El cante en la dimensión desconocida

Ingueta Rubio

Ingueta Rubio

Culmina el ciclo de Los lunes flamencos del Teatro Flamenco Madrid con una memorable velada protagonizada por Ingueta Rubio.
José Manuel Gómez Gufi
Hay momentos en que uno va al flamenco y siente que traspasa un puerta con destino a una dimensión desconocida. Como si fueras el protagonista de una película de ciencia ficción donde todo es imaginado y, a ratos, utópico.
Se presenta el avance de lo que será el primer disco de Ingueta Rubio un cantaor al que hemos ido escuchando en diversas circunstancias y además participa en el proyecto de Pedro Ojesto Flamenco Jazz Company (recuerden que fue el grupo en el que se forjó Israel Fernández).
El concierto fue estupendo y resulta innecesario repasar cante por cante las bondades y posibilidades del cantaor que finalizó con el single recientemente publicado que tiene posibilidades de sonar más de lo de costumbre. Hasta ahí la realidad, luego llega la afición desgranando cante a cante lo sucedido y además están esos individuos asombrados que han salido el lunes para vivir algo importante y que siempre se quedan con lo mejor.
Uno de esos me dice: “No se sale el lunes ni por vicio ni por costumbre, ni se sale para ver qué hay, se sale para hacer la revolución, para cambiar las cosas. Para escuchar lo de siempre tenemos el resto de la semana”.
Ahí es donde empieza la ciencia ficción cuando descubres que el padre de la criatura está ahí dando palmas y compás entre Pol Vaquero & Pablo Fraile pero ni siquiera tiene micrófono y es que el padre de Ingueta es Miguel El Rubio continuador de una extensa saga que ha sido degustada por los sabios y los grandes conocedores. En la puerta Antonio Benamargo me recuerda que hay mucho talento en la familia que hace unos años José Luis de Carlos produjo un disco de Charo y que Camarón era de los que iba a escuchar y aprender del talento familiar.
Una hora más tarde de finalizado el concierto se arranca el arte desde la intimidad del entorno familiar. Pero el titular del concierto Kilino Jiménez se ha ido, no hay ni guitarras ni tocaores, solo el compás y los jaleos. Ahí es donde empieza la odisea en el espacio y el tiempo, estamos acabando 2018 y la ceremonia nos lleva al cante primitivo, una voz y las palmas y se arranca un sobrino que canta para que florezcan los maestros y canta Miguel y cantan las mujeres de la familia, la madre y la tía (y cómo cantan esas mujeres) El protagonista de la noche también se anima arrastrado por la celebración familiar. Nadie saca el móvil, nadie graba el momento, nadie lo subirá a las redes. Y seguiremos escuchando en los mentideros que el flamenco ya no es como antes, que no se vive como antes y que eso que hemos escuchado no existe y que dónde vamos a ir a parar… y patatín y patatán. Y me dirán que me pierdo en bosques de duendes y en películas de ciencia ficción y yo diré que sí que llevan la razón y que esa noche de anoche yo estuve allí y escuché cosas… y cada vez que pueda iré a ver a Ingueta y a El Rubio porque ahora sé donde está la fuente.

 

Video:

 

Fotografías:

 

Video & fotografías: Rafael Manjavacas
Salir de la versión móvil