Coria y Babel: los cimientos del nosotrxs

Con rollo chandalero y descendiendo la grada, el cuerpo de baile de Babel, work in progress, alcanza el escenario y se apoya en él como si de un coloquio post show se tratara, pero al revés. Francés, inglés, español, italiano o ruso se intercalan para darnos el primer titular del día: esto va de mestizaje, de la importancia (y riqueza) de la diversidad.

Galería fotográfica por Ana Palma y vídeo

“Todavía no es una torre viva. Solo cimientos”, dice ya desde el escenario David Coria, cuyo potente tirón es capaz de hacer un lleno total el primer lunes de marzo. Con el piano y el clavicordio de Alejandro Rojas-Marcos como bordón, las primeras torres se suceden. En esa atmósfera apocalíptica, lunar, el grupo de ocho prueba a construir ahora aquí, ahora acá.

De momento, son solo cimientos, pero cuando una Polina Sofía (que destacará, virtuosa, en todo el montaje) cae, David Lagos ensarta la petenera “Se hundió la Babilonia porqué le faltó el cimiento” como un tajo en la ingle. La entrada al campo del cantaor jerezano suma enteros y apuntala con su voz y la letra, la dirección del montaje. No en vano, la dupla de los davides es de las más fructíferas y mutuas de los tiempos flamencos actuales, nada raro por tanto que sigan eligiendo trabajar juntos. Qué bien se sientan el uno al otro.

El cuerpo de baile, formado por Yardén Amir, Cristina Hall, Lucía La Bronce, Gia Medina, Federico Núñez, Kotoha Setoguchi, Polina Sofía y el propio Coria, danzan alucinados y portentosos. Lo hacen con la mano en el corazón, manteniendo el contacto físico y visual, subrayando el poder del grupo. No del ser iguales, sino de, cómo siendo diferentes, pertenecemos. Como cantará Lagos más adelante, “yo he nacío, como el otro, en la nada”. La dramaturgia, firmada por Alberto Conejero, está tan integrada que parece emanar de todos los intérpretes por igual.

Sin llegar a la vigilia y la extenuación, Coria profundiza en este montaje en el trance de su anterior propuesta coral, Los bailes robados, con la que Babel conserva cierta similitud estilística y coreográfica (contando aquí con la colaboración de Miguel Ángel Heredia). Es cierto que la atmósfera opresiva y machacona primera se ve aquí suspendida por escenas de gran belleza grupal, mucho más luminosa y esperanzada, que invita a la compasión más que al agotamiento.

Un fin de fiesta ya descalzos propone una catarsis colectiva a la que el público se suma mudo, agradecido y movilizado. Babel aún no es torre, insiste Coria: apenas cimientos. Pero en esa fragilidad compartida, en ese sostenerse unos a otras antes de que la estructura se complete, late ya lo esencial. No se trata de la altura, sino del acuerdo. Es el suelo común desde el que levantarse.

Galería fotográfica Ana Palma y vídeo – Especial Festival de Jerez 2026

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