Mayte Martín registra en «IN ILLO TEMPORE» veinticinco años de maduración artística

Tras un cuarto de siglo sin grabar un disco de flamenco, la cantaora barcelonesa regresa al estudio con In illo tempore, un proyecto doble que recoge años de maduración artística y de trabajo sobre los escenarios. El álbum reúne repertorio tradicional y un segundo bloque más creativo que la propia artista define como “flamenco entreverao”.

El disco llega como colofón de una etapa larga en la que Mayte Martín ha ido desarrollando su repertorio en directo, afinando matices y dejando que el tiempo hiciera su trabajo. El resultado es una obra que mira hacia las raíces del flamenco sin renunciar a la mirada contemporánea de una artista que nunca ha querido seguir los tiempos de la industria.

“Un disco debe reflejar un cambio de etapa”

Han pasado más de veinticinco años desde Querencia, su último disco de flamenco. ¿Por qué ha tardado tanto en volver a grabar en este terreno?

No era el momento. Por distintas razones no había llegado todavía. Pero también me alegro de que haya sido así, porque todo este tiempo ha hecho que ahora mi voz y mi manera de cantar estén en un punto de madurez que me parece bonito respecto a Querencia. Para mí es importante que los discos reflejen un cambio de etapa, el colofón de un periodo de aprendizaje o de maduración.

“Un disco debe ser el colofón de una etapa artística”

¿Este disco recoge el repertorio que ha ido desarrollando en los directos durante todos estos años?

Exactamente. Son temas muy madurados. En realidad lo que he hecho ha sido registrar y recopilar en un disco lo que he ido cantando durante muchos años en directo. Después de veinticinco años creando espectáculos, trabajando distintos palos y estilos, había mucho material que quería compartir. Por eso tenía que ser un disco doble: no quería que nada se quedara fuera.

Mayte Martín regresa al flamenco discográfico tras 25 años con el doble álbum In illo tempore

Un disco doble: “puro” y “entreverao”

El álbum se divide en dos partes muy diferenciadas. ¿Cómo surgió esa estructura?

Era una forma de organizar el material. Había temas donde la intervención creativa es mínima, que son los que están en el disco Puro, y otros donde hay más elaboración y más juego musical, que están en Entreverao. Como ya tenía claro que debían ser dos discos por una cuestión de duración, decidí dividirlos de esa manera.

¿Qué caracteriza a ese flamenco “puro”?

Es básicamente voz y guitarra. Ahí está el trabajo que llevo años haciendo con el guitarrista José Gálvez. Sentí que la simbiosis a la que habíamos llegado estaba en un punto muy bonito, ni verde ni pasado, y me parecía el momento adecuado para dejarlo registrado.

En cambio, en Entreverao hay más intervención musical.

Sí, ahí entran otras ideas que desarrollé hace años con José Luis Montón. Son creaciones en las que conviven distintos géneros y formas musicales. Ese trabajo lo hicimos alrededor de 2012 o 2013 y llevaba mucho tiempo esperando su momento para ser grabado.

En Entreverao aparecen varios guitarristas jóvenes. Siempre ha tenido buen ojo para descubrir nuevos talentos en la guitarra flamenca. ¿Qué buscaba en ellos para este proyecto?

Bueno, hay gente muy talentosa ahora mismo. A algunos los he ido conociendo en los tablaos, en conciertos, viendo cómo trabajan. Cada uno tiene una personalidad distinta y eso me interesaba mucho para el disco. Es un repertorio complicado, con muchos arreglos y bastante información musical, así que lo que hice fue diversificar: cada guitarrista se centra en determinadas piezas. De esa manera cada uno puede sacar lo mejor de sí mismo sin tener que asumir todo el repertorio de golpe. Al final lo que buscas es que cada músico encuentre su lugar dentro del proyecto y aporte su carácter.

La evolución del cante

Los cantes que interpreta llevan años acompañándola en directo. ¿Cambian mucho con el tiempo?

Claro. Desde la primera vez que canté la guajira Mi mulata de Valderrama hasta la última hay una evolución evidente. La voz cambia con los años: cambia el registro, cambia el color, y tu manera de cantar se adapta a ese nuevo instrumento.

En el repertorio hay palos tradicionales muy conocidos. ¿Cómo se afronta ese legado?

Cuando uno interpreta una obra de algún modo la está recreando también. Es una forma de creación muy sutil y respetuosa. Yo tengo muy presente la obra original y al maestro que la creó. Si hay algo de mí en esa interpretación es porque soy yo, no porque haya querido imponer una impronta personal. Forzar la originalidad suele ser un error.

Raíz y memoria

El título del disco, In illo tempore, remite claramente al pasado.

Sí, porque mi trabajo siempre está ligado a la raíz. A lo más antiguo, a lo más primitivo. Todo lo que hago en el flamenco está muy conectado con ese origen.

¿Cómo se consigue que algo tan arraigado en el pasado suene actual?

No intentando nada. La fórmula es no pretender nada. Cuando tomas algo del pasado y pasa por ti, inevitablemente se transforma. No porque quieras cambiarlo, sino porque eres una persona contemporánea. Eso ya hace que el resultado sea diferente.

El directo como medida de verdad

Escuchando el disco da la sensación de que reproduce muy fielmente lo que ocurre en sus conciertos.

Tengo una regla muy clara: no grabar nunca algo que luego no pueda defender en directo. El estudio puede servir para hacer cosas maravillosas, pero a mí me importa mucho que quien venga a verme no se decepcione.

¿El directo sigue siendo el lugar donde ocurre lo esencial?

Absolutamente. Un disco es siempre la misma interpretación cada vez que lo escuchas. En cambio, un concierto es irrepetible. La interpretación que escuchas esa noche no volverá a suceder exactamente igual nunca.

“No grabo nada que luego no pueda defender en directo”

Flamenco y experimentación

En los últimos años muchos artistas jóvenes están mezclando flamenco con otros estilos, incluso con electrónica o rock. ¿Cómo observa ese fenómeno?

Lo importante no es lo que se haga, sino desde dónde se haga. Si alguien mezcla músicas porque tiene una necesidad artística auténtica, me parece válido. Pero si se hace por provocar o por parecer revolucionario, entonces no tiene valor.

¿Dónde situaría usted la última gran revolución del cante?

Para mí el último revolucionario del flamenco fue Enrique Morente. Después ha habido experimentos, pero una revolución verdadera exige entender muy bien de dónde viene todo.

“El último revolucionario del cante fue Morente”

Una artista independiente

Este disco es también una producción propia.

Sí, desde hace años produzco mis propios trabajos. La obra es mía. Luego la edición y distribución la lleva María Pacheco -Nuevos Medios-, que es una persona con una sensibilidad y una educación musical muy importantes.

¿Es una forma de libertad artística?

Totalmente. Puede que pierdas ciertas posibilidades comerciales, pero tienes el control de lo que haces y estás tranquilo con el resultado.

Aunque su carrera ha transitado por distintos repertorios, el público suele identificarla sobre todo con el flamenco.

Está bien, no me molesta. El flamenco ha sido una constante desde mis comienzos. Pero yo no me autocensuro: si quiero cantar otra música, lo hago.

¿Ha cambiado el público con los años?

Para mi alegría, cada vez veo más mezcla. La gente que viene a verme cantar flamenco luego viene también a escuchar otros repertorios. Cuando te interesa un artista de verdad, te interesa su forma de hacer las cosas, no solo el estilo que esté interpretando.

El cierre de una etapa

¿Este disco marca el final de un ciclo?

Sí, es el colofón de una etapa. Desde Querencia han pasado muchas cosas, tanto a nivel creativo como interpretativo. Una seguirilla hoy pasa por mí de una forma muy distinta a como pasaba hace veinticinco años.

¿Qué significa entonces In illo tempore dentro de su trayectoria?

Es dejar constancia de todo lo que ha ocurrido en estos años. Ahora ese repertorio que el público ha escuchado tantas veces en directo queda registrado y disponible para siempre.

Fotografías: Isabel Camps

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