David Coria cierra el homenaje al Corral de la Morería de la Comunidad de Madrid con una propuesta con muchas capas y excelencia artística
«Nos vienen vendiendo miedo y compramos mucho miedo». Así comienza el Pregón del miedo que David Lagos compuso en 2019 para su disco Hodierno y que luego se transformó en espectáculo junto a David Coria en Fandango (estrenado en 2020). De aquel encuentro quedaron semillas que germinan con relevancia distinta en estos tiempos convulsos: «La duda, la ofensa, la envidia / el dinero, la gloria el infierno / nos vienen vendiendo miedo / a diario y de noche mucho miedo / y vamos comprando miedo».
Está el mundo para bajarse y algunos eligen alzar la voz para evitar que el miedo les consuma. El sábado, en la Sala de Cristal de los Teatros del Canal, David Coria cerró el homenaje que la Comunidad de Madrid ha dedicado al Corral de la Morería, que cumple en 2026 la friolera de 70 años.
En el espacio de aproximadamente 140 localidades se había reproducido el local de la trasera de la calle Bailén: pequeñas mesas redondas y sillas, el famoso cuadro de fondo –Pelando la pava, de Juan Barba, pintado en 1956 específicamente para ese lugar y restaurado en 2021-. A David Coria le acompañaban en Entrelíneas, que así quiso titular su propuesta, la bailaora Florencia Oz (compañera tantos espectáculos), los cantaores David Lagos y Miguel Ortega, la guitarra de Jesús Torres y las palmas y jaleos de Roberto Jaén. Blanca del Rey, propietaria del local, presentadora y recordada bailaora, no dejó de jalear a los artistas y reconocer su talento durante la hora y media de actuación.
El tablao -ese lugar donde la autenticidad no admite trampas- ofrece la oportunidad de sentir la respiración del artista, su duda y su pulso. Es un arma de doble filo: puede elevar un instante a lo sublime o dejarlo en cartón piedra. El Corral de la Morería decidió hace años dar carta blanca a creadores curtidos en estos reducidos escenarios y en los grandes teatros europeos: respetar los códigos anclados en la tradición de la segunda mitad del siglo XX y, a la vez, abrir la puerta a la creación. La Comunidad de Madrid lo celebró con un ciclo en los Teatros del Canal que arrancó Ana Morales el 16 de enero y por el que han pasado Belén López, María Moreno, Joaquín Grilo y Marco Flores. El cierre fue este sábado.
El sábado Entrelíneas arrancó con el cante de David Lagos espantando al miedo: un gesto de valentía cada día más necesario. La entrada del cantaor con su Pregón del miedo entonó los ánimos e invocó a los espíritus adecuados a que hicieran acto de presencia. Lo remataron los dos bailaores con un paso a dos que parecía querer ahondar en la letra del pregón: frente al miedo, ternura; frente al miedo, mirada, encuentro, comunión.
Sin perder la flamenquería, con bata de cola y chaquetilla corta, conjurando a los que lo hicieron antes -bien lo expresó Blanca del Rey: allí estuvieron Vicente Escudero, Antonio Gades, Antonio Ruiz, pero también, David Coria-, fueron capaces de construir una narrativa actual y cargada de significado para quien quisiera observarlo, a la vez que bellísima y sensible. Y quizás fuese inevitable, mirando hacia el escenario, sentir que este conjunto de grandes artistas invocaban (y por qué no, evocaban) esas fatigas que los flamencos de otro tiempo se vieron obligados a pasar, obligados a agachar la mirada y no poder levantarla y sostenerla a los ojos de aquellos fascistas, matones impunes, dueños y señores que se jactaban de serlo, que les obligaban a servir y divertir y a pasar miedo. Para evitar que ocurra de nuevo.
Todo parece fluido, improvisado, pero a poco que se observe, se ven las tramas, el trabajo, la excelencia, el estudio. Tras el arranque, llegaron los fandangos, en un permanente diálogo entre cantaores de voces poderosas y una sabiduría que no roba frescura, con una guitarra sensible y unos bailaores entregados. El diálogo se dio en los pasos a dos, en los tientos en soledad entre guitarra y bailaor, también cuando Coria buscaba a los cantaores o en el total del conjunto. Sobre todo, hubo escucha y hubo comunidad. Ser estrella sin serlo, brillar en el conjunto.
Una ronda de tonás -las letras, hay que escuchar las letras, cabe el mundo en cuatro versos- con el compás marcado por los tacones en sincronía. La trilla que Coria ejecutó sobre la penúltima ejecución pública en España, que fue en Jerez, a garrote vil, en la plaza del mercado.
Los códigos del tablao
En un tablao el público espera esa subida de energía que combina zapateados prodigiosos con los desplantes de los bailaores. Las escobillas, y la sucesión imposible de giros. Pero también el silencio más absoluto, saber parar el baile, suspender el tiempo, poder comprobar el recogimiento y la belleza del instante. Saber combinar todo eso es lo que ofrece la maestría. Y el sábado estuvo en escena.
Florencia Oz rindió homenaje a la anfitriona con una soleá del mantón -santo y seña de Blanca del Rey- cantada por soleá y caña. El público acompañó en silencio y estalló en aplausos en lcada desplante. El cierre llegó por alegrías originalísimas, sin perder la estructura, extendida en el disfrute del bailaor protagonista. La excelencia musical y la del baile -entrega, energía, elegancia, limpieza- se resumieron en una palabra: emoción.
Durante una hora y media, el miedo no pudo con la ternura. El flamenco, entre líneas, escribió su verdad.
Fotografías & vídeo: @Manjavacas.flamenco
