El café-cantante de Melchora Ortega y Las Consombrero

Melchora Ortega - flamencas de película - Festival de Jerez

Melchora Ortega - flamencas de película - Festival de Jerez

‘Flamencas de Película’ – Cante: Melchora Ortega. Banda ‘Las Consombrero’: Antonia Jiménez (guitarra), Elena Jiménez Parra (clarinete, acordeón, xilófono y zanfoña) y Mai Kikuchi (piano). Colaboración especial al baile (y al cante): Pilar Ogalla. Producción musical: David Lagos. Dirección: Francisco López. Festival de Jerez

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Menos mal que con mascarilla o sin ella hay artistas que siguen rebuscándose e investigando. O lo último es consecuencia de lo primero, no sabemos. Pues bien, una de las que más rienda suelta da (en este jerezano panorama) a sus sueños sin miedo a salirse del tiesto es Inmaculada Ortega (Jerez, 1972), Melchora o La Memole, depende del día y de la hora. La cuestión está en que, conectemos o no con un montaje, nos resulte más o menos ameno, se agradece siempre la búsqueda y el rendir pleitesía a las cuentas que una tiene consigo misma. Ya lo hizo con Por los pelos y vuelve a la carga.

Para Melchora, las tardes en casa de su abuela deleitándose con las artistas que protagonizaban las películas de la época, resultaron ser de total inspiración. De ahí que la cantaora utilice este experimento llamado Flamencas de película para rendir su tributo particular a esas mujeres que abrieron puertas.

De rojo señorial surge Melchora para esta amalgama de remembranza. Muestra su cara más sofisticada apoyada sobre el piano de cola y a ratos, la más disfrutona. La propuesta, que arranca algo caída, va sumando enteros conforme avanzan los minutos: gana en colores, matices instrumentales y variedad interpretativa (ahora soleá apolá, ahora tanguillos, ahora fandangos abandolaos). También Melchora ensancha su tesitura, libertad y fortaleza hasta uno de los momentos cumbre, la siguiriya junto a la zanfoña de Elena, de lo más logrado.

El montaje supone también una declaración de intenciones: el disfrute frente a la pérdida y bucear en otras sensibilidades y formas expresivas. Así lo confirma también la elección de un elenco por un lado conocido pero que por otro nos descubre un ramillete de artistas locales y de la Bahía: a Antonia Jiménez y a Pilar Ogalla ya las teníamos fichadas, pero a Mai Kikuchi al piano y a Elena Jiménez Parra (al clarinete, xilófono, zanfoña y acordeón, y suponemos que no toca más instrumentos porque es materialmente imposible), el círculo flamenco local ni las olía. Y es que esta banda, autodenominada Las Consombrero (en un guiño cómplice a ese grupo de mujeres artistas recientemente redescubiertas) se curró arreglos musicales de Lola Flores, Payaso de Bambino o Testamento Gitano, los tangos del escribano de La Argentinita, a cargo de una picarísima y curvilínea Pilar Ogalla, que indagó en el cante con mucha gracia. De Antonia Jiménez poco más se puede añadir a lo que ya sabemos: que es una guitarrista de primera que siempre suma. Se integró con soltura con el resto de instrumentos y acompañó a Melchora atenta y audaz. Además, anticipó unos tarantos que abrieron boca para su recital como solista de mañana lunes.

De obligada mención también el trabajito que se llevan Reyes Martín Figueroa y Rocío Soto, palmeras y jaleadoras de este particular cabaret flamenco, y no sólo por su buen hacer en el sostén rítmico sino porque por fin un espectáculo responde a la pregunta que muchas nos estábamos haciendo y que dice así: ¿dónde (carajo) están las palmeras? Y no las de chocolate, señorías, que de ésas hay y muy buenas en cualquier pastelería. Pues eso, que más palmeras, por favor.

Aunque sigamos haciéndonos preguntas, que a veces es más interesante que creer tener respuestas correctas, se puede simplemente dejarse llevar y regocijarse en lo que una tiene delante: “yo que he corrío mucho mundo he llegado a la conclusión de que las flamencas de Cái no tienen comparación”.

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