Kiki Morente & Tomatito hijo 'Nacencia' – Festival SUMA FLAMENCA

Texto: Pablo San Nicasio
Fotos: Rafa Manjavacas

El flamenco y sus linajes

23 de junio 2012 – Teatro de la Abadía – Madrid

Tomatito hijo: guitarra. Cristóbal Santiago: guitarra. Juan Carmona: percusiones y palmas. Antonio Carbonell: cante. Montoyita: guitarra. Kiki Morente: cante. José de Motril y Monty: guitarras. Popo: baile y palmas. Yelsi Heredia: Contrabajo

En el arte flamenco, como en todo y aunque a veces nos pese, existen casas, castas y estirpes. Son como los palacios o las casas solariegas. Con lugares comunes, salas de estar, lujosos salones, jardines. También con despensas, baños, cuartos de invitados y mayor o menor gusto en las decoraciones y distribución. Patrimonio que se hereda y que debe cuidarse so pena de caer en el despilfarro o la fundición de cuartos (no de cabales). Es el paso de las generaciones el que determina la curva del éxito, Y sobre todo el trabajo, la calidad de sus resultados y el saber estar. Debe de ser una dura pero a la vez excitante responsabilidad pertenecer a una de estas castas flamencas y tener que llevar hasta en la ducha esa bandera. Linajes que en su día surgieron de la nada, de la cuna, la genialidad o de la suerte, que de todo hay. Linajes que con el tiempo se suceden, nacen, se reproducen…

Día clave en la Suma porque se daba el dudoso pugilato (por desigual) entre flamenco y fútbol. Prueba de fuego para la programación, otra más, donde los jóvenes debían tirar del carro y que el mes no decayese.

Y, francamente, resulta meritoria la más de media entrada de La Abadía mientras los bares ondeaban sin descanso la rojigualda. Sobre el mantel un menú degustación de propuestas almerienses y granadinas. Con acento familiar y casi adolescente pero, vista la oportunidad, con visos de ser más apuesta de futuro que juego de niños, aunque a veces pudiera parecerlo.

Tomatito hijo llegó sonriente, mucho más que su padre días atrás y ofreció un variado, potente y solvente recital clásico de guitarra flamenca. Clásico porque por abrumadora mayoría las falsetas que salieron de sus manos no eran suyas, pero no importa, nos lo esperábamos. Había material de su padre, Paco de Lucía, Sabicas, armonías y ecos “vicenteros” y sobre todo Niño Miguel. La recreación del Vals flamenco de su lejano pariente fue un ejercicio de teletransporte. Estupenda versión junto a Cristóbal Santiago que nos hizo ver a don Miguel Vega de la Cruz como hace treinta años. Porque, además de ser como dos gotas de agua, el hijo de Tomatito recreó perfectamente la esencia de una obra más difícil que aparente, y vaya que lo es. Justo entonces marcó España, qué cosas.

Disfrutó tocando y nosotros viéndole. Tanto que vamos a querer seguirle. Puede que haya guitarrista.

Antonio Carbonell se unió a la fiesta con Montoyita. Para ofrecer un recital breve pero variado. Comprometido y escueto. Sin las prestaciones de una gran figura pero muy en su papel, cumpliendo su cometido de la noche y con momentos destacadísimos en la malagueña de Chacón inicial y en la poderosa cartagenera siguiente.

Y Kiki Morente. Suponemos que al estar al final del concierto se le reservó la condición de figura de la noche. Y no tardó en agradecerle al “tío Juan” (Verdú) la oportunidad con mayúsculas que eso suponía para él.

Con su hermana Soleá abrieron evocando al siempre presente Enrique. Al ruedo.

Porque se encerraba con siete cantes y una rumba que hizo de sobrera en Madrid. En un tono medio general, con el soporte del bagaje y las enseñanzas paternas, José Enrique Morente debutaba en una Suma Flamenca con buenas intenciones cantaoras, variedad, equipo y hasta colaboraciones estelares en las instrumentaciones. Todo era un regalo del cielo. A donde miramos todos al final. Cada uno pensando una cosa, pero siempre con Don Enrique Morente sobrevolando.

Ofrenda generosa también por parte del chaval, cantes largos, pero con aún lagunas en la fibra, en la garra. No vale solo gesticular. A pesar del innegable calor de su gente, le queda recorrido al menor de los Morente para reclamar el sitio que, puede, algún día visualice.

Aún así la noche no decayó y hasta hubo redaños para convocar de nuevo a Tomate hijo y reubicarnos de nuevo. Era el espectáculo “Nacencia”, pues eso. Aún queda.

 


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