dentro de la programación de la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla. El estreno absoluto coincidió con la reapertura del teatro tras tres años de obras de rehabilitación, recuperando para la programación local uno de los espacios escénicos históricos de la ciudad.
Fractal Arcano parte de una idea esencial: el flamenco como un fractal, una estructura infinita en la que el gesto más pequeño —un chasquido, un silencio, un quejío— contiene la forma y la fuerza de todo un linaje. En la propuesta, la música no avanza de forma lineal, sino que brota, se ramifica y palpita como un organismo vivo, con Dorantes ocupando el centro de un rito en el que el piano deja de ser un instrumento académico para convertirse en un yunque sonoro.
El artista se desprende de cualquier artificio académico para buscar el Arcano, ese secreto oculto que solo aparece cuando el virtuosismo se rinde ante la identidad. No se trata de tocar flamenco al piano, sino de hacer que el piano hable la lengua materna del músico, con sus asperezas, sus heridas, sus fatigas y su orgullo, convirtiendo cada nota en una célula de memoria que se repite, se transforma y se expande.
En escena, los palmeros rodean el piano en una presencia que no cumple únicamente una función rítmica, sino espiritual: representan el círculo de la comunidad, la protección de la familia y la autoridad del compás, ese pulso ancestral que no admite fisuras. Mientras las manos de Dorantes exploran armonías que parecen llegar desde un futuro remoto, el golpe seco de las palmas lo devuelve a la tierra de Lebrija.
De esa tensión nace la narrativa del espectáculo: el flamenco es infinito porque es circular, un fractal donde pasado y futuro colisionan en el instante exacto de una tecla pulsada con el peso de generaciones enteras. Con Fractal Arcano, Dorantes demuestra que ser profundamente flamenco no depende de las formas, sino de la honestidad, en un viaje que conduce hacia el centro de uno mismo y desde el que emerge el eco eterno de los ancestros multiplicado por la modernidad.
