Espectáculo: 1405. Ecos del tiempo. Baile: Rocío Garrido. Cante: Pepe de Pura. Guitarra: David Caro. Vientos: Diego Villegas. Compás: Emilio Castañeda. Ciclo: Jueves Aparte de los Jueves Flamencos de Cajasol. Fecha: Martes, 26 de mayo de 2026. Aforo: Media entrada.
Bastante corre la vida como para querer que el arte se convierta también en un maratón, como el que recorrió este martes la bailaora Rocío Garrido en su estreno en el ciclo Flamenco Aparte de los Jueves de Cajasol con 1405. Ecos del tiempo. Y creemos que también en su primera vez en solitario en Sevilla.
Con un baile frenético, sin dejar tregua, la almeriense pareció querer exhibir sus vertiginosas facultades técnicas en una propuesta agotadora que, de intensa, se hizo lineal y cargante. De esta forma, lo que se presentaba como “un recital de baile que transporta al espectador a una época donde tradición e innovación se entrelazan” fue más bien una demostración de fuerza, con formato estrictamente tradicional, en el que la ganadora en 2023 del Premio Desplante de La Unión apenas dejó espacio para escuchar, probarse, relajarse o abandonarse.
Sesenta minutos donde la artista, acompañada de un excelente atrás con Pepe de Pura al cante, David Caro a la guitarra, Diego Villegas a los vientos y Emilio Castañeda al compás, acudió a un repertorio sobrio (taranto, seguiriyas y soleá con bata de cola) ejecutado con precisión, pero sin matices o sutileza alguna. De hecho, entre tanta tensión y el excesivo volumen, echamos de menos ver a Garrido regalar algún silencio que rompiese el ritmo furioso que marcó la obra.
Sin duda, fue en el taranto con el que abrió la noche donde la bailaora, finalista del programa Tierra de talento, mostró sus cualidades expresivas y recursos formales. Porque, además, Garrido, que debutó la pasada edición del Festival de Jerez con De vidas, es una artista vehemente que conoce a la perfección los códigos de lo jondo. El problema es que la creadora se mantuvo perenne en ese estado de exceso de afectación y ceño fruncido con el que cerró la puerta a la sonrisa o a la ternura.
En este sentido, salvo el respiro de los tientos que interpretó con su habitual dulzura Pepe de Pura junto a la luminosidad de Villegas y la sensibilidad de Caro, nos fuimos del teatro acelerados y perdidos, con la sensación de haber visto a una bailaora de grandes cualidades, pero con el convencimiento de que la emoción flamenca nace desde otro lugar.
Fotos Remedios Malvarez
