del tren de alta velocidad. Israel canta en plenitud de facultades buscando y encontrando tonos y melismas que mezclan la belleza y el dolor. ¡Ay!

Israel ha convertido el acompañamiento en una lección de historia del flamenco y se adapta al estilo añejo de El Relojero y al dinamismo del Morao. No se aprecia una diferencia significativa en su manera de cantar, al menos desde mi punto de vista. Las guitarras suenan estupendamente pero la voz sigue sonando con un eco persistente. No se debe a la acústica del local, es algo que se magnifica con un botón en la mesa de sonido que atiende por el nombre de reverb y que ayuda a los cantaores a sentirse a gusto con su voz. Todos la usan y molesta cuando se abusa. Hay casos significativos como el disco “La leyenda del tiempo” que se intentó matizar en la última edición remasterizada dirigida por su productor Ricardo Pachón.

Uno se pregunta por qué no se alzan las voces desde el público reclamando al técnico de turno que mitigue la tortura y acabe con esa sensación de eco. Pero parece que a la mayoría del público no le molesta o está tan focalizado en el arte que tiene ante los ojos que parece que no les afecta a sus oídos.

Con el cambio de turno del tocaor Israel se relaja y hace una broma sobre las dificultades que tiene el Morao con las bulerías. “Vamos a intentarlo” dice, y por si hay algún despistado se levanta y besa en la frente a Diego que flota sobre las bulerías como si hiciera surf con ellas. Hace años que estamos esperando el segundo disco de Diego del Morao pero nadie tiene prisa por sacar discos nuevos. El directo manda. ¡Mecachis!

El concierto finaliza con los tres protagonistas por fandangos, primero el Morao, después el Relojero. La mayoría del público despide a los artistas puesto en pie. Yo sigo sin entenderlo. A la salida pregunto a los colegas. Unos cuantos me dicen lo mismo: “Ahora que lo dices, parecían dos conciertos; por un lado la voz, por el otro las guitarras”. 

Fotografías & vídeos: @Manjavacas.flamenco

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