Yerai Cortés, la guitarra lúdica

Con todas las entradas vendidas, mucha expectación y alguna reserva se esperaba este sábado el concierto en solitario de Yerai Cortés en el Auditorio Baluarte que clausuraba la edición 12+1 del Flamenco On Fire. Pese a la apuesta que viene haciendo el festival por dar protagonismo a la guitarra en su programa, sorprendía lo inusual de una propuesta que coloca en el centro del mayor escenario de Pamplona a un artista joven al que estamos acostumbrados a ver dentro de otros formatos corales.

Consciente del riesgo, Yerai Cortés hizo lo más inteligente: deshacerse de la idea de tratar de mostrarse como un guitarrista de concierto y ofrecer en cambio un espectáculo actual y fresco en el que el foco está más en él que en la guitarra misma.

Tanto el concepto estético de la obra (iluminación, vestuario, escenografía…) como la propia actitud escénica del tocaor, que lo mismo mira fijamente al patio de butacas y lo interpela que invoca grandes silencios, o el discurso musical, donde incorpora grabaciones de ruidos cotidianos y algunas de las frases de sus progenitores que tiene marcada, invitan a establecer un diálogo distinto con el instrumento que lo acerca a nuevos públicos.

El acierto -y la valentía- de Yerai Cortés está en romper con el modo tradicional en el que se presenta la guitarra flamenca y quitarle esa pátina de seriedad para llevarla a un terreno mucho más lúdico en el que no busca sorprender o hacer alarde virtuosismo sino jugar.

Lejos de situarse en la liga de los guitarristas concertistas de su generación, a los que probablemente no alcance ni en técnica ni en la riqueza compositiva o musical, el alicantino se recrea en su sentido del gusto, su capacidad de transmisión y su toque canalla para compartir una guitarra disfrutona, nada constreñida, pensada para ser cantada o bailada y, sobre todo, para enamorar.

De algún modo, en su manera de ralentizar el toque, dibujar las melodías y llevarlas a la mínima expresión (algo que por otro lado recuerda a los guitarristas más antiguos) hace sentir cómodos a los espectadores porque les facilita el lenguaje. Y, al mismo tiempo, forja un sonido que conecta con lo indie, con el pop y con lo contemporáneo.

La suya, por tanto, es una guitarra lúdica y cercana. “Lo que vengo a compartir es esto que hago yo solo en mi casa cuando estoy delante de la guitarra”, reconoció un emocionado Cortés, que agradeció en varias ocasiones el apoyo del público y del festival. “Es increíble el pasaporte que me da la guitarra para conocer gente y lugares maravillosos. Para mí estar aquí solo con mi guitarra es un regalo enorme”, apuntó. El mismo regalo que es para el flamenco que un guitarrista esté llenando teatros allá donde vaya, así que olé.

Fotografías – Susana Girón / Flamenco on Fire

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