La sutileza como excusa

Ficha artística. Espectáculo: Aquellos puentes sutiles. Cante: Rocío Márquez. Voz y guitarra: Jorge Drexler. Guitarra: Miguel Ángel Cortés. Percusión: Agustín Diassera y Borja Barrueta.  Leona y guitarrón: Martín Leiton. Festival Flamenco On Fire. Fecha: viernes 23 de agosto. Aforo: Lleno

Sara Arguijo

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Cuando salía para el baño en el bis de una raquítica versión del Pena, penita, pena, un hombre visiblemente malhumorado se lamentaba a su acompañante por haber ido a ver flamenco “y no esto”. Por un momento creí estar en el sur, donde estas decepciones son tan comunes en los circuitos jondos, pero enseguida me di cuenta que la queja tenía acento navarro y sentí una inesperada alegría al comprobar que en su VI edición empieza a no valer todo en el Flamenco On Fire.

No hablamos, faltaría más, de que una cita de estas características tenga que cerrarse a las propuestas rupturistas y, de hecho, defendemos su vocación abierta, sobre todo, en un territorio donde la afición escasea. Pero a estas alturas molesta que se programe a una artista como Rocío Márquez, una de las cantaoras con un discurso más rico del flamenco actual, con su proyecto menos jondo (más aún cuando tiene en gira el maravilloso espectáculo de su último álbum Visto en El Jueves) y duele, por otro lado, verla renunciar al papel protagonista frente a un Drexler más bien acaparador. Y que conste, insisto, que lastima porque no estamos en un festival de música generalista sino en uno flamenco y porque por más entradas que se vendan es difícil contagiar la pasión por este arte si lo que vemos sobre el escenario no tiene fundamento. Es decir, no es lo mismo diversidad que desatino.

Partiendo, por tanto, de que no era el lugar ni el momento ­­para Aquellos puentes sutiles, lo que desconcertó de la propuesta es que nace ya agotada desde el inicio. Como si a la idea de indagar en los territorios comunes de las músicas de raíz y unir ambos lados del océano con esos cantes que fueron y vinieron, le faltase un sostén. Por eso, dio la sensación que a esta búsqueda de conexiones “subterráneas” Márquez y Drexler se embarcaron desde la superficie, sin hundir los pies en el barro. La onubense forzando tesituras y tratando de encajar palos y versos y el uruguayo haciendo lo suyo.

En este sentido, lo que encontramos en común entre ambos artistas en este repertorio de milongas, vidalitas, guajiras… y canciones que beben más o menos del folclore resultó forzado, porque una cosa es huir de lo evidente para hallar lo sutil, y otra estirar lo que no hay.

Por supuesto al margen de lo fallido del encuentro, que quizás luciría más como colaboración que como espectáculo, el elenco de músicos y la calidad artística de los intérpretes lograron regalar momentos emotivos. Aunque los que más aplausos y ovaciones desataron entre los flamencos fueron el romance y la rondeña, los cuplés por bulerías y la seguiriya que Rocío Márquez cantó junto a los suyos y los conocidos temas del cantautor, entre el resto del público.

Con todo, nos quedamos con la magia de un Diassera que acarició con sus manos los tercios de Rocío y los arropó y los pellizcó, según el caso, con una enorme exquisitez y elegancia. Y con el color y la sensibilidad que le imprimió desde su sonanta un desaprovechado Miguel Ángel Cortés. Ambos fueron el aire que la cantaora mejor respira para pisar tierra firme. Y ahí sí que navegamos.

Fotos & video: @Manjavacas.flamenco

 
 
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