Pellizcos flamencos. Raimundo Amador & Lyn Cortés. Josemi Carmona, Antonio Carmona, Jorge Pardo…

Texto: Isaac Rodríguez
Fotos & video: Rafael Manjavacas

CANDELA VIVA

SUMA FLAMENCO 2012

RAIMUNDO AMADOR

Pellizcos flamencos en Casa Patas
14 junio – 12:30 noche

 

 

Desde el último jueves de mayo, Casa Patas viene programando, en ese día ecuatorial y a las 12,30 de la noche, un ciclo que se vende como “Pellizcos flamencos”. Aquél día actuó Diego Amador; el día 7 de junio, Luis “El Zambo”; y el catorce, Raimundo Amador, de cuyo concierto daremos ahora algunas pinceladas. Queda, para el 21, Mari Ángeles Fernández, con Tomatito hijo; y el 28, cerrando la serie, la hija de Ray Heredia, Triana, con la colaboración especial de Estrella Morente. Un buen programa para una buena morada flamenca.

La sala, tan acogedora como caliente, se llenó hasta los topes la noche de Raimundo Amador. Entre el público se hacían notar, por su número y por su entusiasmo, un escuadrón de guitarristas diletantes y la familia de Ramón el Portugués al completo, con niño incluido. Amén de amigos y forofos incondicionales del guitarrista patanegrero. No vi al japonés. Qué raro.

Comenzó su actuación Raimundo, pelín nervioso, con esa pieza suya tan conocida que se llama Candela, y que trascendería, sin duda, a la cueva del local vecino regentado en su día por Miguel, el bueno de Miguel Candela que en gloria esté. Y tras una rumbita de su sello inconfundible (hoy no estoy pa nadie, / hoy no estoy pa na, / hoy estoy borracho / de soleá), nos obsequió con el primer tema de los tres que rescató del cofre Pata Negra: el que dedica a Camarón, y que hoy cantó con singulares matices su hija Carmen Amador.

Después, la rumbita-bulería Gitano de temporá y dos composiciones más de las que hiciera con su hermano Rafael y que son ya clásicas del tan manoseado nuevo flamenco: Lunático y el blues de la aceituna y la cucaracha. Y con otro blues, el de la Frontera, que incluye la falseta tan efectista del Gastor, terminó su espectáculo ‘en solitario’. Porque, a partir de ahí, ya fue otro concierto, tan bueno como el primero. Pidió que subieran al angosto escenario a uno cuantos amigos que ‘casualmente’ andaban por allí: Josemi Carmona, que llevaba su guitarra en los bolsillos; Jorge Pardo, con la flauta en la oreja, como si fuera lápiz de carpintero; el Paquete, también con su bajañí, como si fuera otro churumbel de la familia; y Antonio Carmona, que como no llevaba nada le sentaron en el cajón para hacer bulto, y compás por lo bajini.

Que nadie piense, por cómo lo cuento, que lo que allí se formó fue una comparsa de fiesta patronal. Qué va. Todo lo contrario: una congregación de lujo para los amantes de la música cabal e imperecedera, de la música con letras capitulares, gigantesca, macanuda, chachipén.

Dos largos temas como dos soles, como dos largos abrazos maternales, fueron suficientes para que se nos cayera la baba disfrutando de tanta golosina: una rumba fecundada de jazz y El lago, aquella famosa canción de Triana que todos hemos cantado alguna vez. Con un esquema de aparente improvisación, cada uno fraseaba a su manera, cediéndose la palabra con un guiño, en falsetas abonadas de duende y fantasía, festoneando la melodía del grupo comanditario. Una fiesta y un festín.

Está claro que Raimundo Amador, y su linaje, sigue dando caña, caña de azúcar. Y mucho gustito pa nuestras orejas. ¡Raimundo foréver!

Video:



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