La pretensión mató al piano

Abdón Alcaraz - Con-cierto flamenco

Abdón Alcaraz - Con-cierto flamenco

Ficha artística. Nombre: Con-Cierto flamenco para piano y orquesta. Elenco. Piano: Abdón Alcaraz. Orquesta Sinfónica de Cartagena dirigida por Paco Suárez (Director de la European Roman Symphonic Orchestra). Artista invitado: Salvador Martínez. Cuadro Flamenco. Cante: Verónica Sobrinos. Percusión: Miguel Ángel Orengo. Saxo soprano y alto: Gautama del Campo. Bajo eléctrico: Antonio Peñalver. Saxo alto y tenor: Carlos Tin. Baile y palmas: Loles Souanz y José Luis Navarro. Coral Myrtea y Coro de la Tuna de Medicina de Murcia. Fecha: Viernes 22 de febrero. Lugar: Teatro Romea de Murcia. Ciclo: Cumbre Flamenca de Murcia. Aforo: Casi lleno.

Sara Arguijo

Su inquietud musical, su toque pasional y su talento natural situó pronto al compositor y pianista Abdón Alcaraz como una de las grandes promesas del flamenco murciano cuando hace ya casi quince años trabajaba y vivía en esta tierra y era habitual verlo improvisar en pequeños recitales donde destacaba su creatividad, su virtuosismo y su mirada fresca. Después vino el espaldarazo de La Unión, con el Filón al mejor instrumentista flamenco en 2010, y otros reconocimientos de la crítica y del público.

Por eso, tenía ganas de reencontrarme con el artista y ser partícipe de su evolución en este Con-cierto flamenco para piano y orquesta que ha estrenado en su tierra en la Cumbre Flamenca, el ciclo jondo más sólido de la región con 26 ediciones a sus espaldas. Pero, a pesar de que seguimos viendo en él todo aquello que nos llamó la atención en sus inicios, nos costó vislumbrar un camino certero en su búsqueda por lo pretencioso de una propuesta incoherente en la que Alcaraz quiso demostrar demasiadas cosas sin interiorizar ninguna.

Así, arrancó con una eufórica introducción de sus composiciones flamenco/jazzísticas, en las que lució su potencial y supo crear un ambiente natural en absoluta sintonía con sus músicos, poniendo desde sus teclas la intensidad precisa. El frenesí en diálogo con la sensatez del bajista Salvador Martínez y el pellizco y la jondura del saxofonista Gautama del Campo (de lo mejor de la noche). Pero a partir de ahí se fueron sumando elementos que cada vez nos iban alejando más del discurso del murciano. Siguiendo a este comienzo el concierto propiamente dicho, desequilibrado y caótico, y dos piezas más de su álbum Reikiavik que completaban dos horas a todas luces innecesarias.

Dicho de otro modo, Abdón Alcaraz dejó interesantes y vibrantes momentos en lo musical pero le faltó contención, sobriedad, gusto y una dirección artística que pusiera orden y elegancia a una idea sobrecargada. En este sentido, no acompañó ni la desordenada disposición escénica, con un cuadro flamenco siempre en primer plano sin necesitar este protagonismo, ni la iluminación (las luces enfocaban indistintamente al público y al escenario), ni desde luego el exceso de artistas y elementos que intervinieron -¡hasta una tuna!.

Además, nos cuesta entender en un artista ambicioso que presenta un proyecto de tal envergadura dentro de una programación flamenca la intervención de un cuadro a todas luces amateur. En especial con una cantaora desafinada que lejos de aportar el dramatismo o la emoción necesarias a las melodías nos sacaba por completo de las mismas (hay que saber cantar por tonás, cantiñas o verdiales pero también saber qué significan).

En definitiva, lo que quedó en evidencia es que el atrevimiento no es per se una virtud y, de hecho, puede tornarse en osadía cuando desde el patio de butacas se percibe como única intencionalidad el triunfo. Sobre todo porque para ganarse la credibilidad del público hay que mirarse mucho a uno mismo. Y porque en el artificio no está la verdad.

 

 

 

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