Alguna vez en la vida, a todas nos llega un momento en el que ajustamos cuentas con nosotras mismas. No pasa una vez, a veces los renaceres son unos cuantos. Ni siempre es a la misma edad ni todo el mundo consigue transitarlos, menos construir con ellos una pieza que mostrar a los demás. Aunque, pensándolo bien, ¿no estamos todas, todo el tiempo, queriendo acercarnos cada vez más a nosotras mismas, buscando una autenticidad que siempre va por delante?
Galería fotográfica por Ana Palma y vídeo
Esta y otras preguntas, con sus mil posibilidades, se plantó Susana Lupiáñez Pinto La Lupi en ‘Lo Inédito’, su último montaje que presentó en la clausura de la trigésima edición del Festival de Jerez. Versiones de ella que, según el nombre del montaje, aún no hemos visto, ni siquiera ella misma. Así que se va directa a los miedos que la atenazan: bailar de amarillo, la petenera, sentirse disociada en el escenario, bailar como una impostora sin conexión con sus adentros… “¿Por qué el público no puede saber que esto pasa en el escenario? Quiero que transiten conmigo todas las sensaciones. Es el momento de transitar esa verdad”.
Así, la malagueña inicia un viaje de conjura en el que usará todos los clichés llevándolos al extremo (incluso al clown). De ello participa el cante potentísimo de Alfredo Tejada, la guitarra del chipionero Antonio González (que además se ha encargado de la composición musical) y la percusión de David Galiano, que remedan un tablao guasón que no echa cuenta al baile y que nos habla de los automatismos, de la no presencia, de “na más el furbo”.
Pero será el bailarín Iván Amaya quien, cual chamán, vaya acompañando y quitando el peso de lo autoimpuesto, de la exigencia asfixiante con que nos martirizamos tantas veces. Primero la peineta, luego el collar, después la peluca, finalmente el vestido y la bata de cola. Todo fuera, incluso los movimientos casi robóticos, para quedarse la boquerona casi como vino al mundo hace 54 años. Pero Amaya no solo sostiene la transformación de Lupi, sino que danza maravillosamente libre y regaló momentos de brillantez dancística, mostrando ser gran conocedor de las medidas y compases flamencos sin perder sus maneras.
En el montaje, estrenado en 2025 en la Bienal de Arte Flamenco de Málaga, hay pasajes que podrían resolverse en menos tiempo contando lo mismo, es cierto, y esto hace que a veces cueste seguir el hilo de Lo Inédito. Y también lo es que conforme vamos llegando al final se acelera la mutación y vemos a una Lupi, ya despojada del invento, ocupar el espacio más tierna, más auténtica. Parece decir, “ya me habéis visto desnuda, ¿no? Pues ahora ya soy libre”, sensación que va in crescendo hasta la confesión, uno de los momentos culminantes donde parece recitar un poema que es un desahogo, una revelación y se cuenta a sí misma con el enorme carisma que la caracteriza.
Pero para clausurar el certamen jerezano aún faltan momentos de intensidad. Un paso a tres con Amaya y Miguel Ángel Corbacho, donde sellarán un precioso juego de mantones con sus lenguajes en comunión en un arrebato de armonía antes del clímax final. Y todo esto pasa con un contexto ideado y puesto en pie por el director de escena y a cargo de la dramaturgia Alberto Velasco, un perfil polifacético con el que la bailaora ha contado alejándose de lo habitual.
Susana, que en su confesión decía que un día Lupi se la comió, se acerca al tablón donde reposan los elementos que ha ido dejando atrás, vierte la gasolina con rabia ritual y va en busca de la caja de cerillas. Con fondo metalero, ella mira gamberra y solemne a un público al que le faltó la llamarada. El despojo queda flotando en el ambiente, listo para arder en nuestra imaginación, y con la sensación de que Lupi ha renacido desafiante y completamente suya.
Qué buena antesala para el #8M.
Galería fotográfica Ana Palma y vídeo – Especial Festival de Jerez 2026
