Hay discos que no envejecen: se instalan en la historia y desde allí siguen interpelando al presente. Omega (1996) es uno de ellos. Lo que Enrique Morente y Lagartija Nick alumbraron juntos hace tres décadas —fundiendo cante jondo, la poesía de Federico García Lorca y la influencia de Leonard Cohen con una electricidad que rompió todas las costuras del género— cumple treinta años convertido en referente irrenunciable de la música española. Cuando el álbum salió a la calle, el rechazo fue casi unánime. El tiempo lo fue colocando donde merece: en el centro de la música española del último medio siglo. Un golpe de Estado en la escena musical, como lo definió el propio Morente.
El Teatro de la Axerquía ha abrazado el estreno mundial en escena de Omega. 30 Aniversario. No es el primero de sus encuentros con Córdoba: Morente actuó en el festival en 1997, en pleno proceso de transformación del flamenco; en 2009, el Axerquía ya acogió una relectura escénica del álbum. Ese mismo escenario acoge ahora el estreno mundial de una obra que no ha dejado de ser contemporánea.
Fotografías
Treinta años después, Kiki Morente es quien porta la voz. Creció literalmente dentro de ese disco —acompañaba a su padre en los ensayos y las grabaciones—, y lo trae al presente no como imitación ni como homenaje reverencial, sino como continuación: el hijo que habita el legado desde un lugar que solo él puede ocupar. Lagartija Nick —Antonio Arias, Juan Codorníu y Juan José Machuca— regresan como lo que siempre fueron: pieza estructural de Omega, no acompañamiento. Y Israel Galván —Premio Nacional de Danza— firma e interpreta una coreografía que no ilustra la música sino que la habita.
El elenco lo completan Marcos Gago a la guitarra flamenca; David Fernández a la batería; Popo Gabarre y Curro Conde a la percusión; y Dani Bonilla, Noemi Humanes, Carlos Canela y Aroa Palomo en el coro y palmas. La dirección musical corre a cargo de Víctor Martínez, y la dirección de escena, de Verónica Morales.
