Diego el Cigala, la inmensa pena de un extravío

Diego el Cigala - Flamenco on Fire

Diego el Cigala - Flamenco on Fire

Ficha Artística. Cante: Diego El Cigala. Guitarras: Diego del Morao y Paquete. Piano: Jaime Calabuch ‘Jumitus’. Contrabajo: Marco Niemietz Percusión: Piraña. Palmas: Kiki Cortiñas, Monty, El Pescaito y Paquetito. Lugar: Baluarte. Ciclo: Festival Flamenco On Fire. Aforo: Lleno. Fecha: 26 de agosto de 2018 

Sara Arguijo

Ojalá esto pudiera haber sido la crónica del espectáculo, más o menos acertado, de Diego el Cigala. Pero, desgraciadamente, lo que vimos este domingo en la clausura del Festival Flamenco On Fire fue una lamentable exhibición de un artista que parece haberse olvidado de quién es y de qué representa. Una falta de profesionalidad y de respeto absoluta al flamenco y al público, que había agotado las 1600 localidades del Baluarte de Pamplona haciendo, en muchos casos, verdaderos esfuerzos para verle y que salió sufriendo la inmensa pena de un extravío. El de un ídolo al que ya no se le podía aplaudir ni sus Lágrimas negras. 

El Cigala lleva mucho tiempo tambaleándose en la raya entre lo simpático y lo patético, una delgada línea en la que ha acabado inclinándose hacia el lado más peligroso y más triste. Porque si algo tiene de maravilloso el flamenco es precisamente el que es un arte vivo, emocional, espiritual si se quiere, en el que el artista parte siempre de cero, dispuesto a iniciar cada vez su particular búsqueda para encontrar el duende. Por eso, duele tanto asistir a un recital en el que el cantaor sale abatido de antemano, apático, derrotado.  

Como decimos, fue imposible encontrar ni un solo momento de conexión con el madrileño simplemente porque no estaba allí. Así, fue otro Diego, el del Morao, el que sostuvo con su guitarra una primera parte en la que se suponía que El Cigala iba a cantar flamenco. De hecho, mientras éste iba dejando pasar una entrada tras otra sin atreverse siquiera a iniciar el cante, el jerezano con una generosidad y una sabiduría extrema iba ofreciendo el que fue el gran recital de la noche. Hasta tal punto que fue su soniquete, su flamencura, su energía, su velocidad y la calidad de su toque lo único que arrancó aplausos y oles improvisados en el patio de butacas (¡Qué bien toca Diego!). Entre otras cosas porque el resto fue un soporífero recital de escaqueo. Un insulto a quienes pensamos que nombres como el suyo pueden contribuir a atraer nuevos públicos a este arte y vemos que puede ocurrir todo lo contrario. 

Pensamos que igual la cosa se arreglaba en una segunda parte dedicada a los boleros y a los grandes éxitos que lo han llevado al estrellato. Pero él seguía sin aparecer y los espectadores ya no estaban dispuestos a aplaudirle su desconcierto. “¡Bebe más!”, le llegaron a decir con burla cuando volvió a pedir que le trajesen otra copa.  

Y aquí, claro fueron el pianista y el contrabajo los que pusieron el brillo y el color a un ininteligible Cigala, que no era capaz de acabar –y no digamos sentir- ninguno de estos maravillosos y profundos versos. Repetimos, pena y enfado a partes iguales. 

De la decepción al futuro 

Después de la decepción por El Cigala fue la bailaora Belén López la que levantó al público navarro con un baile salvaje, de puro arte, en el que salió a darlo todo sobre el escenario. 

Un tsunami, como advirtió la maestra Blanca del Rey en su presentación, que removió hasta las lámparas del Hotel Tres Reyes para dejar la sala impregnada de frescura, arrebato y gitanería. Así sí.  (galería fotográfica + videos Belén López)

 

Fotografías Diego el Cigala

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