Entrevista a Daniel Casares, guitarrista flamenco

Daniel Casares

Daniel Casares

Texto: Silvia Cruz

El guitarrista malagueño presenta su sexto disco, Picassares, en el Teatro de la Abadía el 25 de junio en el marco de la Suma Flamenca de Madrid.

 

“Los artistas de mi generación volvemos a fijarnos en los referentes clásicos del flamenco”

Después de haber acompañado durante años al maestro Juanito Valderrama, la guitarra de Daniel Casares ha hecho cosas tan dispares como acompañar a la prodigiosa voz de Dulce Pontes o conmemorar los 75 años del bombardeo de Guernika en clave flamenca. Este hombre nacido en 1980 ganó el Bordón Minero en La Unión con tan sólo 17 años pero ahora vive más pendiente de crear y actuar que de acumular premios. Asegura que se siente respetado en el mundo flamenco pero reconoce con cierta resignación que el 80% de su trabajo lo tiene fuera de España. “No es una queja, es la realidad”, dice riendo. Con 25 años de carrera a su espaldas ha tenido tiempo de sacar cinco discos. En la Suma Flamenca de Madrid presenta el sexto, Picassares, cuyos temas interpretará el día 25 de junio en el Teatro de la Abadía. 

¿Cuánto le debe Picassares a “Guernika 75”, su espectáculo homenaje al cuadro que pintó Pablo Ruiz Picasso con motivo de los bombardeos en la ciudad vizcaína? 

Podría decirse que el trabajo realizado en el espectáculo ha desembocado en un disco que muchos aficionados nos habían pedido y que yo mismo tenía muchas ganas de hacer. Desde el momento en que empiezo a conocer la obra de Picasso, me quedo enganchado y desde entonces buena parte de mi trabajo gira en torno a sus cuadros y a su vida. Hicimos el show y como la respuesta fue muy buena, quisimos dejar constancia de ese trabajo en el disco. Hay algunas diferencias entre el disco y el directo y también algunos arreglos pero básicamente Picassares es una consecuencia de “Guernika 75.

 

Cuenta con colaboraciones como la de Dulce Pontes. ¿Cómo ha escogido a quienes le acompañan en este disco?

En mi disco está Dulce, está Lulo Pérez, Miguel Poveda haciendo un tema de Luis Eduardo Aute como bonus track y el contrabajista israelí Adam Ben Ezra. Es gente con la que estoy a gusto, con la que colaboro desde hace tiempo y con quienes comparto inquietud artística. 

 

Iba a aparecer el cantautor y guitarrista brasileño Toquinho pero al final la colaboración entre ustedes no se va a limitar a interpretar un tema juntos. Cuéntenos. 

Pues lo que pasó es que grabamos una pieza pero pocos días después nos llamó su manager porque les había gustado la experiencia y creían que debíamos grabar un disco entero mano a mano. La idea es registrarlo en otoño, con nuestras dos guitarras y nada más y por eso hemos decidido guardarlo todo para ese momento. 

 

Después de trabajar con sellos diversos e incluso multinacionales, ¿por qué se ha decidido a autoeditar Picassares?

Porque muchas veces he tenido la sensación de que como creador pongo mucho esfuerzo, cariño, tiempo y trabajo y que cuando suelto mi creación para que otro la mueva, pierdo el contacto, el control y la protección que yo le he dado. Por eso y porque he hablado con muchos compañeros que me lo han recomendado, en esta ocasión hemos decidido autoeditar este trabajo para controlar todo el proceso y hacerlo todo de una manera más personal. 

 

¿Y qué conclusión saca ahora que ya ha acabado?

Estoy contento con la decisión y creo que es la mejor opción que los artistas podemos tomar hoy en día, algo con lo que están de acuerdo muchos de mis compañeros artistas. Nadie mejor que tú sabe lo que están haciendo, el esfuerzo que has puesto y cómo ofrecerlo a los demás.

Últimamente se le ha oído decir que los artistas están volviendo al flamenco clásico. ¿A qué se refiere y por qué cree que sucede?

Yo cuando hablo me refiero más a la guitarra pero eso que digo lo veo también en el cante y en el baile. Lo que quiero decir es que noto un giro, un paso hacia atrás en el tiempo en cuestiones musicales. Es como si nos estuviéramos preguntando: “¿Dónde carajo vamos? ¿No estaremos perdiendo la esencia por la que estamos en esto?” Todos los que nos dedicamos al flamenco entramos en él porque nos gustaba escuchar a Caracol o a Bernarda de Utrera o porque admiramos a Paco de Lucía o a Niño Ricardo. Y estoy convencido, porque lo veo, de que los artistas de mi generación volvemos a fijarnos en los referentes clásicos del flamenco. 

 

¿Por qué sucede en su caso?

Creo que es normal. Cuando tienes 22 años, empiezas a viajar y a conocer gente de otras músicas, de otras culturas y tienes ganas de incorporar lo que aprendes a tu lenguaje, que en mi caso es el flamenco. A mi me pasó con la música brasileña, cuando aprendía nuevas harmonías no veía la hora de meterlas por bulerías por soléa. Pero cuando empiezas a digerir todo eso y te topas con gente como Dulce Pontes o el mismo Toquinho, más mayores y con más experiencia, te enseñan que cada cual tiene que defender su lenguaje musical. Otra cosa es que haya un punto de encuentro pero uno no puede dejar de ser lo que es. Eso es algo que he aprendido en los últimos años. 

 

Lleva 25 años en la música, ha conseguido muchos premios y ha trabajado con muchos de los grandes. ¿Se puede vivir de la guitarra flamenca en España o se siente poco profeta en su tierra? 

Voy a ser claro y directo: si sólo contara con mis ingresos en España, lo pasaría bastante mal. En mi caso, siete u ocho de cada diez conciertos que doy al año los hago en el extranjero. Por otro lado, me siento valorado aquí pero lo que engorda mi agenda de trabajo son las actuaciones fuera de España. 

 

¿Cree que el hecho de no proceder de una familia de músicos, de ser el primero de su familia que se dedica a esto, se lo ha puesto un poquito más difícil?

No lo tengo claro porque yo conozco casos dispares. Hay gente que viene de familia de artistas que son muy buenos y sin embargo, sólo reciben palos porque se les exige más que a los demás. Pero también conozco el caso de otras personas que se dedican a esto por linaje y aunque yo creo que mejor harían en estar callados, les va muy bien. Así que no tengo claro que de entrada sea beneficioso o perjudicial formar parte de una saga.

 

Usted siempre comenta que un guitarrista debe ensayar y practicar muchas horas y que usted es de los que se ha pasado doce y catorce horas al día con el instrumento. ¿Puede dedicarle el mismo tiempo ahora que es padre?

Mi hija precisa de mi al 100%, lo tengo claro y es obvio que mis horarios han cambiado. Pero también es verdad que tengo una compañera que entiende mi trabajo, que me apoya y que permite que yo siga estudiando y dedicando muchas horas a la guitarra. 

 

¿Cómo ha influido en el resultado de su trabajo su paternidad?

Yo creo que ha influido para bien. Sé que he dejado de dormir muchas horas, que he pasado noches en vela, que he ido más cansado de lo habitual, pero también he comprobado que todo ese cansancio no ha sido en balde: a mi me ha repercutido en mi obra, en mi sonido y creo que ha sido para bien. Y no tengo duda: aconsejo a todos los artistas que sean padres.


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