Cuando lo antiguo es lo de Ketama

La clase obrera viaja en el tren de cercanías. Los fines de semana los trabajadores que regresan a sus casas se cruzan con los hijos de los currantes que salen de fiesta. Ir cada año al centro cultural Pilar Miró en tren me recuerda los peores atentados de la historia de España. Pasas por las estaciones de Santa Eugenia, Vallecas, El Pozo del tío Raimundo, Atocha… y no necesitas monolitos, ni velas encendidas que me lo recuerden. El Capullo de Jerez escribió un cante que interpreta con la voz rota (la suya) a la que añade el dolor propio y el de clase.

La vida sigue y te encuentras con Kaele Jiménez un prodigio que tiene veintitantos años, muy pocos para el jazz y casi nada para el flamenco. Kaele asegura que le encanta lo antiguo, lo de los años ochenta, lo de Ketama. A los veteranos como yo nos dan ganas de golpearnos el pecho como los gorilas en la niebla y gritar:

-¿Antiguo yo? ¡Eso no me lo dices en la calle! ¡Ahí junto a las vías del tren!

No gritas ni montas el número porque Kaele Jiménez es una criatura a la que hay que querer y escuchar porque ha aprendido a tocar jazz solo en casa con un piano y los programas de radio del Cifu que ya en los ochenta nos parecía “re-que-te-antiguo”. Cifu era un contador de historias y entre batalla y batalla ponía algo de música. Cifu vivía los años ochenta con nostalgia de veinte años atrás. A primera vista parecía que no le interesaba lo que ocurría allí (en los 80) en el que el jazz español despegó con un puñado de aguerridos músicos de jazz a los que le sobraba pasión y se convirtieron en flamencos por la gloria de Camarón y Paco. 

Lo de Kaele tiene mérito, a su lado está Antonio Serrano que toca la armónica como los ángeles, con algún diablo llegado del blues y del flamenco. Premio Nacional de Música que fue reclutado por Paco de Lucía para el flamenco y la gloria bendita. Convertido en flamenco de la noche a la mañana por que el dios de la guitarra te ha elegido debe ser comprometido… así que el día que llamó a Kaele porque le pareció que hacía un jazz fresco y original dio por supuesto que siendo gitano sería también un as del flamenco.

-Ni toco flamenco ni se leer música, dijo Kaele.

Con el tiempo, Serrano se dio cuenta de que se encontraba con un espejo con el que repasar las nociones básicas de la música. Lo que merece la pena y lo que no, sea en el terreno que sea. Así que cuando propuso el concierto para la Suma Flamenca, Antonio Benamargo le puso un condicionante:

-Vale, pero que sea más flamenco que jazz.

Así que Serrano se quedó con la copla y comenzó a hacer unos arreglos nuevos al repertorio de su prodigioso primer disco “Jazz caló” y para rematar la idea llamó a Tino Digeraldo que fue el productor del disco.

Ahí estamos un puñao de “antiguos” gozando con la escucha de uno de los tríos de jazz que está pasando a la historia por su refrescante manera de repasar el flamenco. Nadie ha sacado la vara de medir para dilucidar por un lado el peso del flamenco y en el otro lado el peso del jazz. Si la primera versión era deliciosa, aquí lo sigue siendo. Ya conocemos los nombres y las composiciones:  Manzanita con “guitarra mía” de Yupanqui, “Rio Ancho” de Paco en el arreglo Chano Domínguez y Jorge Pardo, otra rumba de Paco de Lucía, Parrita, una cita a los Ketama y final feliz con Zyryab. 

De nuevo, salimos todos con una sonrisa inmarcesible ¿Todos? Todos menos uno que le intentaba matizar la sonrisa a su colega camino de la estación de tren explicando lo que no habían tocado: el “Giant Steps” de John Coltrane que tiene su versión flamenco en la traducción libre de “Brazo de gitano” 

-Y creo que tampoco han tocado “Take the A Train”, no te preocupes en el próximo festival de jazz seguro que la recuperan.

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