En estos días infernales en los que suben las temperaturas mientras bajan los instintos a la altura de las pelotas de nuestro universo entero, uno piensa que el Real Madrid está haciendo una campaña feroz contra la cultura.
Me explico, hay un festival flamenco en el teatro Albeniz (Villanos del flamenco) es una iniciativa privada dirigida por Julio Martí veterano promotor que siempre ha estado atento a los márgenes del flamenco o a las fronteras del jazz. Este es su primer festival flamenco y no es fácil organizar algo así sin apoyo institucional
El concierto comienza a las 19.30 horas. Tengo una hora de transporte público. El asfalto madrileño se derrite y los aires condicionados hacen que Madrid sea una sartén que escupe fuego con el horno encendido, un infierno.
Me meto en el metro Paco de Lucía, trasbordo en Plaza de Castilla pero la linea 10 de metro está cortada por las farónicas obras en la estación Santiago Bernabeu. Recuerden, ese es el museo más visitado de Madrid, después de El Prado. ¡Ojú!
Entro en la linea 1, los trenes llegan llenos y sin aire, ni acondicionado ni de ninguna otra clase excepto una señora que agita compulsivamente un abanico. En palabras de Dante es una puerta al inframundo: “Por mí se llega a la ciudad doliente, por mí se llega al llanto duradero, por mí se llega a la perdida gente.” En las puertas del averno Dante proclama: ¡Perded cuantos entráis toda esperanza!
Pienso que el horario lo causan los guiris acostumbrados a cenar temprano, o los partidos del mundial a cualquier hora.
-¿Cómo se prepara uno para un concierto de Tomatito?
-¿Quedas para ir de cañas a las cinco de la tarde?
Ahí es donde te quedas sin la siesta del sábado y sin amigos.
Estoy sudando la camiseta, además me he puesto una camisa con las mangas largas. Se ha ido la señora del abanico, me salva una chica joven con menos brío. Por fín, llego a la puerta del Sol y en un chim-pún estoy sentado en mi butaca. Hace un frío que pela. ¡grrrr!
Me gusta volver a los teatros que representan parte de mi memoria. Ahí he visto a Gilberto Gil con Roberto Carlos y Ronaldo a mi lado, los dos futbolistas atentos a sus móviles. He visto unos cuantos morentes, varios chavelazos, el primer concierto en Madrid de Michael Camilo que invitó a una cantante de merengue ante el estupor de la afición jazzistica… y he visto flamenco, mucho flamenco, del clásico y del contemporáneo. Es un teatro bonito pero hace mucho frío quizá por eso Tomatito y su grupo calientan el ambiente con una ración extraordinaria de compás.
Buenas noches o buenas tardes, dice Tomatito dando la bienvenida a la afición sin apenas rastro de guiris para presentar una balada que grabó con Michael Camilo y que le dedicó a el mejor guitarrista de todos los tiempos: Paco-ya-sabes-qué-Paco. La gente aplaude una melodía que sabe a flamenco por los dedos del guitarrista que aprendió de ese pianista volcánico llamado Michael Camilo que, a veces, la técnica también sirve para tocar lento, muy lento… como los buenos bailaores de antaño…El Güito o Manolete.
Tomatito aprendió a fajarse en las entrevistas con Michael Camilo. Aquel guitarrista tímido que se refugiaba en Camarón, aprendió del pianista caribeño que podía resultar tan simpático y juicioso como cualquiera delante de los periodistas que podía hacer chistes con los flamencos y que eso relajaba el ambiente y que así, ganaba la música.
Tomatito anunció un paseo por la memoria de Camarón y Morenito de Yllora y Kiki Cortiñas entonaron la leyenda del tiempo. Escucho un susurro de unos aficionados que saben lo que vale un peine.¡Ole los cantaores buenos! Morenito está especialmente inspirado.
Los guitarristas son dos: un padre y su hijo, que se pasan todo el concierto intercambiando falsetas como si fueran cromos del mundial, pero aquí no hay patadas por debajo de la mesa. José del Tomate, el hijo, se atreve a regatear al padre. Luego no, luego se conforma con dar las palmas.
UN DEPORTE DE RIESGO
En la recta final. José Fernández Torres pregunta al respetable si está el Piraña, al fondo del teatro casi lleno, un tipo con barba levanta la mano en la oscuridad. Tomatito pregunta si le apetece subir a tocar y no tarda mucho el percusionista titular (disculpen ustedes/vosotros mi vista cansada) en ceder el cajón, platillos y tambores a uno de los grandes del compás que en un rato impone su magisterio con un dinamismo y un soniquete deslumbrantes.
El flamenco también puede ser un deporte de riesgo. Uno se pregunta cómo se puede salir así a un escenario, sin calentar, para luego tocar como si te fuera la vida. Parece una temeridad pero así es el flamenco, un compañero te invita a su escena y se desafía a la lógica y a las lesiones.
Villanos del flamenco ofrece propuestas insólitas como el “Baile de bestias de Jesus Carmona, la combinación entre Chano Domínguez, Antonio Serrano y el Negrón, Paco de Lucía para Big Band o “El mundo flamenco celebra a Bob Marley”. No olviden llevarse la rebequita.
