Al golpe de Antonio Moreno

Antonio Moreno - Al Golpe

Antonio Moreno - Al Golpe

Texto: Silvia Cruz Lapeña

Fotos: Oscar Romero / La Bienal

Antonio Moreno & Artistas invitados: Agustín Jiménez y Juan José Amador

Varios destellos y un desacierto

Sale Antonio Moreno al altar de San Luis de los Franceses con unas varas. Las bandea, compone con ellas latigazos y es evidente, ya en ese primer movimiento, que Moreno tiene un don que traspasa el flamenco. El músico utrerano presentaba en San Luis de los Franceses Al golpe, espectáculo en el que se sirvió de gong, marimba, tambores e instrumentos inventados para dar vida a la percusión que él practica y que es tan hija de la música experimental como del flamenco. Tuvo la ayuda de Agustín Jiménez, que estuvo delicioso tocando una minera de Paco de Lucía al xilófono y de Juan José Amador, que con su voz estuvo a punto de quedarse con el papel protagonista. 

Moreno es profesor de conservatorio, estudioso, ganador del Filón del Festival del Cante de las Minas de La Unión y tipo atrevido que en Al golpe también ejerce de actor. Estuvo en la línea de los artistas “galvanizados”, que son quienes trabajan con Israel Galván y se contagian de su instinto y de su libertad y enseñó ese espejo al golpearse el cuerpo, al mirar fijamente al público o cuando se jaleaba a sí mismo. Hay un tinte de locura que también es común, un humor. 

Al golpe contenía un relato, una historia de fondo, pero no se entendía. Y tampoco importaba porque el show era ver y escuchar a Antonio Moreno, que invocó  a Steve Reich en el altar con un juego de palmas parecido al Clapping Hands, ejercicio rítmico para el que el compositor estadounidense reconoció hace años que se inspiró en un grupo de flamencos que vio actuar en Bruselas. También se oyeron chispas de Edgar Varèse. Se escuchó un eco en la rondeña de Ramón Montoya, que fue sobrecogedora, y en la rotura, a propósito, de los patrones rítmicos con la que Moreno le daba al “ruido” un sitio en su espectáculo. 

Todo lo hizo con tino, pero a pesar de esos destellos, al show le faltó cemento. Moreno es un músico de conocimientos e inquietudes profundas que participa en proyectos con nombres como los de Mauricio Sotelo o Daniel Sprintz y que es capaz de seducir al público de La Unión con una marimba jonda. Pero ayer pasó de secundario a protagonista y el resultado no acabó de encajar, le faltaba algo que lo redondeara, un paso más que convirtiera la sucesión de virguerías y ocurrencia rítmicas en un todo. Sólo es cuestión de ajuste porque aunque los únicos “oles” los recibiera Amador con su cante, Antonio Moreno es un músico para no perdérselo, un artista que aún tiene que dar mucho de sí, fuera incluso de la percusión que tan bien domina. 

 


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