Carmen Linares: “Las mujeres siempre estuvieron en el cante jondo. Lo que faltaba era que alguien lo dijera”

Carmen Linares - Encuentro Musical en el Festival Tío Luis el de la Juliana

Carmen Linares - Encuentro Musical en el Festival Tío Luis el de la Juliana

Hay voces que no solo cantan, sino que guardan. Carmen Linares (Linares, Jaén, 1951) es una de esas custodias del alma flamenca: la cantaora que, hace treinta años, hizo de la memoria una revolución. Cantaoras olvidadas por la historia oficial fueron rescatadas por su voz, una de las más completas del flamenco de entonces y de hoy: Tía Marina Habichuela, La Repompa, La Trini, La Perla, la maestra Niña de los Peines… Lo hizo con un sonido actualizado, del que participaron los mejores guitarristas del momento: Tomatito, Manolo Sanlúcar, Vicente Amigo, Enrique de Melchor, Paco Cepero, los Habichuela…

Con su ‘Antología de la mujer en el cante’, reclamó para las maestras olvidadas el lugar que siempre les perteneció y abrió una puerta por la que han cruzado generaciones de nuevas voces que la referencian como maestra. Premio Nacional de Música, Medalla de Oro de las Bellas Artes, Premio Princesa de Asturias de las Artes, Latin Grammy a la Excelencia Musical, y Doctora Honoris Causa por la Universidad de Sevilla, su trayectoria es la historia viva del cante grande desde la segunda mitad del siglo XX. Este sábado, en el Teatro Circo Price de Madrid, regresa a ese disco fundacional para celebrar sus 30 años con el rigor, la pasión y la verdad que la han convertido en una de las últimas grandes señoras de una generación de oro del flamenco.

Carmen Linares – 30 Años Antología de la Mujer en el Cante – Teatro Circo Price

Han pasado 30 años de la ‘Antología de la mujer en el cante’. Nunca la abandonaste, pero ahora la repasas al completo. ¿Cómo se siente al volver a ella tanto tiempo después?

Esos 30 años se han pasado volando. Yo la Antología la tengo muy presente, muy vivida, y ha sido para mí un trabajo muy importante. Estoy muy contenta de reencontrarme con ella después de 30 años, aunque nunca la he dejado del todo: he estado haciendo cosas sueltas. Pero así, con un espectáculo monógrafico dedicado a ella, es diferente.

¿Qué te motivó a hacer esta gira ahora, más allá del aniversario?

Creo que fue la unión de las dos cosas. Por supuesto, los 30 años son una fecha obvia, pero también es que la antología sigue muy vigente. Me parece que tiene mucho sentido recuperarla ahora. Cuando haga 30 años de otro disco mío, quizás no pueda hacer lo mismo, pero éste, por su carácter, lo permite. Y además, ya hacía tiempo que no cantaba estos cantes de manera completa, y reencontrarme con ellos ha sido muy bonito.

¿Cómo será el espectáculo del sábado? ¿Qué puede esperar el público?

No haré exactamente los mismos cantes que en el disco, porque han pasado 30 años y yo soy otra persona: los canto de otra manera. He intentado meter casi todos dentro de un repertorio coherente. Por ejemplo, en un mismo número puedo hacer la soleá de La Serneta y meterle luego la bularía por soleá de La Moreno. Para que no sea tan largo, pero para que estén todos… Me va a acompañar un gran elenco: viene Pablo Suárez al piano, Pepe Torres bailando, la percusión de Daniel Suárez… Quiero que sea un espectáculo en el que la gente lo pase bien: cantes rítmicos, baile, temas melódicos.

Cuando presentaste el proyecto hace 30 años, ¿cómo lo viviste? ¿Fue difícil sacarlo adelante?

Presentamos el proyecto a Polygram y lo metieron en un cajón. A los ocho años, un directivo lo encontró y le gustó. Quizás me vino bien grabarlo ocho años más tarde, con otra madurez. Muchas veces las cosas pasan por algo.

El plantel de guitarristas que te acompañó en el disco es impresionante: Vicente Amigo, Tomatito, Riqueni, Moraiíto, Juan y Pepe Habichuela… ¿Cómo se incorporaron al proyecto?

La idea no era batir ningún récord, sino que cada cante tuviera el guitarrista idóneo. Eran 27 estilos, y lo que me apetecía era que, si yo hacía los cantes de La Perla de Cádiz, me acompañara Cepero, que era su guitarrista. Eso le da un punto que no le daría otro. Los tangos de Pastora, pues Tomatito. Las cantiñas de Antonia Pozo, con un aire moderno, pues Vicente Amigo. Siempre había un porqué. Y ellos se implicaron muchísimo: querían saber quién más grabó, qué cantes iba a hacer… Eso me daba mucha alegría, porque notaba que les importaba de verdad.

Esta Antología se ha convertido también en una escuela para generaciones de cantaoras. ¿Cómo vives ese legado?

Eso me da mucha alegría, de verdad. Creo que en cierta manera les facilité el camino. Estoy muy orgullosa de haber sido útil y de que ese trabajo haya quedado ahí como un referente de la mujer cantaora. Y de haber contribuido a que salgan cantaoras que digan: “Las mujeres también podemos estar ahí”. Además, les permitía escuchar, por ejemplo, los cantes de La Serneta con la guitarra de Pepe Habichuela y una cantaora joven, sin tener que recurrir a los discos de pizarra. Mucha gente me lo ha agradecido, me dicen que se la saben de memoria. Eso es muy gratificante. Y creo que para mí, en mi carrera, ha sido un antes y un después

¿Crees que se ha saldado ya la deuda histórica con las mujeres en el cante? Hubo una época en que se las asociaba solo con ciertos estilos más melódicos y no con el cante jondo.

Desde muchísimos años atrás ya estaban cantando cante jondo las mujeres. Ahí está La Pastora cantando seguirillas, las soleares de La Serneta, las de La Gilita de Marchena… La mujer siempre ha estado. Quizás algunos hayan pretendido que solo éramos cantes melódicos, pero no es así. Por eso en la Antología se refleja la variedad de cantes que han hecho, creado y recreado las mujeres. La petenera la popularizó La Niña de los Peines, no ningún hombre. Eso hay que valorarlo y reflejarlo.

Su hijo Eduardo (Espín) la acompañará a la guitarra. Miguel (Espín) es su representante en la actualidad y Lucía (Espín) acaba de publicar un disco, ‘Un motivo para volver’, producido por Enrique Heredia, El Negri, en el que tú también colaboras. ¿Cómo se vive la carrera artística de los hijos?

Se vive muchísimo. Me implico mucho y me preocupa mucho. Eduardo ya es guitarrista y tiene su vida, hace cosas de flamenco y también más modernas con guitarra eléctrica. Pero viene conmigo porque me gusta mucho cómo me acompaña, y con Salvador Gutiérrez hacen un tándem muy bonito. Y Lucía, mi hija, estará viéndome, viene al camerino, me ayuda… Siempre está muy pendiente. Ella ha sacado un disco muy bonito, compone sus temas y sus letras. No es cantaora ni lo pretende, pero lleva el flamenco dentro.

¿Alguna vez habrías preferido que eligieran otro camino, lejos de la música?

Yo no les he aconsejado nada, ni mucho menos. Los he dejado elegir su camino. Aunque sé que hay profesiones más seguras, yo como artista no puedo cortarles eso. El camino del arte es difícil, el de la música especialmente. Pero Lucía está feliz, y eso es lo que me importa a mí. Que estén contentos y que lo que hagan les guste. Lo demás ya se resolverá.

Este concierto es el arranque de una gira que incluye la clausura de la Bienal de Flamenco de Sevilla. ¿Qué nos puedes adelantar?

En la Bienal llevaré también artistas invitadas: mujeres que cantarán conmigo, de otras generaciones más jóvenes que yo. Haremos cantes diferentes, algunos conjuntamente, como los tangos de Granada. Y habrá algo de baile también. Son todas mujeres las que me acompañarán. Va a ser muy bonito.

¿Hay algún proyecto discográfico en el horizonte?

Ahora mismo no, porque estoy muy centrada en la Antología. Pero quizás dentro de un par de años se me ocurra algo. Tiene que ser algo especial, que lo elija yo. Tengo una idea, aunque prefiero no contarla todavía para que no me la ‘pisen’ [ríe]. De momento, reservado.

¿Qué le diría hoy a la Carmen Linares de 15 años que ganó su primer premio en Radio Madrid?

Con esa edad tenía mucha afición, pero llevaba una vida completamente normal: iba al instituto, no echaba de menos nada. Ya cuando me vine a Madrid tuve que replantearme qué iba a hacer, pero lo tenía muy claro. Nunca, nunca, pude imaginar que iba a tener la carrera que he tenido, el amor del público, que iba a hacer tantas cosas. Ahora miro atrás y me cansa sólo pensarlo. Llevo 50 años cantando como profesional. Son muchos años.

¿Cómo estás a unos días del concierto? ¿Te pones nerviosa todavía?

Siempre me pongo nerviosa. Si hubiera una pastilla para quitarte los nervios, haríamos ricos a sus inventores, porque creo que nos ponemos todos muy nerviosos. Es una responsabilidad enorme salir a un escenario, estar en contacto directo con personas que han ido a verte y quieres expresarles algo, llegarles al corazón. Eso no se consigue siempre. Somos muy exigentes en ese sentido. Pero luego, cuando salgo al escenario y veo que todo va bien, a disfrutar. Y quiero mucho al público, que son los que nos mantienen y los que nos ilusionan para seguir haciendo cosas.

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