José de los Camarones y Capullo de Jerez, un recital con cante y tomadura de pelo

Cuando arrancó el espectáculo con un simpático teatrillo, en el que José Rubichi y Bastián Blanco nos invitaban a su peluquería para flamencos, pensamos que íbamos a poder disfrutar de ver juntos a dos artistas singulares y salvajes. Pero, tras una breve introducción de ambos por martinetes al compás del sonido de la maquinilla de afeitar, intuimos que, de nuevo, nos esperaba un doble recital en el que cada uno venía a hacer lo suyo. Esto es, dos horas de cante y tomadura de pelo.

La imagen del peculiar comercio, que daba la bienvenida al entrar en el Teatro Alameda, despareció por tanto en cuanto José de los Camarones se quedó en el escenario con su banda y, ahí, ya sólo quedaba la proyección del título (Los flamencos no van a la barbería) para recordarnos la supuesta noche única que anunciaba la Bienal.

Para sorpresa de muchos aficionados, que desconocían al artista, el mariscador entusiasmó con una interesante propuesta musical de flamenco, rock melódico y psicodelia. Así, con su habitual frescura, el cantaor del barrio de San Miguel invitó a un inesperado viaje bravío, pero íntimo, en el que interpretó temas de sus trabajos Tenlo por cuenta y Anclé mi alma, desde la praviana que mira al folclore asturiano con letra del poeta Ángel González a las “letritas” místicas de poetas como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús o Pablo Neruda (cuya canción cantó con la invitada Ana Boheme).

En esta amalgama, su fulgente eco jondo se fundía con los acordes de José Manuel García-Pelayo a los teclados, la guitarra de Jorge Gómez, la batería de Rafael G. Fontaiña “Teto” y el bajo de Dani Quiñones en compases de pregones, soleá, malagueñas, abandolaos o unos tangos de Chipi La Canalla, bautizados como Tangos de la libertad, que advertía “no me metas bulla, vamos a la Bienal, que una cosita es el tiempo y otra cosa es el compás”.

Algo acelerado y desconcentrado, la aparición del artista en la Bienal resultó desigual, sin el ímpetu que le hemos visto otras veces (como en el genial concierto que ofreció en 2024 en el Festival de Jerez con una joven María del Tango como invitada). “Cada vez me gusta más no ensayar tanto las cosas”, creímos oírle en su ininteligible discurso. 

A su fin, el trajín de espectadores levantándose de las butacas evidenciaba la errónea decisión de meter a un roquero y a un festero en un teatro y no, como acostumbran, en una sala de fiesta que deje libertad de movimiento.

En una evidente manifestación de ojana, aparecía el Capullo, anunciado como el último adalid de la “personalidad” en el cante y arreado por su elenco (Ramón Trujillo a la guitarra, El Tripa a la percusión y las palmas de José Rubichi y Miguel Flores, decía la web) con jaleos de “vivan los ecos”.

La soleá al golpe, con la que hizo alarde de ese cante sucio e indómito que tanto gusta, aventuraron por un momento un recital más serio y profundo cuya promesa se esfumó enseguida tras las cartageneras y los fandangos.

Las letras machistas donde reprodujo todos los arquetipos (de la madre abnegada, la mujer objeto, las traicioneras y malvadas y las que llevan al hombre por el mal camino), la actitud maleducada que demostró con comentarios desafiantes hacia los críticos (“les dedico este cante para que sepan de una vez lo que se está cantando”) y la falta de gusto imperó desde entonces en un concierto más propio de una caseta de distrito de la Feria de abril.

En esta fiesta machacona por bulerías y rumbas estuvo más de medio recital con el mismo repertorio facilón que lleva haciendo los últimos veinte años, pero con una voz más menguada. El sentido del compás y el carácter canalla que se le aplaude pareció esta noche agotarse o agotarnos. Por eso, aunque las reconocibles letras que versiona (Romance de Juan de Osuna de Caracol, Soy gitano de Camarón, Ayúdame de Rocío Jurado o Que no se rompa la noche de Julio Iglesias) invitan a participar del jolgorio nos fuimos pensando que, sin poder movernos y tomar algo, no hay quien aguante esta juerga.

Fotografías: Archivo de la Bienal de Flamenco @Laura León

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