María Terremoto y un heavy por seguiriyas

María Terremoto - Lunes Flamencos

María Terremoto - Lunes Flamencos

Los lunes flamencos, una iniciativa que pretende atraer a los aficionados locales y de gustos diversos.

Silvia Cruz Lapeña

“¡Que se entere Madrid!”, gritó Ángel Rojas, bailaor y promotor para anunciar la nueva propuesta jonda de la capital: Los lunes flamencos. Fue en el Teatro Flamenco Madrid de la calle del Pez, donde desde hace un tiempo se ofrecen dos sesiones al día con un cuadro flamenco que va variando y que es digno para el aficionado y para el artista: no hay sillas apretadas, ni ruido pues la barra se cierra en cuanto empieza el show y hay dirección artística, algo que no abunda en los tablaos.

Pero la cita a la que convocaba Rojas esta semana era para anunciar Los lunes flamencos, que arrancaron con una actuación que se prometía de traca y lo fue: María Terremoto en estado de gracia, más contenida que otras veces, pero igual de poderosa.

“Queremos seguir la estela de la antigua Sala Revólver, donde se juntaban cada lunes todo tipo de locos: punks, rockeros, flamencos… Y en un barrio tan castizo como Malasaña”, anunció Rojas. El primer tiro le ha salido como queria y por eso se vio la mano cornuda de un heavy jaleando la seguiriya que cantó María ahondando en la huella que convirtió en leyenda a los Terremoto.

 

En estado de gracia

La jerezana hizo algunos cantes de su disco, La huella de mi sentío, como la soleá por bulerías con la que se metió al público en em bolsillo. Pero con lo que demostró de lo que es capaz fue con la malagueña con abandolaos. Se templó, se recogió, la masticó y el público se lo agradeció botando en sus asientos.

“Viva tu saga”, “Qué guapa eres”, “Arsa tu casa entera”, le gritaban y María sonreía vestida casi sin adornos, de negro, sobria. Luego llegaron los volantes y el almidón y a María le volvieron los tics y la tos, pero reinó igualmente porque va sobrada de facultades y porque al público se le nota que anda falto de artistas con esa garra.

Terremoto también cantó las alegrías que le ha compuesto Antonio Agujetas Chico para recordar a su padre y luego tiró por tangos recordando a la Niña de los Peines para rematar el show cantando y bailando por bulerías.

El público alucinó con ella pero no se quedó atrás Nono Jero que tanto en el solo por bulerías como en el acompañamiento estuvo veloz y jerezano y en lo más alto de sus posibilidades como tocaor.

Luego llegó el flamenco que se pincha, el de Gómez Gufi a los platos y se abrió la barra y hubo incluso quien bailó. Fue el principio de unos lunes que ojalá duren y que en las próximas semanas traerán el contrabajo de Pablo Martín Caminero con un quinteto de jazz, el baile de La Lupi  y Manuel Reyes y el cante de Rancapino, cuyo nombre arrancó en la sala un ole unánime entre heavys, rockeros y flamencos.

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