Alicia Morales recupera el legado de El Mochuelo en su tercer álbum de cante jondo

Hay trabajos discográficos que no aspiran a la novedad sino a la recuperación: traer al presente lo que el tiempo ha ido dejando en los márgenes. «Honores a Antonio Pozo ‘El Mochuelo‘», el tercer disco de la cantaora granadina Alicia Morales, responde a esa vocación. El álbum rinde homenaje a Antonio Pozo, conocido por ese apodo, uno de los cantaores más activos en la transición entre el siglo XIX y el XX, y reivindica un patrimonio flamenco que Morales prefiere describir no como olvidado sino como «no recordado».

Alicia Morales figura entre las intérpretes más reconocidas en el ámbito del cante viejo o cante jondo, considerado el estrato más antiguo y arraigado del flamenco y también uno de los menos frecuentados en la escena actual. Su perfil representa además un contrapunto poco habitual en un panorama históricamente dominado por voces masculinas y, en los últimos tiempos, inclinado hacia propuestas de corte más ecléctico. Frente a esa tendencia, Morales sostiene una apuesta por el flamenco de raíz sin concesiones.

Antonio Pozo, El Mochuelo, fue lo que en su época se denominaba un cantaor generalista: su repertorio abarcaba soleares, seguirillas, tangos, bulerías, guajiras, peteneras, serranas, saetas, martinetes, jotas, murcianas y asturianas. Fue también uno de los grabadores más prolíficos de su tiempo, con cientos de registros en cilindros fonográficos, algunos de ellos realizados de madrugada tras compromisos previos con otros gabinetes. El musicólogo Carlos Martín Ballester, que colaboró en la investigación histórica del proyecto, lo sitúa como un eslabón fundamental entre la generación de Silverio y el primer cuarto del siglo XX. Ballester advierte, no obstante, de la necesidad de escuchar esas grabaciones con perspectiva: las voces de la época respondían a una técnica y un contexto radicalmente distintos a los actuales, sin amplificación y con un predominio del registro de pecho.

El proceso de creación del disco arrancó cuando Morales contactó con Martín Ballester para acceder a su colección privada, considerada una de las más completas sobre este cantaor. A partir de ahí, junto al guitarrista José Quevedo Bolita, fue tomando forma una selección de cantes que buscaba el diálogo con el presente sin renunciar a sus raíces. El trabajo implicó también una revisión de las letras originales: algunos textos fueron adaptados para corregir la visión de género propia de la época, mientras que la selección final priorizó temáticas de alcance universal —el amor, la figura materna, el humor—. Las sevillanas del álbum merecen una mención particular: según relató Bolita en la presentación, el ambiente durante su grabación era tan distendido que en ocasiones resultaba difícil mantener la concentración.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su modelo de producción: Alicia Morales ha asumido la financiación del disco de forma íntegra e independiente. Bolita lo calificó durante la presentación de «ejercicio casi heroico», en alusión a las dificultades que entraña hoy publicar un disco al margen de la industria.

Martín Ballester subrayó, por último, la dimensión que distingue a El Mochuelo de una simple recuperación histórica: el disco no imita el pasado sino que lo incorpora, añadiendo desde el presente una capa de matices nuevos.

Fotos de la presentación por @oscarlite

Vídeo ‘Un manzano’ – Petenera del manzano con Bolita a la guitarra

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