Reivindicativa, fuerte y poderosa, Rosario La Tremendita regresaba a la Bienal de Flamenco de Sevilla para estrenar “en casa” su último álbum Menos es más, una propuesta intensa, reflexiva y valiente que la artista ha vivido más como un proceso de mutación personal que como un trabajo discográfico. “Después de mucho transitar hemos llegado a la luz y, para eso, he pasado tres años quitando capas a nivel emocional, social y psicológico”, confesaba.
Tras el éxito con La Kaíta en la pasada edición con un concierto canalla y salvaje, la trianera llegó al Teatro Central con un discurso personal, íntimo y depurado, que reclama el derecho a una voz propia y que es fruto de años de búsqueda, investigación y autoconocimiento.
Desde el apoteósico arranque de la seguiriya Ruido, que paradójicamente es una composición nacida después de cerrar el disco, el concierto se vivió como una celebración del hallazgo que supone sentirse en paz con uno mismo y “ser honesto con lo que uno es en estos tiempos que corren”, reconoció la cantaora.
En un deseo de alejarse de las imposiciones del mercado, de la hipocresía artística, de la mirada castigadora de lo jondo e incluso de la autocomplacencia, La Tremendita elabora un proyecto conceptual y complejo, en el que su herencia flamenca se revela desde los sonidos más contemporáneos, con influencias del rock progresivo, la electrónica, el jazz o el funk, y con el cante por bandera.
Esto es, más allá del ecléctico y sugerente universo sonoro que viene explorando y proponiendo la compositora desde hace tiempo, aquí nos reencontramos con la cantaora en su madurez. Entre otras cosas porque, salvo en alguna intervención puntual, se desprende de sus habituales instrumentos y se apoye en la magnífica y cómplice banda que le acompaña: Juanfe Pérez al bajo, Manuel Reina a la batería, David Sancho a los teclados y Dani de Morón, a la guitarra y en la codirección musical. De hecho, junto a él vivimos momentos especialmente emotivos, como en la soleá Perdiendo el norte, en los que Rosario se refugió en el toque profundo y consciente de un Dani al que siempre queremos escuchar.
En cualquier caso, en este Menos es más La Tremendita pone el acento en la palabra. En la necesidad de alzar la voz frente a las injusticias y cantarle, desde el flamenco, a la libertad, la igualdad y la humanidad. “¿Qué tiene que contar quien no vive?”, se cuestionaba al presentar Sin prisas, una milonga contra “este enemigo de la creatividad”.
De la solemnidad de la petenera La Fan, que cantó con la artista Joana Dark, a la frescura de las bulerías Tremenderías inspiradas en una chuflilla que cantaba su abuela, pasando por la saeta Espíritu firme, el garrotín Libertad o la fragilidad de la canción Más allá de mí te encuentro, la sevillana se mostró -nunca mejor dicho- en estado de gracia, invitando a vivir un contraste de tensiones, entre lo más luminoso y lo más sombrío.
Es cierto que, por su propia complejidad y crudeza, la propuesta precisa de una escucha activa y se hace a ratos difícil de seguir, sobre todo por la oscuridad del mensaje, algo repetitivo. “Ahora voy a cantar la única canción positiva que he escrito en mi vida”, bromeaba ella misma antes de echar el telón con Milele, reconociendo proyectar una imagen equívoca de “mujer atormentada” que “os prometo que no es verdad”, se excusaba.
Intuimos que la que viene será una nueva Tremendita y que, como siempre, será más Tremenda que antes. Ya sin pedir perdón ni permiso.
Fotografías: Archivo fotográfico Bienal de Flamenco @Laura León
